26 octubre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

La Ultima Cripta

3 minutos de lectura

Por. Prof Jorge Gordillo.

¡Saludos aventureros! Creo que a muchos nos agradan las aventuras. Es necesario para nuestro crecimiento que seamos aventureros. Nada más observar las aventuras tempranas de un bebé hasta esa inquietud por vivir todo tipo de aventuras. Tal vez por eso nos agraden las aventuras que nos presentan las películas o los libros. La novela que estoy recomendando nos presenta una aventura.

Leamos: «Enterrada bajo un arrecife de la costa hondureña, el submarinista Ulises Vidal encuentra una campana de bronce del siglo XIV de origen templario, hundida allí más de un siglo antes del descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón. Espoleado por la curiosidad y el ansia de aventura, emprenderá, junto a un historiador medieval y una audaz arqueóloga mexicana, la búsqueda del mítico tesoro de la Orden del Temple. Juntos recorrerán Barcelona, el desierto de Mali, las profundidades del Caribe y la selva de México, enfrentándose a un sinfín de enigmas y peligros. Pero esa búsqueda del tesoro acabará enfrentándolos a un misterio mucho más trascendente de los que ninguno de ellos esperaba. Un secreto silenciado durante siglos que podría transformar la historia del hombre y la forma en que este se comprende a sí mismo y al Universo.

Con la intriga de El Código Da Vinci y la acción de las películas de Indiana Jones, protagonistas muy bien dibujados, trama trepidante, final sorprendente y grandes dosis de ironía, La última cripta es la lectura perfecta para los amantes de los libros de aventuras». Leamos algún párrafo triste y difícil de esta aventura: «A mediodía, cuando el sol estaba en su punto más álgido, no tuvimos más remedio que detenernos e, improvisando un estrambótico chamizo utilizando nuestras ropas y los camellos a los que habíamos recostado como soportes, intentamos recobrar fuerzas y, sobre todo, recuperar al profesor, que agotado y con evidentes signos de deshidratación apenas había tenido fuerzas para descender de su montura. Estábamos los tres apretujados bajo la escasa sombra que nos proporcionaban nuestras camisas y pantalones, apoyados en los costados de los camellos y vencidos por la fatiga.

 Los observaba con cierta aprensión, pues ambos tenían la piel del rostro muy enrojecida, los labios cuarteados y empezaban a despellejarse, ofreciendo el mismo lamentable aspecto que debía de ofrecer yo en ese momento. Y si su estado físico era también similar al mío, me sorprendía que aún tuvieran fuerzas siquiera para pestañar. Éramos conscientes del riesgo que significaba detenernos, pues aparte de aumentar las probabilidades de que nuestros perseguidores se acercaran, era tiempo, y sobre todo agua, que consumíamos y que podían significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Andaba perdido en estas cavilaciones, divagando por la ironía de haberme ganado la vida bajo el agua y estar a punto de perderla en el desierto, cuando noté la mano de Cassie apoyándose en mi antebrazo. —¿Cuánta agua nos queda? —preguntó con un hilo de voz. —No mucha —contesté descorazonado—. Apenas un litro. La mexicana esbozó un agrietado mohín. —Vaya, entonces ya puedo ir olvidando darme una ducha. —Eso me temo. Pero, si tienes sed, recuerda que llevo una nevera con cervezas frías y unos bocadillos. —¿Coronita? —No, Heineken. —Entonces paso, no me gusta la cerveza europea. —Está bien, en la próxima gasolinera paramos y te compro una caja entera de la que más te guste. Con sus escasas fuerzas me dio un par de golpecitos y me apuntó con el dedo. —Te tomo la palabra. Miré entonces al profesor, que seguía recostado y sin decir una palabra de espaldas a nosotros. —¿Cómo lo ves? —Pregunté a Cassie, cambiando a un tono preocupado. —No muy bien, la verdad. —Creo que deberíamos guardar para él lo que queda de agua. No quiero que acabe perdiendo el conocimiento. —Estoy de acuerdo. Parece que está un poco peor que nosotros, y al fin y al cabo un litro de agua entre tres no da para mucho. Tras emplear nuestras últimas reservas de agua en rehidratar al profesor, nos dejamos vencer por el sueño y caí en un sopor que se prolongó durante varias horas». Nos leeremos en la próxima.

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