La ortografía que no corrige la compu

General
Enrique R.
Soriano Valencia
Muchas
personas se dan por satisfechas en la revisión de sus documentos al aplicar el
corrector ortográfico automático de sus procesadores de texto. Eso
pone en riesgo la calidad del  documento.
Se olvidan que la ortografía es mucho más amplia que el uso de ‘b’, ‘v’, ‘c’, ‘s’
o ‘z’ para vocablos específicos. Incluso, entre este tipo de consonantes que
tienen el mismo sonido, hay palabras que varían de significado cuando se
enuncia con una o con otra. El corrector es una herramienta de auxilio, pero no
es la solución ortográfica.
En la
práctica, el corrector ortográfico solo está al pendiente de errores de dedo y palabras
que no tienen homófonos (esos vocablos que suenan igual, pero presentan una
ortografía distinta). Y eso, precisamente, representa el mayor riesgo. Los
homófonos acaso llegarán al 12% de los vocablos (no son pocas las palabras si
consideramos que el Diccionario
presenta 100 mil entradas –definiciones–, pero es bajo el porcentaje). Eso
significa que, sumados los errores de dedo, que un texto presentará una calidad
del 13% aproximadamente si solo se le aplica el corrector ortográfico del
procesador de textos.
El
corrector gramatical tampoco aporta mucho, aunque es más exacto. Básicamente,
está al pendiente de las coincidencias en plural/singular y género. Eso debido
a que la puntuación es tan variada, que no logra amalgamar todas las
posibilidades. Por lo tanto, lo único confiable es la revisión de alguna
persona… siempre que esté calificada.
Uno de los
aspectos graves es que el corrector ortográfico de los procesadores no tiene
cargado todos los vocablos del Diccionario
y sus derivados. Me refiero a que solo tiene en base de datos las palabras más
usuales. Pero, por ejemplo, desconoce términos como ‘hamo’ (anzuelo) que es
idéntica de forma fonética a ‘amo’ (dueño o poseedor de alguien). En estos
casos, el procesador marcará como errónea la palabra. Y, lo peor, si está
configurada para cambiar automáticamente los términos, enunciará algo que no
tiene sentido: «Salió a pescar con muchos hamos» (Esto significa que salió de
pesca con muchos anzuelos y no se trata de un esclavo con varias personas que
se dicen dueños de él).

Como
complemento a lo indicado, si la base de datos es amplia o se enriquece al dar
de alta muchos términos, entonces dará por bueno cualquiera que se enuncie. Por
tanto, se corre el riesgo que se haya incluido una barbaridad. En el siguiente
ejemplo el corrector automático no me marca ningún error: «Pidió ser botado
para llegar a la sima de su carrera política» (solicitó se lanzado para llegar
a lo más bajo de su carrera política); cuando seguramente quiso decir: «Pidió
ser votado para llegar a la cima de su carrera política» (pidió ser favorecido
con el voto para alcanzar una posición más elevado en su carrera política).

Por último,
las tildes (acentos gráficos). Hay palabras que podrían tener el tono fuerte en
cualquiera de sus sílabas. Por tanto, el corrector será incapaz de detectar
enunciados incorrectos al poner o dejar de poner las tildes. Considere, amigo
lector, la palabra ‘tránsito’. Esta puede enunciarse también como ‘transito’ o
como ‘transitó’. La única opción incorrecta de este vocablo sería: *transíto.
Con base en
lo anterior, significa que toda persona (no solo el grupo secretarial en una
oficina) debe saber ortografía. Particularmente, el jefe debe ser muy diestro
porque todo lo firma él y es el responsable de lo que se enuncia. Podrá culpar
y regañar a alguien por un error, pero si no está preparado en este tema, corre
el riesgo de aceptar lo que le propongan para firma.
El problema
de todo lo anterior es que rebasa el aspecto anecdótico. Este se da solo cuando
alguien es regañado por el error. Sin embargo, como sucedió en los casos que
señalé en una colaboración anterior, si tiene repercusión comercial, legal o
policial; entonces es un problema grave. La ortografía está mucho más vinculada
a esos aspectos de lo que la mayoría supone. Hasta ahora no parece suceder eso
porque la mayoría de la gente no los detecta.
Por lo
tanto, si alguien da por bueno un documento porque ya pasó el corrector
automático, tiemble porque de seguro presenta errores. Es decir, eso significa
que no ha sido concienzudamente  revisado.

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