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G. Saúl García Cornejo.

Tal vez debería empezar por comentar sobre una más contundente fuerza o bien, la pugna, humanas: La lucha por el poder. Este distintivo –por supuesto no exclusivo del Hombre- llega incluso en sus niveles más primitivos, a la supervivencia, y como saben hay quien todavía cree en la supremacía del más apto, trátese de fuerza física o intelectual.

Y dicho o visto con justicia, es un dilema que no se ha resuelto del todo. Hay incógnitas veladas por el misterio o la oscuridad o el desconocimiento de la fuente más álgida, el cerebro humano.

Nos dicen los estudiosos que la psicología data de unos 2500 años, desde la época de oro de la Filosofía Griega. Pero no trataré hoy ésa Historia. Más bien, planteo algunas inquisiciones, que aunque igual de añejas, no han perdido actualidad:

1.- ¿Cómo comprender la toma de decisiones de ciudadanos y políticos?

 2.- ¿Cómo explicar los liderazgos, la comunicación política, los comportamientos colectivos, los cambios en los regímenes, los conflictos sociales?

En la búsqueda de respuestas han corrido ríos de tinta y gastado kilos de papel, experimentado modelos con halo científico, incluidos sistemas matemáticos (en pro de la exactitud, aunque en vano, pues nada hay de preciso en el comportamiento humano). Se encuentra alguna respuesta pero, nacen más preguntas.

En primer plano, hay otra duda implícita en la interrogante 1, ¿Los ciudadanos deciden? Como ya saben estimados lectores, existen formas de inducción –en aplicación de la psicología- hacia los ciudadanos. Y un buen ejemplo, se usa en el “marketing político” para “vender” una imagen preconcebida y no necesariamente verdadera, de partidos o actores políticos, sea en dirección positiva o negativa, como la llamada “guerra sucia” (Un botón: AMLO es un “peligro para México”) como vimos y oímos hasta el fastidio en las elecciones de 2012 y, que curiosamente tuvo un efecto psicológico contrario al implementado: El fastidio y la insistencia logró que más personas no creyeran en el mensaje negativo y así se constata en las siguientes elecciones, es decir, en 2018. El “efecto psicológico” fue en 2012, en el imaginario social: ¿Por qué le temen a López Obrador, qué esconde la “mafia del poder”?

Entonces luego se “descubre” que tal propaganda era engañosa y qué EPN, no resultó lo que despertó en expectativas, sino todo lo contrario.

 Por otra parte, en las elecciones pasadas en este año, el mensaje fue que AMLO era el “salvador de México”, lo que se puede tomar como un estrategia de “marketing” y que sí le produjo el efecto deseado a dicho personaje, que logró poco más de 32 millones de sufragios, es decir, alrededor de un 40% de la lista nominal de electores, pero no así, la mayoría simple (50+1). Sin embargo, se puede decir con soltura, que sí fue una elección cargada de “consecuencia psicológica”: a.- Influyó la enorme decepción causada por la corrupción política –de ahí que la propaganda electoral de AMLO se sostuvo en gran medida por su promesa de combate a la corrupción- sin perjuicio de que hoy, parece desdibujarse con su tesitura del “perdón”; b.- Que aun con la estrategia amloísta, en el fondo fue el enorme enojo de la sociedad con los métodos del sistema, la crisis económica galopante, y así se creyó votar por un cambio, sin saber ciertamente hasta dónde se obtendrá, lo que llevó a López Obrador a lograr también su propio cometido.

 ¿Y López Obrador, toma sus propias decisiones? Sólo él podrá responder. Sin embargo, su reacción ante los medios, o los embates de sus oponentes naturales o creados, nos dan señales confusas o de plano contradictorias, en sus “nuevas posturas” ante determinada problemática. Y la gente se pregunta: ¿De verdad hay “titiriteros” manejando al nuevo presidente electo?

En cuanto a la inquisición 2, podemos decir que el “liderazgo” de AMLO, se vino forjando de su oposición al régimen prianista (PRI-PAN), pues no es secreto que su diatriba estaba dirigida a la “mafia del poder”, lo que significó precisamente una reacción psicológica de los connacionales, pues dicha denominación ha sido amplia y abarca a toda la pléyade política-económica-social tras el Poder. Lo que ha sido y es una herramienta útil para que los “desheredados”, al menos, reaccionen sumándose a los vituperios y en particular al “voto de castigo”.

De lo anterior, resulta lógico que las llamadas masas sociales, vean, en este caso a López Obrador, como un “igual”, que “entiende y vive” la problemática de las mayorías pauperizadas, desdeñadas y siempre bajo el yugo económico de las élites políticas. Siendo una de las causas la derrota endémica de la “oposición”, es decir, hubo simpatía por los eternos perdedores, como pasa con ésa “masa social”, identificándose a sí misma, con el “desdeñado” candidato en las otras dos oportunidades electorales.

Luego entonces, la tendencia histórica fue contundente: La búsqueda del cambio. Sin embargo, en contradicción está el hecho de que muchos ciudadanos, temen las permutaciones sociales y prefieren el conservadurismo político a la hora del voto. Razón que mantuvo en el Poder por más de 7 décadas a los “revolucionarios” del tricolor, al arribo y posterior decepción del “presidente del cambio” en el 2000 y más tarde con EPN, del 2012 en adelante.

A todo esto, queda al final la duda razonable: ¿De verdad, AMLO cumplirá con las expectativas que despertó en una mayoría –relativa- de mexicanos? o Sólo se trató del empleo de la psicología política, para llegar al máximo escaño nacional, la Presidencia de la República y todo o casi todo, seguirá igual o peor, a un tris de que tome posesión don Andrés Manuel.

De cualquier manera, es a los mexicanos que nos corresponderá actuar en consecuencia de las acciones u omisiones de nuestros gobernantes, de López Obrador, para abajo e irnos “borrando” la “p” en la frente. (Claro, la “p” de psicología negativa).

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