16 mayo, 2021

La Biblia del oso

Jeremías Ramírez

En las iglesias cristianas evangélicas es común ver que la versión de la Biblia que la mayoría utiliza es la Reina Valera, pero de ellos casi nadie se sabe cuál es su historia, es decir, cómo fue traducida, qué tantos sacrificios se tuvieron que realizar para que llegara a sus manos.

            Yo, como lector de asiduo de la Biblia, había investigado un poco al respecto, pero no logré saber el enorme trasfondo que esta Biblia tiene. Sólo descubrí que esta versión tiene su origen en la conocida como “Biblia del Oso”, porque los primeros ejemplares tenían un grabado en la portada donde se ve un oso tratando de alcanzar un panal de miel.

            Cuando descubrí que acababa de ser publicado un libro sobre el traductor de esta Biblia: Casiodoro de Reina, tuve interés en leerlo, y más aún cuando supe que este libro lo había escrito un amigo mío: Carlos Martínez, investigador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano, articulista del periódico La Jornada y de la revista Protestante digital.

            El libro se titula:  Casiodoro de Reina traductor de la Biblia del Oso publicada en 1569”.

            El motivo de la publicación era celebrar los 450 años de la aparición de la Biblia del Oso y los 500 años del nacimiento de su traductor.

            Tan pronto me llegó, me interné en sus páginas y pronto advertí que ese mundo donde se gestó la traducción de esta Biblia me era completamente desconocido. A medida que avanzaba me pareció internarme en un territorio oscuro, terrible, escabroso, como en un cuento de horror de Edgar Allan Poe. Recordemos que El pozo y el péndulo justamente se ubica en tiempos de la Inquisición española.  

Y es que yo nada sabía sobre la reforma protestante en España, pues como la mayoría de los evangélicos latinoamericanos creía que somos hijos del Reforma Protestante europea iniciada por Lutero en el siglo XVI, continuada por Calvino, Zwinglio y muchos más, que generó un movimiento que convulsionó Europa y que dividió la monolítica iglesia católica. A ese movimiento de ruptura se le conoce como Cisma de occidente, y que dividió a la Europa en católicos y protestantes.

            Los evangélicos latinoamericanos evangelizados por misioneros anglosajones sentimos que nuestras raíces espirituales están justamente en ese movimiento reformista europeo y que nada nos liga con España en donde la Reforma protestante europea no logró entrar, sin considerar que nuestra Biblia surge de la Reforma Protestante Española.

            Y este es uno de los grandes aportes de este libro de Carlos Martínez pues viene a iluminar con luces potentes ese momento histórico que permitió que una Biblia, la que mayor influencia tiene sobre los evangélicos hispanoparlantes, llegará a ser la Biblia que nos identifica.

            Antes de entrar en materia hay que tomar en cuenta algunas cuestiones históricas. En primer lugar, hay que considerar que esta convulsión religiosa se dio en un contexto de cambio y apertura que se le ha denominado “Renacimiento”, y que estalló en el siglo XV, es decir, de 1400 a 1500.

            Si bien el Renacimiento fue un movimiento que empezó a gestarse varios siglos antes, es en este “Cuatroccento italiano” que se desborda: se redescubre a los escritores griegos, el arte rompe sus paradigmas, surge la cartografía que permite la exploración geográfica que culmina con el descubrimiento de América, resurgen los bancos como un motor de desarrollo, se detonan las ciencias (Da Vinci inventa sus máquinas fabulosas), y surge el humanismo. En suma, hay un hambre de conocimientos, cuya sed viene a satisfacer la imprenta que Gutenberg que desarrolla hacia 1440, pues se acelera la reproducción de libros que antes de este invento se realizaba a mano.

            En el terreno espiritual también hay un ansia de ampliar los horizontes y estas ansias de oxígeno espiritual eclosiona desde en el interior de la iglesia católica, pues esta revolución se enciende en los monasterios. Lutero era un monje agustino. Y los reformadores españoles, monjes jerónimos. Sus conocimientos de latín, griego y hebreo, además el acceso a las escrituras en latín dentro de sus conventos, les permiten acercarse a las escrituras, analizarlas y descubrir que los postulados de la iglesia no concuerdan con el texto bíblico.

            Pero a diferencia de lo que sucedió en el mundo secular en el que los mecenas, los burgueses, los reyes y príncipes, se convierten en los patrocinadores de ese despertar intelectual y estético, en la iglesia sucede lo contrario: se desata una feroz persecución en contra de quien osa cuestionar el sacro imperio católico.

            Muchos reformadores pagaron con su vida antes de que apareciera Lutero. Y en España sucede lo mismo.

            Carlos Martínez, en su libro, tiene a bien, antes de contarnos cómo se lleva a cabo la traducción de la Biblia por Casiodoro de Reina, detallar ese contexto reformista español que se suscita de manera independiente a la reforma de Lutero o Calvino, y quienes fueron sus protagonistas.

