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Maese Tell.

“Yo volví mis ojos a todas las opresiones que se cometen bajo el sol: ahí están las lágrimas de los oprimidos, y no hay quien los consuele. La fuerza está del lado de los opresores, y no hay nadie que les dé su merecido. Entonces tuve por más felices a los muertos, porque ya están muertos, que los vivos porque viven todavía; y consideré aún más feliz al que todavía no ha existido, porque no ha visto las infamias que se cometen bajo el sol.” Eclesiastés 4:1, 2, 3.

Queridos hermanos, ya no hagan muinas, sigan ustedes el sabio consejo ancestral: “Si tu problema no tiene solución, no te preocupes, si la tiene, menos te apures.”

Y es que de nueva cuenta, los empresarios más favorecidos por la Gracia Divina (traducida en dineros), pusieron el grito en el cielo y se rasgan sus lujosas vestiduras para decirnos que son casi como los “santos inocentes”, que generan empleos, tranquilidad económica, que arriesgan sus capitales, con tal de que nos llevemos el sagrado alimento a los hogares (bueno para los que sean casados, porque yo soy célibe, aunque también tengo que comer y darle a mis ahijaditos), y todo para “alertar” que no vayan a votar por ya saben quién.

Sin embargo, queridos parroquianos y fieles creyentes, no se vale crear confusión y menos terror en las almas nobles y nítidas que son todos ustedes. No hay que temer a la avalancha democrática que significa el sufragio el primer domingo de julio, gane quien gane, que sea el que la mayoría haya decidido, no un grupúsculo, una élite que nos quiere poner unos contra otros en rebeldía con los designios del Señor y su carísimo Hijo: Amar a tu prójimo como a ti mismo.

No es fácil explicar el miedo, el terror ante un destino incierto, pero eso es nada más, y nada menos que falta de fe. ¿Qué queremos para nosotros mismos, nuestras familias, nuestros semejantes? No es vivir en el constante desasosiego, la escases del ingreso, la pena cotidiana de ver a los hijos o los hijos de los hijos (bien nacidos por supuesto y bajo los cánones) en que con muy honradas excepciones los tienen queridos hermanos, y me refiero a los quejosos empresarios que se han olvidado de compartir, de amar, de ser agradecidos con sus empleados y trabajadores.

Y desde aquí os digo hermanos emprendedores que sus sacrificios –sin son bien intencionados y verdaderos- los salvarán, no deben temer si llega ya saben quién, pues a ustedes también les han sembrado el miedo aquéllos que los usan, que los presionan y los explotan, me refiero a esos demonios, a ésos demiurgos disfrazados de buenos pastores, de guías políticos que no velan por los hombres, por los menesterosos, por los menos favorecidos, que por el contrario los estrangulan, les “chupan la sangre”, sin matarlos, sin desangrar para así seguir viviendo a nuestras costillas.

Mejor vigilemos nuestros pasos hacia la Casa del Señor, a ése Templo que somos nosotros mismos, que no importan los templos de piedra, sino los  hechos de lágrimas, de alegrías y de amor.

Felicidades a todas las mamás mexicanas y del orbe, en este día, pero hermanos, hay que festejarlas todo el año y dar gracias por aquéllos que todavía las tienen consigo.

Qué el Señor nos ampare y agarre confesados.

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