Lun. Sep 21st, 2020

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Ortografía religiosa

3 minutos de lectura

Por.- Enrique R. Soriano
Valencia
La mayoría de las
personas suponen que la palabra ‘dios’ siempre debe ir en mayúsculas. Incluso,
una me aseguraba que la habían instruido así en le escuela, que todo lo
relacionado a la religión debía enunciarse con mayúscula inicial. No es así, en
todos los casos. Por ello, me doy a la tarea de abordar hoy el tema.
El vocablo ‘dios’ es un
nombre común. Se aplica a la divinidad de cualquier religión. Por ello, no es
un nombre propio y, por tanto, debe enunciarse con minúscula inicial, salvo los
casos que señalaré más adelante.
Así podemos enunciar: «El
dios de los judíos…», «el dios de los cristianos», «Los dioses de los mexicas…»
o «el dios de los musulmanes». Evidentemente, aunque se refiere a uno en
particular en cada caso, es común a todas las religiones.
Ahora pongo un ejemplo
paralelo para identificar en los casos en que aplica mayúscula: «El papa
Francisco visitó México en 2016. En su visita el Papa…». En la primera ocasión
la voz ‘papa’ inicia con minúscula porque es nombre común (al menos a 264 papas
registra la historia como líderes de la cristiandad). Sin embargo, en la
segunda ocasión se enuncia con mayúscula porque mediante ese vocablo se hace
entender a uno solo: a Francisco. Se comprende  eso por el contexto. Este uso se le llama
mayúscula por antonomasia.
Aplicada esta regla a la
palabra ‘dios’, se enunciará con mayúscula inicial cuando haga sobrentender uno
en particular. Es decir, cuando un cristiano, judío, musulmán o de cualquier
otra religión cuando dice «Dios» se refiere al propio (Jesús, Yahvé o Alá). Por
tanto, se aplica la mayúscula.
En contraparte, ese
vocablo irá en minúscula inicial cuando acompañe a la deidad: «El dios Tláloc
señoreaba el Tlalocan».
Por esta misma razón,
todos los cargos religiosos iniciaran con minúscula: sacerdote, obispo,
prelado, cardenal, nuncio; ministro, rabino, imán, yihad, etc.
Ahora, la palabra
‘iglesia’ también es nombre común. Debe enunciarse con minúscula,
particularmente cuando se aplica a algún templo o construcción destinada al
culto. Pero si mediante ella se hace entender la congregación de fieles y
ordenados (ministros, monjes, diáconos, etc.), entonces se enunciará con
inicial mayúscula.
En el caso de la religión
cristiana, la palabra ‘santo’ y su apócope ‘san’, por ser común, debe
escribirse con minúscula. Así, san Agustín, san Pedro o san Juan Pablo II debe
iniciar con minúscula. 
Caso diferentes si se trata del nombre de una iglesia o
de una calle. En ese caso, pasa a ser el nombre propio y queda como San
Agustín. La misma lógica aplica para las vírgenes. Y en ese tenor también están
los evangelista: «El evangelista Juan, en Revelaciones, nos advierte de…».
Por supuesto, los
elementos que intervienen en los ceremoniales son también nombres comunes: la
hostia, la patena, el cáliz, la custodia, etc.
Los libros sagrados son
nombres propios: Biblia y Corán. Sin embargo, si alguien se refiere al impreso
que posee, entonces aplica minúscula. Es decir, si alguien dice «En mi biblia
tengo señalados los pasajes más importantes», se escribirá con minúscula biblia
porque ya no se refiere al libro sagrado, sino a su ejemplar.
Los nombres de las
fiestas religiosas también se escriben con mayúscula al iniciar porque son
nombres propios: Navidad, Yom Kippur, Ashura.

En conclusión, es inapropiado
indicar que todo lo relacionado con la religión se debe escribir con mayúscula
inicial por razones de respeto. Se trata de vocablos equiparables a cualquiera
otro y las reglas ortográficas son generales, no excepcionales. 

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