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 Pablo Hiriart
Cuesta
trabajo entender que un profesional de la estatura técnica y humana de Agustín
Carstens renuncie al Banco de México porque tiene otra chamba mejor.
¿Irse ahora
cuando viene la presión y los efectos de un gobierno populista de derecha en el
norte, y se ve en el horizonte la posibilidad de un gobierno populista de
izquierda en México?
Me voy
porque me ofrecen el Banco de Pagos Internacionales.
El Banco de
Pagos Internacionales, adonde se va en octubre, es ‘el papá’ de los bancos
centrales del mundo y es un gran mérito que el gobernador del banco central de
un país emergente sea designado como presidente.
Pero dejar
el país y al Banxico cuando aún faltan cinco años para que termine su periodo y
los tiempos que se vienen se prevén extremadamente complicados, debe obedecer a
razones muy poderosas.
Los
especialistas en economía y finanzas en este periódico explicarán mejor las
implicaciones de la salida de Carstens del Banxico, pero no deja de haber una
interrogante política enorme ante su inesperada decisión: ¿por qué ahora?
Porque fue
ahora cuando le ofrecieron la presidencia del Banco de Pagos Internacionales.
Sí, es cierto, pero eso no basta. O no parece bastar.
Se va a
especular que salió por una mala relación con el secretario de Hacienda, José
Antonio Meade.
Lo anterior
no es cierto y a muchos nos consta. La relación personal es espléndida.
Puede haber
quienes digan que entre Carstens y Luis Videgaray había diferencias fuertes
sobre el manejo de la deuda y su acelerado crecimiento. En efecto, las
diferencias existían, pero no sabemos si podían llegar al extremo de una
ruptura entre esos dos profesionales.
En todo caso
la salida de Carstens se hubiera dado cuando Videgaray estaba en Hacienda y no
ocurrió así.
Además, el
exsecretario ya no está en el gobierno. No es por ahí.
¿Por qué se
fue Carstens entonces?
Es bien
conocida su proclividad al mundo financiero internacional, allá estuvo, e
incluso desde el Banco de México compitió por ser director gerente del Fondo
Monetario Internacional, y ahora se le presenta la oportunidad de encabezar a
una de las tres instituciones financieras más importantes del mundo.
Sin embargo,
se va cuando viene Donald Trump.
Cuando el
peso se tambalea arriba de 20 unidades por dólar.
En el
momento en que vienen presiones inflacionarias que hace décadas no conocíamos.
Carstens
hizo un gran papel en el Banco de México, pues mantuvo la inflación abajo del
tres por ciento. Brillante.
La
especulación va a ser que abandonó el barco (el banco) porque no quiere ser el
director del Banxico en épocas en que se descompone la economía.
Tampoco
ajusta esa explicación por dos razones: no se nos va a desbocar la inflación
como en las épocas del populismo y sus efectos subsecuentes en que llegaba a
150 por ciento anual, y Carstens no es un hombre de segunda.
Es posible
que no le quiera decir todos los días que no al presidente. No a éste, sino al
que él piensa que viene.
La mente
humana es compleja, y como diría el clásico de la Sedesol, no soy psiquiatra
para entenderlo.
Twitter:
@PabloHiriart

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