Sáb. Sep 26th, 2020

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“La explotación humana”

Santiago
Heyser Beltrán 

Cuando nací, ya todo tenía dueño. –Anónimo-

R- Guau, mi Santias, ¿me dejaste pensando todo el fin de semana con tu artículo sobre las tierras comunales.

S- Es de sentido común, perro, que todo ser humano y en particular todo ciudadano mexicano, ante la igualdad que dicta la Constitución Política, tenga el derecho mínimo de mantenerse, de tener para comer o más amplio: el derecho a una vida digna; entendida esta como el acceso con el fruto de un trabajo de ocho horas a: Alimento sano y suficiente, servicios de salud de calidad, techo, ropa, educación de calidad, deporte, cultura y diversión y muy importante, tiempo de ocio; es al descansar, al divagar, al soñar que las personas subliman su humanidad,… imaginan, fantasean, innovan, inventan, es decir, es durante el tiempo de ocio que la mente de las personas se humaniza y eleva más allá del instinto para dotarles de los pensamientos que le permiten cumplir con la cita bíblica: «Y bendíjoles Dios, diciendo: «Creced y llenad la tierra, y enseñoreaos de ella y dominen a los peces del mar, y a los volátiles del cielo, y a todo ganado, y a toda la tierra y a todos los reptiles que reptan sobre la tierra».» Génesis 1:28

¡Entendamos!, ¿cómo van los pobres a cumplir la cita bíblica si ya todo tiene dueño?… En un principio, la tierra era de todos y todos vivían en paz, la lucha para sobrevivir era contra los depredadores, el frío, el rayo, las enfermedades y el fuego no controlado; para hacerlo el hombre se unió, solo no podía defenderse del Tigre o cazar al Venado o al Mamut, por eso el hombre de manera natural es un ser sociable, por eso el ayudarnos, el ser solidarios, el sentirnos prójimo es parte de nuestra esencia;… en un principio no existían la avaricia, el celo, la envidia; cada uno aportaba sus habilidades, conocimiento y capacidades para ayudar en la tribu, en la comunidad y a la familia y todos cuidaban el entorno, el bosque, la tierra y el agua, eran su sostén, eran la base de la vida… Cito de su artículo «Tierra» a Ricardo Flores Magón: «…Tampoco tenía dueño la tierra cuando más adelantada la humanidad en la dolorosa vía de su progreso llegó al periodo pastoril: donde había pastos, allí se estacionaba la tribu que poseía en común los ganados. El primer dueño apareció con el primer hombre que tuvo esclavos para labrar los campos, y para hacerse dueño de esos esclavos y de esos campos necesitó hacer uso de las armas y llevar la guerra a una tribu enemiga. Fue, pues, la violencia el origen de la propiedad territorial, y por la violencia se ha sostenido desde entonces hasta nuestros días.»

Imaginemos al que nace pobre, sin tierra, sin educación, sin capital para poner un negocio; no puede sembrar, pero tampoco puede cazar, ya no hay praderas libres, el conejo está detrás de las bardas, del alambre de púas, de la albarrada, el faisán y el venado otrora alimento indígena y de reyes mayas están en peligro de extinción, nos hemos acabado su hábitat además de asesinarlos impunemente; hemos contaminado los ríos, lagos y lagunas donde bebían además de estarlos azolvando y secando al acabar con el ciclo de restitución al talar los bosques, cambiar cultivos y alterar la composición química del agua con nuestros desechos.

¿Qué opciones tiene el pobre de nuestra historia?, ¿delinquir, perecer, prostituirse o ser esclavo dentro de un modelo de explotación humana que bajo la figura de trabajo subordinado busca ser competitivo reduciendo costos, bajando salarios, abusando del débil o desamparado?; un modelo que en lugar de educar a la ciudadanía para ser hombres y mujeres libres, les capacita para servir al capital, para ser obreros y empleados que se «rentan» a cambio de un salario que les da para sobrevivir mientras son productivos, pero que es insuficiente cuando se declina, cuando se envejece, cuando dejas de servir porque lo aprendido es obsoleto. Vuelvo a citar a Flores Magón: «Al pertenecer la tierra a unos cuantos, los que no la poseen tienen que alquilarse a los que la poseen para siquiera tener en pie la piel y la osamenta. La humillación del salario o el hambre: éste es el dilema con que la propiedad territorial recibe a cada nuevo ser que viene a la vida; dilema de hierro que empuja a la humanidad a ponerse ella misma las cadenas de la esclavitud, si no quiere perecer de hambre o entregarse al crimen o a la prostitución.» Aterra constatar que lo escrito en 1910 sigue vigente ¿Y el humanismo del siglo XX? ¿Y la tecnología y modernidad de los últimos años? ¿Y la búsqueda de la justicia por la que se vertió sangre durante la revolución mexicana? ¿Y la Iglesia Católica? ¿Y los líderes políticos y sociales? ¿Y los gobiernos humanistas?… Creo respetuosamente que es el momento de hacer un alto para, como República, como sociedad, como Nación libre y soberana, revisar el camino andado y sin duda corregir el rumbo para reconstruir una República (hoy hecha pedazos por malos gobernantes y un pueblo apático y mendaz) en donde cada mexicano pueda, insisto, acceder a una vida digna con el fruto de un trabajo de ocho horas… Así de sencillo.

Un saludo, una reflexión.

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