Dom. Sep 27th, 2020

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Perversión política arruinó la reforma educativa

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Por: Miguel Alonso Raya
Presumida por el gobierno de Enrique Peña Nieto como una de
las acciones prioritarias y emblemáticas de su gobierno, la reforma educativa
difícilmente podrá alcanzar los objetivos planteados en este sexenio por la
perversión política y la ineficiencia con la que fue instrumentada y porque en
el Proyecto de Presupuesto de Egresos 2017 prácticamente la han dejado sin
recursos.
El Programa de la Reforma Educativa, que tiene como objetivo
mejorar las condiciones de 20 mil escuelas de nivel primaria y secundaria,
sufrirá un recorte del 71.8 por ciento, ya que de 7 mil 607.7 millones que
recibió el año en curso; para 2017 sólo contará con 2 mil 141 millones de
pesos.
De un total de 23 programas de la Secretaría de Educación
Pública que están vinculados a la reforma, 19 de ellos sufrirán recortes o de
plano no contarán con dinero alguno.
Por ejemplo, el Programa de Escuelas de Tiempo Completo que
amplía la jornada escolar a seis u ocho horas en algunos casos y que contempla
diversas actividades para los alumnos, como la enseñanza de inglés, música o
actividades deportivas; recibirá 10 mil 61 millones de pesos, lo que implica
11% menos de lo que tuvo este año.
El Programa de Inclusión y Alfabetización Digital que la SEP
puso en marcha para mejorar las condiciones de estudio y reducir la brecha
digital y a través del cual se entregaron tabletas a niños de quinto y sexto
grados de primaria, no tendrá ni un peso para el próximo año.
Otras acciones prioritarias para la buena marcha de la reforma
también sufrirán recortes como el Programa para el Desarrollo Profesional
Docente, destinado a la formación continua de maestros de educación básica y
media superior que “tiene un recorte de 37 por ciento, al pasar de 2 mil 645
millones en este año a 1 mil 654 millones para 2017.” (Mural, 09/09/2016)
Es decir, a reserva de lo que finalmente se apruebe, el
sector educativo es uno de los más castigados en el esquema de reducción
presupuestal del Proyecto de Presupuesto de Egresos que Peña Nieto envió a la
Cámara de Diputados.
La Secretaría de Hacienda planteó un presupuesto a educación
de 711,517.9 millones de pesos, lo que significa una reducción de 4.8% menos
que el presente ejercicio fiscal.
En la vorágine del recorte presupuestal, la SEP aparece como
una de las más afectadas. Se propone que para 2017 esta dependencia cuente con
265 mil 704.2 millones de pesos, lo que representa 10.6 por ciento menos de lo
que obtuvo este año.
En contrapartida, otros rubros no indispensables para el
desarrollo del país se beneficiarán con incrementos de recursos como es el caso
de la deuda pública porque ante la turbulencia del entorno económico mundial y
las deficiencias de la política económica, el gobierno federal ha recurrido al
endeudamiento.
En este momento la deuda representa el 50.5 del Producto
Interno Bruto nacional, según confirmó el secretario de Hacienda, José Antonio
Meade, en su comparecencia ante la Cámara de Diputados el jueves pasado.
En la recta final de su mandato, Peña Nieto prácticamente
está desahuciando económicamente la reforma que promovió, presumió y defendió a
capa y espada en sus cuatro primero años, a pesar de los malos resultados
producto de una pésima operación, del despilfarro de recursos, mala planeación,
corrupción y por la incapacidad, autoritarismo y soberbia que han exhibido los
dos secretarios de educación pública de esta administración.
Muchos ejemplos podrían explicar la adversidad que hoy
enfrenta la reforma que mejor fue aceptada por la sociedad y que hoy está
entrampada en un conflicto magisterial y social al que las autoridades no han
podido encontrar una salida y que desafortunadamente ha costado la pérdida de
vidas humanas.
Una muestra es el empeño gubernamental de imponer una
evaluación unilateral, descontextualizada, estandarizada y punitiva; lo que
entrampó y desgastó la reforma.
Hoy, el Instituto Nacional para la Evaluación de la
Educación ha anunciado el replanteamiento del proceso de evaluación
reconociendo las irregularidades e insatisfacciones que ha generado y aceptando
que “si no sirve para mejorar, entonces no tiene sentido”, como lo dijo la
propia Sylvia Schmelkes, titular del instituto. (La Jornada, 18/08/2016)
La reforma que tenía como objetivo fortalecer la calidad de
la educación en el país en los hechos ha sido arruinada por la obstinación de
Peña Nieto de utilizar la SEP, una de las dependencias que más recursos
públicos recibe, de plataforma para colocar a Aurelio Nuño como uno de los
aspirantes del PRI a la presidencia de la república.
Esta intención evidentemente ya fracasó, pero contaminó
irremediablemente la política pública que en materia de educación ha pretendido
impulsar esta administración.
El gobierno federal se empeñó en dinamitar la reforma no
sólo buscando obtener una rentabilidad política de la misma sino permitiendo
que organizaciones privadas, como las aglutinadas en Mexicanos Primero,
denostaran y debilitaran la educación pública y promovieran campañas de
descalificación contra los maestros.
Por omisión o complicidad las autoridades han sido cómplices
de los autores de esta estrategia que en el fondo buscan propiciar condiciones
para hacer negocio ya sea beneficiándose de los recursos del erario destinado
al sector educativo o través de las escuelas privadas.
En los hechos, el Ejecutivo Federal está dejando caer la
reforma. Resulta incongruente que mientras el secretario de Educación Pública
alardea que no habrá marcha atrás en su implementación; el Ejecutivo Federal le
quité más del 70% de su propuesto.
Queda claro entonces que la preocupación de quienes ahora
gobiernan no fue preservar la escuela pública, fortalecer la calidad de la
educación, mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje, modernizar el sistema
educativo ni garantizar el derecho a la educación; sino el control del magisterio
y el beneficio de su partido y de su grupo de amigos.

Sin embargo, a dos años del término de su mandato, esta
perversión ya hundió a Peña Nieto, Nuño y su mal llamada “Reforma Educativa”.

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