17 abril, 2021

Moby Dick

Crónica de lectura

Cuarta parte

Jeremías Ramírez Vasillas

En esta cuarta entrega reseñaré las aventuras en la caza de la ballena, la faena que realizaban los balleneros para despojar a sus presas de todo aquello que tenía valor de mercado a mediados del siglo XIX, particularmente el aceite que se extraía dela cabeza del cachalote y de su cuerpo. Como la novela es muy descriptiva sobre lo que se conocía en este entonces de estos animales, Melville nos regala largos capítulos sobre cetología, que nos permite descubrir muchas cosas de estos magníficos animales, hoy en peligro de extinción y con restricciones internacionales sobre su caza, aunque todavía países como Noruega y Japón siguen cazando este animal.

XXIII. NUEVA CAZA DE OTRA BALLENA

Ahora son Stubb y Flask los que han ido tras una ballena y con tal acierto que logran cazar su segunda víctima. Muy pronto regresan al barco y empiezan la faena. En ese lapso de regreso discuten si el enturbantado Fedallah es en realidad la encarnación del diablo. Aunque no llegan a un acuerdo, ambos desean desaparecer a Fedallah y Stubb se dispone a tirarlo al mar al primer signo que confirme que es el máximo ser maligno.

XXIV. ¿CACHALOTE O BALLENA? ¿IGUALES O DIFERENTES?

Ismael, como ya hemos visto, es proclive a dar cátedra. Ahora, se vuelve a enfrascar en su ánimo pedagógico haciendo un análisis comparativo de las cabezas de ambos animales capturados que cuelgan a los costados del Pequod. El primero fue un cachalote; el segundo, una ballena. A esta altura de la navegación (y de la lectura) creí que ballenas y cachalotes eran lo mismo, pero cuando empieza a hacer este análisis comparativo me doy cuenta que no. Somos afortunados de tener internet. Hago una consulta rápida y encuentro en la página de Aquiarium Costa de Almería que “El cachalote (Physeter macrocephalus) es más pequeño que la ballena azul (Balaenoptera musculus). Mientras que ésta puede alcanzar 30 metros de longitud y pesar 180 toneladas, un cachalote macho puede medir sólo hasta 20 metros y superar apenas las 50 toneladas, en el mayor de los casos”. Por lo pronto, junto a Ismael, observo estas diferencias y semejanzas mientras ambas cabezas se tambalean a los costados del Pequod, y la faena sobre la ballena sigue su curso. La diferencia más evidente entre ambos, además de su tamaño, está en la cabeza: la del cachalote es chata y; mientras que la de la ballena azul es puntiaguda.

XXV. EL TONEL DE HEIDELBERG

Si revisan las imágenes del cachalote en internet pueden ver que su cabeza termina en una superficie plana. Dice don Ismael que es justamente esta parte frontal chata la que usa el cachalote como ariete con el que golpea a sus enemigos, humanos o no, y los hace pedazos. Es como una especie de martillo.

            Esta parte del cachalote (actualmente hay una serie de acuerdos internacionales de prohibición de caza de la ballena y el cachalote, pero en algunos países se sigue cazando, como en Noruega y Japón) era muy apreciada en el siglo XIX porque en su cabeza hay un depósito interno enorme, como una cisterna, llena de aceite. Melville compara este depósito con el gran tonel de recolección de vino del palacio de Heidelberg, en Alemania, cuyas dimensiones son de 7 metros de ancho, 8,5 metros de largo y con una capacidad de 222.000 litros. Actualmente este gran tonel ya no está en uso, pero en los siglos XVI al XVIII se utilizó para guardar el vino que se entregaba como diezmo. Según aproximaciones el consumo de vino en el palacio alcanzaba para 120 o 150 días, es decir, casi medio año.

            Ese depósito de aceite o espermaceti del cachalote tiene una capacidad similar al tonel del palacio alemán, es decir, más de doscientos mil litros, e Ismael nos describe la técnica que se usaba para extraer la mayor parte de ese líquido del cual, desafortunadamente, perdían una gran parte en la extracción.

De pronto, cuando los marinos del Pequod estaban extrayendo este aceite, Tashtego, el indio, que estaba en la parte superior del barco, sobre a cabeza del cachalote, realizando la faena, cae dentro porque una de las cuerdas que sostenían la cabeza se reventó y había pocas probabilidades de que saliera vivo, porque las demás cuerdas también se reventaron y la cabeza se precipita al mar. Quiqueg se lanza de inmediato a su rescate; rescate que Melville relata magistralmente. ¡Qué prodigio narrativo! Este es un pasaje lleno de intensidad y dramatismo. Aquí el autor muestra su enorme talento como escritor. Parece una secuencia de cine de acción y suspenso.

XXVI. LA JOROBA

Ismael regresa a la cátedra y ahora se pasa varias páginas hablando sobre las arrugas de la cabeza del cachalote, que él llama “la pradera” y luego se lanza sobre la nuez, es decir, la joroba: una prominencia que está entre la enorme cabeza y el inicio de la espina dorsal… Sobre este elemento elucubra un par de páginas, pero pronto viene de nuevo la acción.

