Ciudad de México.- Si
nos regimos a los Premios Nobel que se premian cada año gracias a lo instituido
por Alfred Nobel no encontraríamos un “Premio Nobel de Ecología” como tal y es
una injusticia por donde se vea. Pero, la necesidad de reconocer el trabajo que
nuestros héroes realizan tuvo frutos y se instituyeron los mismos gracias al
trabajo de una muy importante institución filantrópica.

En
2008 lo ha ganado Jesús León Santos, de 42 años, un campesino indígena mexicano
que ha estado realizando, en los últimos 25 años, un excepcional trabajo de reforestación
en su región de Oaxaca, México.

El
nombre de la recompensa es “Premio Ambiental Goldman” creado en 1990 por dos
generosos filántropos y activistas cívicos Estadounidenses Richard N. Goldman y
su esposa Rhoda H. Goldman.

En
1991, lo ganó la africana Wangari Maathai, quien luego obtuvo el Premio Nobel
de la Paz en 2004.

A
Jesús León Santos se lo han dado porque, cuando tenía 18 años, decidió cambiar
el paisaje donde vivía en la Mixteca alta, la “tierra del sol”.

Aquello
parecía un panorama lunar: campos yermos y polvorientos, desprovistos de
arboleda, sin agua y sin frutos.

 Había que recorrer grandes distancias en busca
de agua y de leña y ni pensar con hacer agricultura en las considerables
pendientes de la zona.

 Donde vivía, Oaxaca, era una región con 83% de
erosión de suelos y 500.000 hectáreas “inutilizadas” por los suelos no aptos
para la agricultura, y es ese, a mi modo de ver, que Jesús León pone la mira y
concentra sus esfuerzos para trabajar con el objeto de habilitar mas terrenos
para los agricultores de la zona…ya implícitamente se procedía a mitigar y
adaptar una situación negativa bajo un enfoque de desarrollo sostenible

 “El Premio Nobel de Ecología viene a cumplir
con la gran injusticia que en los Premios Nobel no haya uno específico habida
cuenta la necesidad de “salvataje” del planeta”.

Casi
todos los jóvenes emigraban para nunca regresar, huyendo de semejantes páramos
y de esa vida tan dura.

 Con otros comuneros del lugar, Jesús León se
fijó el objetivo de reverdecer los campos. Y decidió recurrir a unas técnicas
agrícolas precolombinas que le enseñaron unos indígenas guatemaltecos para
convertir tierras áridas en zonas de cultivo y arboladas. .

¿Cómo
llevar el proyecto a cabo?

 Haciendo revivir una herramienta indígena
también olvidada: El tequio, el trabajo comunitario no remunerado. Reunió a
unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral
Campesino de la Mixteca (Cedicam), y juntos, con recursos económicos limitadísimos,
se lanzaron en la gran batalla contra la principal culpable del deterioro: la
erosión y la falta de inclusión laboral de las personas.

 En esa región Mixteca existen más de 50.000
hectáreas que han perdido unos cinco metros de altura de suelo desde el siglo
XVI.

 La cría intensiva de cabras, el sobre pastoreo
y la industria de producción de cal que estableció la Colonia deterioraron la
zona.

 El uso del arado de hierro y la tala intensiva
de árboles para la construcción de los imponentes templos dominicos
contribuyeron definitivamente a la desertificación.

 El concepto de desarrollo sostenible era
claramente la solución a los problemas, y lo sigue siendo a nivel global.

Jesús
León y sus amigos impulsaron un programa de reforestación.

 A pico y pala cavaron zanjas-trincheras para
retener el agua de las escasas lluvias, sembraron árboles en pequeños viveros,
trajeron abono y plantaron barreras vivas para impedir la huida de la tierra
fértil. Todo eso favoreció la recarga del acuífero. Luego, en un esfuerzo
titánico, plantaron alrededor de cuatro millones de árboles de especies
nativas, aclimatadas al calor y sobrias en la absorción de agua.

 Después se fijaron la meta de conseguir, para
las comunidades indígenas y campesinas, la soberanía alimentaria. Desarrollaron
un sistema de agricultura sostenible y orgánica, sin uso de pesticidas, gracias
al rescate y conservación de las semillas nativas del maíz, cereal originario
de esta región.

Sembrando
sobre todo una variedad muy propia de la zona, el cajete, que es de las más
resistentes a la sequía. Se planta entre febrero y marzo, que es allí la época
mas seca del año, con muy poca humedad en el suelo, pero cuando llegan las
lluvias crece rápidamente. Al cabo de un cuarto de siglo, el milagro se ha
producido.

Hoy la
Mixteca alta esta restaurada. Ha vuelto a reverdecer. Han surgido manantiales
con más agua. Hay árboles y alimentos. Y la gente ya no emigra.

“Jesús León
y sus amigos luchan contra los transgénicos, y siembran unos 200.000 árboles
anuales. Cada día hacen retroceder la línea de la desertificación y bien
merecido fue el galardón al recibir el Premio Nobel de Ecología “.

Con la
madera de los árboles se ha podido rescatar una actividad artesanal que estaba
desapareciendo: la elaboración, en talleres familiares, de yugos de madera y
utensilios de uso corriente.

Además, se
han enterrado en lugares estratégicos cisternas de ferro cemento, de más de
10.000 litros de capacidad, que también recogen el agua de lluvia para el riego
de invernaderos familiares orgánicos.

 

El ejemplo
de Jesús León es ahora imitado por varias comunidades vecinas, que también han
creado viveros comunitarios y organizan temporalmente plantaciones masivas.

 

En un mundo
donde las noticias, con frecuencia, son negativas y deprimentes, esta historia
ejemplar no debe pasar desapercibida.

¿Cuántas
personas este calibre el planeta necesita?

La respuesta
es obvia. Muchas. Y estoy seguro que hay dispersos en el planeta grandes héroes
que dan hasta sus vidas por causas que van aparejadas a la preservación del
medio ambiente y la mejora de la calidad de vida bajo un enfoque de desarrollo
sostenible.

Por ejemplo
puedes leer sobre otro héroe de la India que plantó solo millones de árboles
ante la desidia y el poco interés de las personas y organizaciones (Lee:
“Molai” el hombre que creó un bosque”).

¿Hay la
manera que el Premio Nobel en Ecología tenga el estatus de los que conocemos y
se entregan en Suecia?

Aquí va un
llamado para tú y yo que estamos leyendo este artículo en la comodidad de
nuestro medio.

Está bien,
no todos vivimos en el campo pero sí vengo diciendo que podemos hacer activismo
a nuestra manera.

Si tienes
redes sociales destina mensajes de tinte ambiental; si tienes un blog escribe
sobre la temática; apoya a las organizaciones que se dedican al cuidado del
medio ambiente, animales y demás (Greenpeace; WWF; Sea Sheperd; Nature
Conservancy y demás).

Estas
organizaciones se solventan en gran medida por los aportes voluntarios. Busca
en internet y apóyalas. A nivel local y nacional exige a tus políticos que
incorporen proyectos sostenibles ambientales. No hay peor pesadilla para un mal
político que no votes por él así que necesitamos una comunidad sensibilizada en
el tema que le ponga clara las cosas.

Premio Nobel
de Ecología

México y el
resto de nuestros países deberíamos promover condiciones y apoyo para estos
héroes.-

Me alegro
mucho por este héroe mexicano y por todos los otros galardonados porque nos
hacen notar que luchar por un mundo mejor es posible. Felicidades Jesús León
donde te encuentres.