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G. Saúl García Cornejo.
Algunos dicen que vamos ya despertando de la “borrachera electoral” y con ello, el desbordamiento de sufragistas –aunque es justo apuntar que faltaron todavía muchos y se mantuvo alto el índice de abstención- ¿y qué sigue a una parranda etílica? Todos los que la han vivido en mayor o menor grado, lo saben: La resaca.
Sin embargo, también hay qué señalar que, incluso, el Presidente Electo, no ha tomado posesión de su mandato, como para exigirle ya, resultados. Hay, sí, algunos “adelantados” de los virtuales secretarios del gabinete legal, que han hablado al parecer, de más, ¿Lo harían con el consenso del próximo Presidente? O ¿Se desechará el estilo o la costumbre de obtener línea?
Lo cierto es que hay desconfianza, todavía se sufre incertidumbre por conocer qué hará en la vida política real, el mencionado Presidente Electo, sí efectivamente va a cumplir con todo lo que prometió.
Ya hay reacciones –y airadas algunas- sobre algunos puntos en capilla, como por ejemplo, la reducción de los altos salarios de funcionarios federales, como ya sabemos y he comentado aquí en esta columna semanal.
Hay otras situaciones que se espera de verdad, no vayan a soslayarse u omitirse o postergarse: La sanción a los funcionarios públicos o representantes populares, que hayan incurrido en delitos de corrupción y sobre ése asunto en particular, ha sido muy claro que de EPN para abajo hay conductas de tal índole, sin perjuicio del beneficio de ser oídos y vencidos o absueltos en juicio.
¿Qué suponer o esperar del “acercamiento” de Meade, con AMLO? A quien según los medios ha tachado de “bueno, honrado trabajador”, cuando ha sido el alfil de la llamada “mafia del poder” y que no puede ser ajeno, ni menos inocente. Tal candidez no es ni de un párvulo. El mencionado excandidato del PRI, seguro va a cabildear la exoneración de él mismo, su jefe y otros de tal grupúsculo.
El Presidente Electo, por un lado viene siendo mesurado, pero no deberá hacer “la vista gorda” sobre tales personajes, pues no deben entrar en ninguna reconciliación o “amnistía política”, porque si no son “enemigos” de AMLO, sí lo son del Pueblo de México. Esos personajes nunca se “tentaron el corazón”. Lo mismo se espera para el mal llamado “presidente del cambio” que reside muy campante en San Cristóbal, Gto., gozando de lo mal habido y para colmo, con su “pensión”.
No se trata, estimados lectores, de rencor o venganza, se llama simplemente un acto de mera Justicia, que en México no sólo está ciega, sino desarrapada, humillada y olvidada.

¿No lo creen así, estimados lectores?

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