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G. Saúl García Cornejo.

EPN, se va y, AMLO llega. En el ciclo constitucional del ejercicio del poder público del representante formal y a la vez material del Poder Ejecutivo. Cada uno con su propia personalidad, más allá de percepciones encontradas, difusas o antagónicas.

Características comunes, las hay desde lo simplemente constitucional hasta la expectativas que cada cual despertó en su oportunidad histórica-electoral, así mismo el inicio y final de un ciclo temporal. Y tal situación no es ni ha sido privativa de los aludidos. En México ya es costumbre social creer que en cada coyuntura política sexenal, igual –y es cierto, se cumpla o no- se abre alguna oportunidad de desarrollo, de crecimiento, de respeto a las Instituciones, etc., “el ahora sí”, para después “el ya merito”, o “para eso me gustaba”.

De ello, es realista la frase de EPN en su “despedida”: “Las responsabilidades son pasajeras, el amor a nuestro País es permanente.” Sin importar si ésta ha sido de su autoría y menos aún, si en verdad ésa es su visión. Misma que de cualquier modo para desgracia, ha sido rebasada por su actuación y en particular por la visión que prevalece y así será por el tiempo en que éste político sea recordado: Mal gobierno, o fallido.

En contraste con su sucesor que llega con bombo y platillo, y para algunos incluso, en forma contradictoria con lo que había venido desplegando antes de ser presidente electo y ahora, por supuesto, constitucional.

Otra verdad la encontramos en el mensaje del “adiós” de EPN: Qué vivimos en un País en que no hay uniformidad de opiniones o criterios o visiones. Lo que en sustancia es un elemento de la democracia.

Aunque habrá que complementar ésa idea aceptando que sí hay varios caminos “para llegar a Roma”, pero que todos, precisamente, deben llegar a su meta: El bien común para los mexicanos y, sobre todo, con respeto al Estado de Derecho.

Peña Nieto, tal vez lo quiso, lo soñó, lo intentó, pero se perdió en veredas sinuosas y la última muestra en el ocaso de su vida pública: La medalla “Azteca” al yerno del inefable Mr. Trump, que disque por haber sido “pieza clave” para la firma del nuevo tratado comercial trilateral. De risa o de preocupación, si vemos el fondo: ¿Para qué un cabildero como ése y, más, cuánto nos costó? La corrupción hasta el último tramo.

¿Qué nos depara don Andrés Manuel López Obrador, en el devenir de su ciclo sexenal?

Al menos hasta éste momento no hay nada concreto sobre algún proceso trianual que vaya a cualificar o calificar sí AMLO se queda o se va, llegada la mitad de su ejercicio. Lo que si tenemos es un abanico que no acaba de desplegar y ya motiva controversia, dudas razonables y expectación, y en algunos casos un compás de espera para ver que decisiones tomar, una vez que se vaya asentando el nuevo gobierno federal.

Un “adiós” a EPN, con gran carga de decepción de los mexicanos. Un “pásele a lo barrido” literal, pues al ser “año de Hidalgo” –con todo y el “virtual perdón a los corruptos”, anunciado por AMLO- la situación se va a complicar sobre todo para el “plan de “austeridad republicana”, es decir habrá “choque de trenes” de un propósito de ahorro presupuestal, con la realidad y sobre todo con los intereses creados de una burocracia de élite, respondona, que no se aclimatará nomás porque lo diga el Presidente entrante.

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