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Por Pablo Hiriart
 
Estamos contaminados por culpa de la demagogia.
Hay 600 mil coches más que comenzaron a circular todos los
días debido a una resolución equivocada de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación.
Llevamos tres días respirando veneno, con dolores de cabeza
y recomendación de no salir a la calle porque hay demasiados coches en
circulación.
Al mismo tiempo que la Corte autorizó, desde el 2 de julio
pasado, que todos los coches pueden circular sin importar de qué año son, en la
Ciudad de México se realizan 12 megaobras con el consecuente hacinamiento
vehicular.
El tráfico y las obras nos ahogan. Eso explica el pésimo humor
que nos aqueja y la tendencia a verlo todo mal.
Dice la Comisión Ambiental de la Megalópolis que la
contingencia se ocasionó por una intensa radiación solar que ha provocado
fuerte concentración de ozono.
Que no nos cuenten. Tenemos los días más contaminados en 14
años y en ese periodo han habido radiaciones solares intensas en muchas
ocasiones.
La crisis ocurrió ahora y no antes, cuando hay más de medio
millón de coches adicionales que transitan por las arterias de la ciudad.
Esta contingencia ambiental, única en 14 años, es producto
de la radiación solar combinada con la contaminación que producen 600 mil
coches más que se metieron a circular por obra y gracia de la demagogia.
El jefe de Gobierno había impuesto medidas más restrictivas
a la circulación vehicular y la Corte las consideró violatorias al artículo 1
de la Constitución, pues “establece un criterio de distinción no justificable
respecto de personas que se encuentran en idénticas condiciones”.
Por defender el derecho de una minoría, la Corte desatendió
el interés general y nos tiene, a automovilistas y peatones, respirando un aire
sucio por exceso de ozono.
Es el problema del populismo judicial: se erigen como
defensores de los dueños de coches viejos (a quienes se les prohibía circular
únicamente un día a la semana), y dan al traste con la calidad del aire que
afecta a absolutamente toda la ciudadanía.
La demagogia es un mal que cobra muy rápido. Y lo estamos
padeciendo con una contaminación que nos aplasta después de haber tenido un par
de mañanas espléndidas, gracias a la generosidad de la naturaleza con los
habitantes del Valle de México.
Ahora cualquier coche que pase la verificación puede
circular todos los días. En teoría suena bien, pero no se corresponde con la
realidad que vivimos en la metrópoli.
Muchos verificentros se han convertido en cotos de
corrupción pues hay que pagar para pasar, en caso de que el vehículo no pase el
examen. “Aquí pasa por que pasa”, dicen algunos letreros a la entrada de esos
talleres.
Así vemos en las calles a microbuses, autos viejos y
camiones que sueltan verdaderas ráfagas de contaminantes por sus escapes, pues
‘pasaron la verificación’.
Es urgente que la Corte revise su sentencia, pues afecta a
la mayoría en beneficio de una minoría, y por esa demagogia judicial nos tiene
a todos respirando mierda.
Twitter: @PabloHiriart

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