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Acotar el diálogo con los medios ahora que ha pasado la elección, cuando se les buscaba con ansias en las etapas de precampaña y campaña, no puede ser de ninguna manera un buen mensaje del gobernador electo, Diego S. Rodríguez

Arnoldo Cuéllar Ornelas 

Ya hemos dicho que el candidato ganador de la elección para gobernador en Guanajuato aún no muestra su verdadero talante.

Ni la precampaña ni la campaña lo obligaron a salir del cascarón, manteniéndolo en una zona de confort soportada en el poderío del partido gobernante en Guanajuato, la inexistencia de oposición y el manejo del presupuesto público empleado para construir una candidatura a contrapelo de las mínimas normas democráticas, de la ética pública y de una concepción moderna de la política.

Por eso resulta importante analizar algunos de sus gestos, así parezcan nimiedades, en esta etapa cuando empieza a asumir el rol que le tocará ejercer los próximos seis años para beneficio o perjuicio del estado y sus habitantes.

No es una buena noticia que Diego Sinhue Rodríguez asuma como una de sus primeras definiciones la política de no contestar a los representantes de los medios de comunicación las preguntas que puedan surgir en la agenda cotidiana, aprovechando para ello los eventos programados o las apariciones públicas del mandatario.

“No habrá entrevistas banqueteras”, suelen decir los políticos que se estrenan con cierto desdén hacia la práctica periodística. Suelen ser consejos incluso de otros periodistas, los que se pasan al bando de la comunicación social y de la asesoría o “coaching” de las figuras públicas.

La situación puede entenderse si en contrapartida hay reglas claras para que los medios pueden tener una interlocución con el titular del Poder Ejecutivo y sus principales colaboradores. Si hay atención a la solicitud de entrevistas; si se programan ruedas de prensa con cierta periodicidad.

Al final del día de lo que se trata es de tener la visión del máximo responsable de la política estatal sobre los problemas que aquejan a los ciudadanos, sobre sus temores y preocupaciones, máxime en los tiempos que corren.

El gobierno no puede darse el lujo de “comunicar” solo cuando ellos creen que tienen algo que decir. También hay ocasiones en que un problema acucioso, una denuncia puntual, una investigación periodística ameritan una posición o una respuesta.

Diego Sinhue Rodríguez ha sido en su corta carrera un político cercano a los medios, nada ampuloso, abierto al diálogo. Cuando llegó a secretario de Desarrollo Social y cuando echó a andar el programa Impulso, base fundamental de su lanzamiento a la primera línea política y por ende a su candidatura, su interacción con los medios era constante.

Mandar una señal de que hoy, que ha llegado a una meta política importante, su percepción de los medios va a cambiar de la cercanía y el interés al desdén, tiene un cierto dejo de utilización, de infatuación, de subirse a un ladrillo y marearse.

Además, en el momento político de Guanajuato, la profundización del diálogo entre gobierno y organismos de la sociedad; entre los diferentes niveles de gobierno entre sí y entre los gobiernos y los medios de comunicación como vectores de la sociedad, cobra la mayor importancia.

Guanajuato crece, su economía se desarrolla, sus ciudades se desbordan, sus comunicaciones hacen crisis y los viejos fantasmas de la desigualdad no desaparecen, muy al contrario, parecen convertirse en caldo de cultivo para el incremento de la violencia y la inseguridad.

Hoy urge el diálogo social y de ninguna manera puede concebirse como un lujo.

Pero, además, el propio gobernador electo tiene necesidad de afincar un proyecto sólido que le sirva a Guanajuato, más allá de las generalidades que se han manejado hasta ahora, más allá de las evasivas, de la simple continuidad. Para ello hará falta que sus razones queden suficientemente explicadas, las dudas despejadas y los debates atendidos.

Gobernar no será tan sencillo como lo fue ganar una elección con todas las características de operación de estado. Sin embargo, siempre se podrá avanzar si no se busca deliberadamente ejercer el poder público de espaldas a la sociedad y privilegiando las decisiones por fuera del escrutinio público.

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