XXVII. A PUNTO DE COMENZAR LA COMPETENCIA

Terminada la faena con la ballena y el cachalote, el Pequod vuelve a surcar el mar. De pronto se encuentra con el barco ballenero alemán, Jungfrau (Virgen), cuyo capitán, Derick, se acerca para pedirles que les regalen un poco de aceite, pues ellos no han cazado ni siquiera un delfín. Cuando regresan a su nave ven que un grupo de 9 ballenas se acercan. Y los balleneros de ambos barcos se lanzan en frenética competencia para capturar al cachalote que se ha quedado rezagado… ¿Quién ganara? ¿Los balleneros del Virgen o los del Pequod?

XXVIII. JUNGFRAU

Y ahí van las tres lanchas del Pequod y la de Jungfrau a toda velocidad tras la ballena que, dada su vejez, se va retrasando de la manada. La del Jungfrau lleva la delantera, pero las Pequod se van acercando peligrosamente. En poco tiempo le han dado alcance a la ballena, pero ¿quién logrará su captura? ¿Quién lanzará primero su arpón? Quien lo haga se quedará con la presa. Cuando el arponero del “Virgen” está a punto de hacer su lanzamiento, tres arpones pasan sobre la cabeza de éste y del capitán Derick. Los arpones de Quiqueg, Tashtego y Dagoo se clavan a la ballena y los tres, manejando con maestría sus líneas, luchan para vencer a su presa y lo logran. Lo remolcan al Pequod, pero cuando lo atan al barco para iniciar la faena, por el tamaño y peso enorme del animal, amenaza con hacer naufragar al Pequod, y no tienen más remedio que cortar las cuerdas sin que les dé tiempo arrancar algo de su riqueza. Su triunfo se hunde finalmente en el mar. Si se hubieran empeñado en retener a la ballena, el Pequod se hubiera ido al fondo del mar con ella.  De nada ha servido ganarle al Vírgen. NI modo, ya será para la próxima.

XXIX. GLORIA Y HONOR AL BALLENERO

Pasado este momento de acción vuelve don Ismael a sumergirse en las disquisiciones intelectuales primero tratando de conformar una agrupación de notables, como Perseo, Hércules, Jonás, San Jorge y Vishnú, como parte de esa pléyade de personajes extraordinarios que le han dado gloria y honor a los balleneros.

XXX. ¿ESTUVO REALMENTE JONÁS DENTRO DE UNA BALLENA?

Pero, en verdad, ¿es esto posible cuando aún los mismos nantucketanos dudan de la veracidad de la historia de Jonás? Si ellos, que saben tanto de ballenas, no creen, qué podemos creer nosotros.

Hay quien dicen que no es posible estar tres días en el vientre de una ballena sin que los jugos gástricos de ésta den cuenta del intruso. Pero Ismael trae a colación afirmaciones de ciertos clérigos y estudiosos que proporcionan ciertas hipótesis para asegurar que tal hazaña (la de Jonás) sea totalmente posible. ¿Podemos creer que se escondió en la boca o en una muela o en algún huequito por ahí y no bajó realmente al estómago? Ismael lo cree posible, pero yo no lo sé ni tengo forma de comprobarlo. Mejor vayamos a una nueva lección de cetología del maestro Ismael.

XXXI. LANZA BALLENERA, CHORRO, RESPIRACIÓN Y COLA DEL CACHALOTE

Y vuelve Ismael a enseñar. Ahora es el turno de las armas para caza. La principal es el arpón, pero no es el único; ahora nos dice que también usan la lanza, que es de menor longitud que el arpón, pero más pesada. En el Pequod el maestro de la lanza es Stubb.

Pero tan pronto termina con la lanza vuelve a sus clases de cetología. Ahora toca el turno al chorro que lanzan las ballenas y los cachalotes y cómo este vistoso chorro está ligado al sistema de respiración.

Por si no lo saben, las ballenas tienen un metabolismo aeróbico, es decir, tienen pulmones y toman el oxígeno del aire. Pero, como bien afirma Ismael, cada cierto tiempo tienen que subir a respirar hasta llenar su sistema con 70 respiraciones que les permite permanecer bajo el agua una hora, todo ello gracias a un sistema complejo de almacenamiento de oxígeno. Pero se pregunta si el chorro que lanza es agua o agua con aire o sólo es vapor. La ciencia de mediados del siglo XIX aún no tenía respuesta. Hoy sabemos que los cetáceos, como los delfines y las ballenas, salen a la superficie para expulsar un chorro de aire húmedo que contiene, entre otras sustancias, gases, vapor de agua y mucus. La función de esta acción es eliminar algunos productos de los procesos respiratorios tales como el dióxido de carbono.

Y termina su cátedra con un extenso discurso sobre las aletas y la cola, y el poder que tienen en esta arte de su cuerpo para atacar a quien la agrede, y cuyo poder es tan grande que puede destruir, incluso, el caso de un barco de madera, como los de aquel entonces.

Hasta aquí dejamos esta cuarta crónica de lectura. La próxima semana continuaré narrando de esta forma sintética lo que cuenta esta gran novela que todos los amantes de la literatura deben leer. Nos vemos en la quinta entrega.

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