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G. Saúl García Cornejo.

Estimados lectores, cuando hablamos o escuchamos sobre la “resistencia” reaccionamos bajo ciertos contextos cotidianos, propios o ajenos, conforme a nuestras experiencias.

Tal vez nos imaginaremos un anacoreta, o recordamos algún luchador social como Gandhi, o tratamos de visualizar a los franceses contra los alemanes en la Segunda Guerra, o tal vez pensemos en algún corredor de fondo en un maratón, incluso en algún político como AMLO, pues se diga lo que sea, ha resistido en su lucha u objetivo para sentarse en la Silla Mayor Nacional.

También podemos reflexionar sobre la “resistencia” interna que nos significa y califica como seres humanos, porque: “Resistir, es vivir” parafraseando al filósofo Josep Maria Esquirol, que ha dicho en su ensayo “La resistencia íntima” sustancialmente que, además no pocas veces la resistencia va acompañada de soledad, es decir, que es una lucha sorda o callada, individual contra lo cotidiano y la realidad. (Ed. Acantilado/España  ISBN: 978-84-16011-44-5).

Sin embargo, además tenemos que ir sorteando con resistencia, esa cotidianeidad personal y con la de los demás qué de una manera u otra tratan de avasallarnos, de confundirnos, de enfrentarnos o dividirnos. Más en los tiempos electorales, hablando pues, de política.

¿Qué creer o no de la diatriba lanzada como una verdadera y pestilente diarrea informativa en contra de uno u otro candidato?

Lo primero, es resistir. No caer en la trampa del mito, del descrédito o los ataques sin rostro, sin sustento. Igual habrá que revisar con lupa e información fidedigna los “logros” que se publicitan como panaceas o virtudes de dichos personajes, tarea que no será fácil pues se espera el escrutinio ciudadano y ya seguro, habrán “maquillado” tales biografías.

El filósofo aludido, menciona en su ensayo dicho que vio una inscripción en algún lugar ruinoso en Turín: “«Quien va al desierto no es un desertor». Paradójicamente, a pesar del significado de desertor (aquel que abandona un deber o un compromiso y huye hacia una zona deshabitada), esa inscripción quizá contenía toda la verdad. Es obvio que, en sentido figurado, el desierto no se encuentra sólo en las vastas extensiones de tierra árida o agrietada, ni en los mares de arena abrasados por un sol de justicia; el desierto está en todas partes y en ninguna: en medio de la ciudad, por ejemplo. Quien va al desierto es, sobre todo, un resistente. No necesita coraje para expandirse sino para recogerse y, así, poder resistir la dureza de las condiciones exteriores.” Refiriendo la resistencia también como un cambio, en lucha u oposición al estatus, al confort que no deja moverse, aunque por supuesto es otro tipo de resistencia, a la mudanza personal o social.

Nadie en su sano juicio pondría en duda que estamos los mexicanos ante una oportunidad, y primero cambiar nosotros, nuestra percepción de la realidad no compagina con la que nos ofrecen los políticos de los partidos hegemónicos, pero debemos participar desde el voto personal y hasta modesto, hasta el ejercicio político directo –por más que nuestro sistema sea representativo- en cualquier punto de la función pública o de representación popular, es decir, que sea en favor de México y sus habitantes. Por lo que la resistencia deberá ser contra la corrupción y el mal gobierno, para que sea aquélla, una fortaleza y no nuestra impotencia social y ciudadana.

¿No lo creen así, estimados lectores?

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