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Gabriel Ríos

En muchos programas de tv y radio, así como en medios impresos y digitales parece haber consenso sobre los temas a debatir y los debates a analizar. Donde existe disenso es en la forma de atacar cada uno de esos temas, porque no siempre se matizan ni se contrastan los componentes.

Los “optimistas” hacen recuento de los diversos progresos nacionales, por modestos que sean, de 30 o 40 años a la fecha y no les falta razón. El problema es que ese optimismo no hace un análisis comparado de la relación costo/beneficio para las diversas entidades involucradas, sean la Ecología y el aspecto Social.

En cuanto a los orígenes (hace entre 40 y 500 años), comparemos deuda externa por habitante, hectáreas de zonas boscosas y otros signos de salud ecológica, poder de compra del salario mínimo,  para cubrir la canasta básica, calidad de la educación, calidad de la dieta en los diversos estratos sociales, nacionalidad de los capitalistas y los terratenientes, etc. Desde que la Economía Industrial Harvardiana alimentó al neoliberalismo con el dogma rentista de las “estrategias”, acotado “naturalmente” por el “mercado” (whatever that means), para lograr relaciones costo/beneficio razonables (¿equitativas?), para que todo el mundo fuera feliz, no hubo poder que evidenciara lo equivocado del esquema,  desde la perspectiva de la dignidad humana, porque ha manejado a la mano de obra como un insumo comodificable, agrandando la brecha del bienestar humano, es decir:

Unos cuantos poderosos = GRANDES BENEFICIOS con pequeños costos

Un “chiflo” de débiles = GRANDES COSTOS con pequeños beneficios

En cuanto a la evolución de los procesos del tema que estamos tratando, el rentismo permitió que los que estaban en posición de ventaja inicial lanzaran el mensaje subterráneo de la inequidad y del soborno para mantenerlo vigente y creciente. En este ánimo, los abusivos en desventaja relativa (políticos y empresarios sin escrúpulos), magnificaron el asistencialismo social como uno más de sus sucios negocios. Al mismo tiempo, los cárteles de la droga y los fabricantes de cigarrillos y bebidas alcohólicas prosperaron, sobretodo porque de 203 millones pasó a 308 millones el número de habitantes de los United States of America (y eso sin considerar al resto del mundo), es decir, un crecimiento “chidísimo” del mercado para productores y distribuidores de “bienes” de dudoso “bienestar” para el género humano.

Llegamos a la etapa actual. ¿Qué combinación de ejemplo moral y tecnología de punta se necesita para medio enderezar el torcido derrotero de nuestro país? ¿Qué etapas requiere esa combinación y cuál es el horizonte de tiempo de cada una de esas etapas? ¿Existe alguna estrategia que acometa transversalmente el problema, de tal manera de no convertirlo en algo exclusivamente longitudinal y sujeto a un rápido desgaste (como hasta ahora)?

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