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Arturo Miranda Montero

La cuarta más abajo para los estados dicta que desaparecen las delegaciones federales para centralizar la presencia presidencial en Delegados de Programas Integrales de Desarrollo (DesPIDe).

¿Cómo se coordinarán los tres órdenes de gobierno que la Constitución considera pares?: Federación, Estado y Municipios (“La competencia de los Ayuntamientos se ejercerá en forma exclusiva y no habrá ninguna autoridad intermedia entre los Ayuntamientos y el Gobierno del Estado”).

En realidad, despedidos los delegados actuales, lo que se desatará es la puja por los padrones de beneficiarios de los múltiples programas clientelares, esos que sirven para dar desde el gobierno y para recibir en temporada electoral por los empadronados.

Los dineros fiscales se entregarán al gobierno del Estado y a los ayuntamiento para que medio hagan lo que en sus facultades hay; pero la disponibilidad para meterle dinero público a las personas, ese se lo quedará el Señor Presidente de la República: familias completas o disfuncionales, con niños y jóvenes, con mujeres y viejitos serán motivo de esos “Programas Integrales de Desarrollo” federales a cargo del Jefe Político designado. Es fácil imaginar el poder que eso acumulará, como ha sido en la historia política nacional.

El panismo guanajuatense, único que impidió morenizarse del todo, ha usado bien y bonito ese clientelismo para crear sus redes que le salvaron en la caída: taxistas, templos y cofradías, clubes católicos y empresarios servidos, todos aquellos que año tras año ven en el presupuesto estatal sus ingresos asegurados a cambio del apoyo cuando se necesita. ¿No revolcaremos nada más a la misma gata?

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