            Digno de una novela de intriga y suspenso, nos va narrando los peligros, las dificultades, las acusaciones, la persecución, los encarcelamientos, las torturas y la muerte en la hoguera de estos valientes reformadores que buscaban divulgar las verdades que estaban escritas en la Biblia, pues para ellos una forma de mostrar fidelidad y amor a Dios era luchar para que el pueblo católico pudiera salir de las tinieblas de la ignorancia atroz que los impulsaba a llevar una vida miserable y sin esperanza.

            El poder religioso en turno sabía que de abrirse las ventanas a la verdad su posición de poder se volvía vulnerable. Entonces, cerrando filas con las autoridades civiles entablan una feroz persecución dentro y fuera de España.

            Tanto Casiodoro de Reina como sus amigos monjes, que estaban empeñados en divulgar las verdades evangélicas a toda costa, incluso a riesgo de sus patrimonios, de sus familias y de sus vidas, tuvieron que huir de España para seguir traduciendo y divulgando las escrituras. Haber huido de España no los salvó a algunos de que la larga y siniestra mano de la Santa inquisición los alcanzara. De hecho, no había país alguno donde realmente estuvieran a salvo, ni siquiera en las Américas, continente recién descubierto.

            Carlos Martínez dedica Largos pasajes a detallar esta difícil y peligrosa etapa. Luego se da a la tarea de contarnos la historia de los traductores que pusieron en español partes importantes de la Biblia, antes de que Casiodoro de Reina pudiera hacerlo de toda la Biblia y en un solo volumen. Casi todos los se involucraron en traducir y divulgar la palabra en español murieron en la hoguera, pero ahí, ante el suplicio nos dieron una lección de fidelidad a Dios, pues con una determinación férrea, siguieron sosteniendo su postura de amor a Cristo y a su evangelio cuando las llamas los estaban abrasando.

            En seguida nos narra la persecución y acoso que sufrió Casiodoro de Reina en su propósito de traducir la Biblia, persecución que se inicia desde que abandona el monasterio de San Isodoro de Campo Santiponce, en Sevilla, y que jamás cesa en su tránsito por diversas ciudades europeas: Ginebra (donde comandaba la iglesia Calvino), Basilea, Inglaterra… sin hallar reposo y tranquilidad para llevar a cabo su labor de traducción. Prácticamente nunca encontró un clima apacible para ello, y teniendo encima la pobreza, y las enfermedades. Pero, además, no sólo sufrió en acoso de la corona española y de la Santa Inquisición, sino también de la iglesia reformada, como la de Calvino, lo persiguió y en Inglaterra, fue acusado de Sodomía y sometido a juicio, un largo y penoso juicio del cual salió absuelto.

            Es evidente que la mano protectora de Dios estuvo con él para que tras doce años de penosa labor finalmente lograra su cometido: completar la traducción de la Biblia al español. Y finalmente, en setiembre de 1569, se imprimieron, en Basilea, bajo los servicios del impresor Tomás Guarin, 2,600 ejemplares y “apareció en el mercado en el otoño en la Feria de Frankfurt”.

            Casiodoro de Reina que creyó que no lograría en vida ver este momento culminante; por la gracia de Dios, no sólo vio culminado su trabajo, sino que aun pudo vivir 25 años más. Murió en 15 de marzo de 1594, en Fráncfort del Meno, Alemania.

            Para cerrar este vibrante documento de investigación, Carlos Martínez tiene a bien terminar su investigación con una semblanza de la presencia de la Biblia del Oso en algunos escritores mexicanos, como Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, David Toscana, entre otros, que admiraban el lenguaje poético de la Biblia Reina-Valera, 1909.

            Y culmina con dos capítulos importantes: el prefacio del traductor español a la Sagrada Biblia, es decir, el texto de presentación de la Biblia escrita por Casiodoro de Reina. Es una joya en el que analiza la visión del profeta Ezequiel y le da una interpretación para llamar a los príncipes de ese entonces a defender las verdades cristianas y apoyar la divulgación de la Biblia en lenguas vernáculas.  Y además, este libro incluye la “Amonestación del Intérprete de los sacros libros al lector y toda la iglesia del Señor, escrito por el mismo Casiodoro.

            Casiodoro de Reina traductor de la Biblia del Oso publicada en 1569”, es un dechado de investigación documental profundo, pues no hay un solo dato que no se soporte precisamente en la investigación a profundidad. La cantidad de materiales a los que echó mano Carlos Martínez son muchísimos, lo que nos hace deducir que para realizar este trabajo tuvo que invertir muchas horas de análisis, investigación y cotejación de diversos materiales, para lograr un documento sólido, bien fundamentado, con un enorme rigor académico y de investigación, que lo convierte en un referente confiable para los estudiosos de la historia de la iglesia de la Biblia en su contexto histórico.

Es un libro imprescindible para conocer con cuántas lágrimas, sangre y sufrimiento nos llega la bendición de la Palabra de Dios en español. Leer este libro es una forma de honrar la memoria de los héroes que pagaron con su vida que podamos tener la palabra de Dios en nuestro idioma.

Vaya pues en este breve articulo mi reconcomiendo y agradecimiento a Carlos Martínez por esta labor que hoy podemos beneficiarnos y salir bendecidos.

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