29 octubre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

La verdad… “verdadera”

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G. Saúl García Cornejo.

¿Pleonasmo? O simple licencia. Si somos ortodoxos, la “verdad” tiene que ser eso, verdadera, sin embargo, cuando se trata del discurso político, la conceptualización puede o suele cambiar, depende del emisor. (Publicación, domingo 13-09-20)

A primera impresión, parece un asunto fácil de dilucidar. Si se habla o afirma que algo es verdad, o que alguna cosa es verdadera, lo que se nos viene al razonamiento es que ese algo o la cosa, es como es. Si recurrimos a la RAE, se nos explica que, la verdad, es la conformidad de las cosas con el concepto que hemos creado de esas cosas. 

Pero, no es tan simple, si no por qué se han gastado tanta tinta y papel, así como horas, días o años de “insomnio intelectual” por muchos pensadores –sin distinción alguna- a lo largo de la Historia del Pensamiento Humano; en que la Verdad, para empezar hay que dilucidarla, ejercerla, poseerla, divulgarla, defenderla, etc. Incluso, el común de los mortales ha requerido o necesitará alguna vez, enarbolar o negar la verdad. “No se puede ocultar” señala esencialmente la sabiduría popular, acorde con la Filosofía formal. También, aquélla puede ofender o incomodar, ocultarse, tergiversarse, verse bajo un lente distinto, vaya, hasta liberar. Al igual, todavía falta tomarla o tenerla como absoluta o relativa. Lo que es evidente, complica el asunto.

Si la Verdad, se tiene como valor ético o moral, nos conduce a determinado comportamiento, que violentado puede tener alguna sanción de repudio social; si se acepta o demuestra bajo determinadas normas jurídicas (Deber ser) o leyes coercitivas (Ser), nos pueden llevar a concluir una “verdad legal”; o cuando se explica o impone desde las creencias religiosas (Dogmas, en su máxima expresión); no falta quienes se atreven afirmar que tienen su propia verdad y la oponen a “otras verdades” (Desde apreciaciones subjetivas veleidosas); es decir, la Verdad afecta las relaciones humanas desde muchos ángulos y contextos. Resulta así, con “varios filos”. Entonces, ¿No hay quien sea “dueño” de la verdad, si tiene tantas aristas? 

Ramón de Campoamor, desde una abstracción poética, quiso resolver el dilema: “En este mundo traidor, nada es verdad o mentira, todo es según del cristal con qué se mira”.

Si atendemos a la definición de la RAE que menciono al inicio de esta colaboración, también puede producir algunas situaciones que engrosan la confusión o de menos la dificultad conceptual: Nuestra percepción sobre la verdad, con todo y sus estructuras cognitivas-filosóficas, se van construyendo con información sobre una base de conocimiento que no siempre es completo –o precisamente, verdadero- y si, además somos “bombardeados” de manera sistemática y cotidiana con una serie de “verdades” que son manejadas o difundidas al interés del emisor –en este caso, con insana intención- se formará una opinión falsa y equivocada, creyendo que es una verdad.

Ahora mismo, en nuestro País, se ventilan básicamente situaciones dualistas sobre verdad que se tilda de absoluta: Pobres y Ricos; Conservadores y Liberales; sus postuladores y opositores, “fifís y chairos” (En alusión a una vulgar y nefasta división), etc. De donde hay quienes al creer la dualidad en mención, como una “verdad”, incluso, trabajan en favor de ella, considerando que hacen el “bien” que se necesita.

Tal vez, en intento de abonar claridad, valga parafrasear al novelista y ensayista francés André Maurois, (cuyo seudónimo fue Émile Herzog): “Solo hay una verdad absoluta, que la verdad es relativa”. Lo que curiosamente concuerda con el verso de Ramón de Campoamor. Y la “verdad, verdadera”, sería la frase de E. Herzorg.

Así que, tratándose de discursos de personajes políticos, tan variables como una veleta, debemos ir con sumo cuidado. Recuerden que ya entramos al “año electoral” y van a sobrar “verdades”.

¿Qué opinan, estimados lectores?

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