Mar. Sep 29th, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

La evaluación del evaluador

4 minutos de lectura

Por.-Pedro Salmerón Sanginés

La campaña permanente y estridente de los voceros del
régimen y los poderes fácticos contra el magisterio rebelde, reduce la
oposición militante a la mal llamada reforma educativa a dos enunciados
falaces: a) los profes defienden sus privilegios, y b) los maestros se niegan a
ser evaluados.
Hablemos, pues, de evaluaciones. Estamos dejando pasar un
tema de primordial importancia: el principal impulsor público, formal,
mediático de esa reforma y de la evaluación punitiva que la acompaña, Enrique
Peña Nieto, cometió la peor trampa posible (fraude o robo, que se llama plagio)
en la más importante de las evaluaciones a que se sometió en su vida
profesional. La peor trampa, la más inaceptable, causal de expulsión en
cualquier universidad, causal (ya hay precedentes) de que le sea retirado el
título obtenido, causal en otros países de renuncia o despido de cargos
públicos (incluso, aquí mismo hay precedentes). Trampa que incluso configura un
delito, como mostró Luis Fernando Granados.
He corroborado el plagio. Es tan flagrante y de tal magnitud
que sólo puede ser minimizado por quienes están obligados a defenderlo por
encima de lo que sea (como Aurelio Nuño, José Antonio Meade o el desvergonzado
magistrado Eduardo Alfonso Guerrero, director de aquella tesis) o por quienes
desconocen qué es una tesis. Cuando el mismo Peña dijo (en un acto mediático de
cara a las teleaudiencias, magníficamente analizado por Bernardo Ibarrola),
trastabillando entre frases que parecían memorizadas, Nadie puede decir que
plagié mi tesis, hace a un lado a las decenas de analistas y los cientos (miles
ya) de académicos universitarios que ya hemos corroborado y condenado el plagio
de diversas maneras (aquí un ejemplo).
Muchos analistas han refutado también su pueril pretexto
(que parece haberle sugerido el magistrado Guerrero), según el cual, en 1991
solían perderse las comillas y las referencias en la transcripción del
manuscrito de tesis a la versión mecanografiada y de ahí a la imprenta… como si
los académicos no hubiésemos revisado tesis anteriores a 1991; como si muchos
analistas no hubieran defendido sus tesis antes de 1991.
Todos los críticos de la tesis en cuestión tienen razón y se
quedan cortos, como corto se queda el volumen o porcentaje de párrafos
plagiados documentado por Aristegui… pero antes del análisis cuantitativo
quisiera ir al cualitativo. Empecemos con la Semblanza biográfica del general
Álvaro Obregón (páginas 88-96 de su tesis), donde Peña plagia a un autor,
Alberto Morales Jiménez (Hombres de la Revolución Mexicana, México, Inehrm,
1960, pp. 183-191), sin añadir una palabra de su cosecha (ni entrecomillar ni
referir a pie de página, señor magistrado Guerrero) de la página 88 a la 91; y
entreverando ese plagio con el de otras dos obras a partir de esa página. Al
final, tras plagiar palabra por palabra nueve páginas enteras, menciona al pie
dos de los tres textos plagiados, en flagrante violación de las reglas elementales
de cualquier trabajo escolar de un estudiante universitario, no digamos de una
tesis.
Peña omite cualquier referencia a los historiadores críticos
de la Revolución Mexicana. Presenta a su personaje central plagiando
fundamentalmente a un autor que comulgaba con la visión priísta: una historia
lineal, que elimina el conflicto y la pluralidad y conducen los grandes
hombres, las individualidades señeras que emergen de tanto en tanto, empujando
al progreso a un pueblo emotivo, sentimental, traumado….
Si plagió palabra por palabra, ¿aparece Peña en alguna
parte? Quizá: en la selección de los autores que plagió (insistiremos en ello)
y quizá también, en los párrafos que no plagia. Así, en este primer fragmento
seleccionado, encontramos líneas de Morales Jiménez que Peña omitió en su
transcripción (plagio) literal: a) tan vigorosa era su personalidad que el
clero creyó que suprimiendo su vida, como lo hizo el fanático José de León
Toral, mataba a la Revolución (cinco páginas después Peña vuelve a suprimir el
adjetivo fanático, aplicado a León Toral); b) suprime el pasado de Obregón como
herrero, mecánico, molinero; c) elimina la referencia a Regeneración, periódico
de los Flores Magón; d) elimina la autocrítica, en que Obregón, con singular
franqueza confesaría sus debilidades y errores (dice Morales Jiménez); e) omite
la referencia a la crónica de Djed Bórquez (Juan de Dios Bojórquez) que lo
hubiese obligado –horror– a citar a pie de página, y f) suprime un retórico
elogio de Pancho Villa “guerrillero divino… todo un general por los cuatro
costados”.
Al plagiar, se pintó de cuerpo entero como un joven
refractario a la normatividad universitaria, a la ética y a la honestidad… de
verdad, este hombre, que plagió su tesis, que hizo trampa en la evaluación
académica más importante de su vida, ¿pretende imponer a otros una evaluación
punitiva?
Twitter: @HistoriaPedro

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