0 8 mins 3 años

Leonardo
Boff

La dimensión
perversa de la “cordialidad” brasileña
Publiqué en
el JB, Jornal do Brasil on line, un artículo sobre lo que significa el
brasileño como un “ser humano cordial”. Lo publico de nuevo, modificado, por su
candente actualidad. Los dos últimos años hemos conocido una ola de odio y de
discriminación sin precedentes en nuestra historia. Particularmente durante la
campaña electoral para presidente. Ha habido injurias, calumnias, millones de
fake news y todo tipo de palabras gruesas. Ahí se mostró el lado perverso del
“cordial” pueblo brasilero.
       Decir que el brasilero es un “hombre
cordial” viene del escritor Ribeiro Couto, y la expresión fue generalizada por
Sérgio Buarque de Holanda en su conocido libro: Raíces de Brasil, de 1936, al
que le dedica todo el capítulo V. Pero aclara –contrariando a Cassiano Ricardo,
que entendía la “cordialidad” como bondad y trato amable–, que “nuestra forma
ordinaria de convivencia social es en el fondo justamente lo contrario de un
trato amable” (p. 107, de la 21ª edición de 1989).
       Sergio Buarque asume la cordialidad en el
sentido estrictamente etimológico: viene de corazón. El brasileño se orienta
mucho más por el corazón que por la razón. Del corazón pueden provenir el amor
y el odio. Bien lo dice el autor: “la enemistad bien puede ser tan cordial como
la amistad, visto que una y otra nacen del corazón” (p. 107). Yo diría que el
brasileño es más sentimental que cordial, lo que me parece más adecuado.
       Escribo todo esto para intentar entender
los sentimientos “cordiales” que han irrumpido en la campaña electoral
presidencial de 2018. Ha habido por una parte declaraciones de entusiasmo hasta
el fanatismo, y por otra, de fascismo y de odios profundos y expresiones
chulescas. Se verificó lo que Buarque de Holanda escribió: la falta de un trato
amable en nuestra convivencia social.
       Quien haya seguido las redes sociales, se
habrá dado cuenta de los bajísimos niveles de educación, de la falta respeto
mutua, e incluso de la falta de sentido democrático como convivencia con las
diferencias. Esta falta de respeto repercutió también en los programas de los
partidos en la televisión.
       Para entender mejor esta nuestra
“cordialidad” hay que referirse a dos herencias que pesan sobre nuestra
ciudadanía: la colonización y la esclavitud. La colonización produjo en
nosotros el sentimiento de sumisión, teniendo que asumir las formas políticas,
la lengua, la religión y los hábitos del colonizador portugués. Como
consecuencia se crearon la Casa Grande y la Senzala. Como bien lo mostró
Gilberto Freyre no se trata de instituciones sociales exteriores. Fueron
internalizadas en forma de un dualismo perverso: de un lado el señor, que lo
posee todo, y del otro el siervo, o servidor, que tiene poco y se somete. Se
generó también la jerarquización social que se revela por la división entre
ricos y pobres. Esta estructura –que subsiste todavía en la cabeza de
importantes oligarcas y se ha vuelto un verdadero código de interpretación de
la realidad–, aparece claramente en la forma como las personas se tratan en las
redes sociales.
       Otra tradición muy perversa fue la
esclavitud, muy bien descrita por Jessé Souza en su libro: La élite del atraso:
de la esclavitud al Lava-Jato (2018). Cabe recordar que hubo una época, entre
1817-1818, en que más de la mitad de Brasil estaba compuesta por esclavos
(50,6%)…! Hoy cerca del 60% tiene en su sangre algo de esclavos
afrodescendientes. Son discriminados y empujados a las periferias, humillados
hasta el punto de perder su propia autoestima.
       La esclavitud fue internalizada en forma
de discriminación y prejuicio contra el negro que debía servir siempre, porque
antes hacía todo gratis y se cree que todo debe continuar así. Pues de esta
forma se trata, en muchos casos, a los empleados y empleadas domésticas, o a
los peones de las haciendas. Una madame de clase alta dijo en una ocasión: “los
pobres ya reciben la bolsa-familia, y además de eso creen que tienen derechos”.
Esta es la mentalidad de la Casa Grande.
       Las consecuencias de estas dos
tradiciones están en el inconsciente colectivo brasileño en términos, no tanto
de conflicto de clase (que también se da), cuanto de conflicto de status
social. Se dice que el negro es perezoso, cuando sabemos que fue él quien
construyó casi todo en nuestras ciudades históricas. Que el nordestino es
ignorante, cuando es un pueblo altamente creativo, despierto y trabajador. Del
Nordeste nos vienen grandes escritores, poetas, actores y actrices. Pero los
prejuicios los castigan a la inferioridad.
       Todas estas contradicciones de nuestra
“cordialidad” aparecieron en los twitters, facebooks y otras redes sociales.
Somos seres excesivamente contradictorios.
       Añado todavía un argumento de orden
antropológico-filosófico para comprender la irrupción de amores y odios en esta
campaña electoral. Se trata de la ambigüedad fontal de la condición humana.
Cada uno posee su dimensión de luz y de sombra, sim-bólica (que une) y
dia-bólica (que divide). Los modernos dicen que somos simultáneamente sapientes
y dementes (Morin), es decir, personas de racionalidad y bondad, y al mismo
tiempo, de irracionalidad y maldad.
       Esta situación no es un defecto de la creación,
sino una característica de la condition humaine. Cada uno tiene que saber
equilibrar estas dos fuerzas, y dar primacía a las dimensiones de luz sobre las
de sombra, y a las de sapiente sobre las de demente.
       No debemos ni reír ni llorar, sino procurar
entender, como decía Spinoza. Pero entender no es suficiente. Urge practicar
formas civilizadas de una “cordialidad” en la cual predomine la voluntad de
cooperación con vistas al bien común, se respete a las minorías y se acoja a
las diferentes opciones políticas. Brasil necesita unirse, para que todos
juntos enfrentemos los graves problemas internos en un proyecto asumido por
todos. Sólo así se gestará el Brasil al que se llamó “Tierra de la Buena
Esperanza” (Ignacy Sachs).
       No será el presidente electo la persona
de la reconciliación nacional, pues él, por su estilo, es factor de división y
creador de una atmósfera social de violencia y discriminación.           

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *