29 octubre, 2020

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Las Plazas de Toros en la Ciudad de Celaya

3 minutos de lectura
Por.- Laura García
Una de las tradiciones españolas con
mayor arraigo es la tauromaquia, una actividad ancestral que se trasladó al
nuevo mundo y que cobró relevancia especialmente en el virreinato de la Nueva
España, el actual territorio mexicano.

Se cree que la fiesta de los toros no
es originaria de España, una versión apunta a imitar la tradición romana de
usar animales para distracción del pueblo y otra señala que se implantó a la
llegada de los musulmanes, ya que era práctica común entre los nobles para
conmemorar algún acontecimiento importante. Durante la Edad Media, los
escenarios de estos espectáculos eran las plazas mayores de las ciudades, las
que cercaban con madera; tradición  que siguió
en Nueva España donde, según los relatos, la primera corrida de toros se
realizó el 13 de agosto de 1529, para conmemorar la toma de la gran
Tenochtitlan.
Es hasta el siglo XVII, cuando se
tiene registro de las primeras plazas de toros desmontables en el virreinato, y
un siglo más tarde, debido a la popularidad de esta fiesta, comenzaron a
construirse plazas fijas en varias ciudades novohispanas.
 En la ciudad de Celaya, desde finales del
siglo XVI, los indígenas, ya cristianizados, acostumbraban realizar corridas
para concluir los festejos dedicados a la Santa Cruz. Estas corridas se
organizaban en el terreno que hoy ocupa el jardín principal, el cual era
cercado con pedazos de madera y troncos de mezquite; a ella acudían autoridades
indígenas importantes como los gobernadores de los barrios.
A la par de otras ciudades, Celaya
inauguró su plaza de toros en el siglo XVIII, ésta se encontraba en la calle de
Mandamientos, hoy hermanos Aldama. La plaza fue un lugar de esparcimiento para
la numerosa afición taurina de la región, de igual manera, fungió como sede de
otros eventos importantes para la ciudad, como los festejos por la jura del Rey
Carlos VI. Al tratarse de un acontecimiento tan relevante para los novohispanos,
las autoridades celayenses comisionaron a Francisco Eduardo Tresguerras para
realizar un templete, un arco del triunfo y una pirámide. El templete se colocó
en la plaza de toros con diez retratos de reyes anteriores pintados al óleo y
adornados con colgaduras de damasco, 400 faroles completaron la decoración al
interior del recinto taurino. Otra obra de Tresguerras relacionada con la plaza
de toros fue el puente del Río Laja, pues fue mediante el remate de la
concesión para operar la plaza que se obtuvieron los recursos necesarios para
su construcción.
La plaza de toros de la calle Aldama
no fue la única que operó en la ciudad, en 1885 el nuevo jefe político de la
ciudad, Francisco Ruíz toma posesión del cargo y emprende una campaña de mejora
de espacios públicos, mismas que significaban una considerable inversión por lo
que dispuso que se construyera una plaza de toros provisional en la plazuela de
San Agustín, empleando materiales como madera y petates, para destinar los
recursos a las obras propuestas. El aspecto que diferenciaba a esta plaza de la
situada en Aldama, era su tamaño, ya que era de mayores proporciones.
Durante décadas los celayences
disfrutaron de las corridas de toros para conmemorar algún acontecimiento o por
simple afición a la fiesta taurina, sin embargo el crecimiento de la ciudad y
la necesidad de nuevas vías, orillaron a las autoridades a prescindir de las
plazas.

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