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Maese Tell.

“Él conoce a los hombres falsos, ve la maldad ¿y no la sabrá discernir? Pero un necio asentará cabeza cuando se domestique un asno salvaje de la estepa.” (Job 11:11-12)

Queridos hermanos, hoy tenemos otras noticias de las que el común y reverente parroquiano, no sabía nada –aunque algunos más aguzados ya sospechaban- y me refiero al “baile de las pensiones”.

Y resulta que varios ex-funcionarios y polacos, como los que han comandado el BANXICO, gozan de jugosas pensiones nunca vistas ni en el sueño más guajiro por el común de los mortales. ¿Por qué, Señor? Nos preguntamos los fieles creyentes y sobre todo confiados de que México es un gran País, tan lindo y querido. La mayoría de los parroquianos se la pasan trabajando muchos años y no todos por cierto, recibirán o reciben una pensión, ya no digamos tan apetecible, sino al menos digna, tanto que alcance para lo elemental. Acá igual no siempre nos llega el diezmo y sufrimos penurias, aunque al final las convertimos en penitencia y eso nos conforta.

Si se tratara de empresas privadas, ni hablar, pero no así con organismos que de algún modo son del ala oficial, por más descentralizados que se diga.

¿Qué nos espera con el señor presidente electo? ¿Podrá hacer algo para equilibrar tanto dispendio oficial? Ha prometido que será de las primeras acciones ha realizar: La reducción de tales sueldazos y en consecuencia de las pensiones aludidas que el más pintado recibe por de 280 mil pesos al mes. El nuevo presidente ha dicho públicamente que ningún funcionario ganará más de 108 mil pesos mensuales, empezando por él. Aunque el problema –habría que preguntar a un abogado- puede ser creo, que no se podrá hacer nada contra derechos adquiridos, aunque sí pal real.

Y como buenos mexicanos, primero confiamos a ciegas y luego, aún antes de saber, ya estamos desconfiando. Ojalá que el Todo Poderoso ilumine al señor Andrés Manuel López Obrador y, a nosotros para encontrar pronto la salida a tal dilema tan enquistado en nuestro sistema polaco.

No debemos olvidar en qué estado recibirá el País, el nuevo ungido Presidente. ¿Cuánto falta por destapar?

Qué el Señor, nos agarre confesados.

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