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Enrique R. Soriano Valencia
El vocablo
‘patria’ nos viene del latín. De forma original, estaba integrado por dos
vocablos: terra patria. Es decir, ‘la
tierra o lugar de origen de mi padre’; pero en sentido último era el lugar
donde se encuentran las raíces de la persona que lo enunciaba. Desde la
aparición de la sociedad, la pertenencia a una familia (identificada como la
del padre; hoy lo hemos heredado por el apellido) era elemento distintivo. Con
el paso del tiempo, el concepto en dos vocablos perdió la primera parte, pero
mantuvo el género femenino, y solo quedó en la segunda voz. En forma moderna,
el Diccionario de la lengua española
(el oficial) indica: «Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la
que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos».
Esta
palabra ha dado origen a diversos vocablos. De esta derivan ‘patriota’ (persona
que profesa amor a la patria y que procura su bien), ‘patriotismo’ (amor a la
patria) y ‘patriotero’ (persona que alardea de amor a la patria y de forma
inoportuna de patriotismo).
Historia de
patriotas y de patriotismo abundan en cada nación. Algunas de ellas reflejan no
solo la valentía de quienes arriesgaron su vida, sino también visiones
grandiosas para la nación a la que pertenecieron. En nuestro país la más
antigua corresponde a Tlacaélel. Sobre él, sin ser el tlatoani (vocablo que
algunos historiadores traducen como equivalente a emperador), se fundó y
reformuló la visión de Nación Mexica. Una vez conseguida la independencia de
Azcapotzalco, fue el consejero de varios tlatoanis. Entonces, consolidó el
rostro y el corazón (la personalidad) de esa nación.
No menos
importante están las historias de miles de personas que han aportado pública o
privadamente actos que marcaron el rumbo de la nación. Hechos de verdadero
patriotismo abundan.
A Vicente
Guerreo, el último de los líderes de la Independencia, las condiciones no le
eran en absoluto favorables. El movimiento independentista parecía ya sin
futuro. El virrey Juan Ruiz de Apodaca, entonces, concedió indulto a todos los
alzados y también les ofreció un lugar en el Ejército Real. Muchos se
acogieron; Vicente Guerrero, no.
En un
segundo intento, el virrey de Apodaca pidió la intercesión de don Pedro
Guerrero, padre del insurgente, para convencerlo de que depusiera las armas.
Reunido con sus lugartenientes declaró: «Señores, este es mi padre que
ha venido a ofrecerme el perdón de los españoles y un trabajo como general
español. Yo siempre lo he respetado, pero la Patria es primero». Esta última frase ha sido colocada en lugar
destacado en el Senado de la República para tenerlo siempre presente. La patria
es primero; esta frase, presuntamente, guía la conducta de quienes en el senado
se reúnen. 
Generada
por las condiciones económicas actuales, muchos funcionarios han reducido su
sueldo. ¿Patriotismo o patrioterismo? Honestamente, algunas reacciones me dan
la impresión de lo segundo. Podría tener mejor impresión si todos los partidos
políticos asumieran la decisión de reducir el número de diputados federales.
Podría ser proporcional, para no ceder ante sus adversarios. Eso sería una
actitud patriótica; porque la declaración de un senador indispuesto a bajarse
el salario al asegurar que en menor cantidad se vería obligado a robar, me da la
impresión de patrioterismo. El senador aludido fue secretario del Trabajo. Me
parece que tiene suficiente consciencia que el 99% de los trabajadores de este
país ganan mucho menos que él. Entonces, ¿ello justificaría que el resto de
mexicanos robaran? ¿Dónde quedó el discurso patriótico de los partidos? Eso me
convence que la mezquindad mueve algunas de las medidas adoptadas, un acto de
patrioterismo y no un verdadero amor a la patria. 

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