Octavio Ocampo

General

Pintor celayense.
Entre muertos y despojos
la Huesuda presumía
ser de sus manos y ojos
la inspiración que él requería.
Octavio, pinta y repinta
Presidentes, divas y titerillos.
De dudosa fama extinta
se cuelan algunos pillos.
Ocampo rogaba a la muerte
cumplir su último deseo
a cambio de su vida y suerte
inaugurar su fasto museo.
La flaca le dio un año.
Se fue como un suspiro
y todo se fue al caño
en el ultimo respiro.
En flamante carroza gótica
camino al lustroso sepelio
el genio de la ilusión óptica
dibuja el último evangelio.

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