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G. Saúl García Cornejo.

Hemos escuchado –en realidad hasta llegar al fastidio- una ola de ataques a los candidatos a la presidencia de la República, en particular contra AMLO y sus propuestas, así como dirigidas a uno que otro de sus allegados o invitados al proyecto López-Obradorista.

Sin embargo, se ha visto que tal estrategia resultó a la larga, todo lo contrario a sus fines destructivos, es decir, en realidad fortaleció al candidato de MORENA y luego de la coalición “Juntos Haremos Historia”.

Para los estudiosos o conocedores de la psicología, hay un método llamado “psicología inversa” usada con fines un tanto soterrados para lograr una reacción contraria mediante la provocación de ciertos usos, costumbres, idiosincrasia o creencias populares y así persuadir  a los sujetos a quienes vaya dirigida tal “campaña” ya política o mercantil, incluso religiosa.

Uno de los precursores de otro método: “La psicología de masas” muy usada en política, se dice fue Joseph Goebbels, responsable del Ministerio de Educación Popular y Propaganda, creado por Adolf Hitler a su llegada al poder en 1933. Se ha insistido se basaba en 11 principios: 1.- Principio de simplificación y del enemigo único. 2.- Principio del método de contagio. 3.- Principio de la transposición. 4.- Principio de la exageración y desfiguración. 5.- Principio de la vulgarización. 6.- Principio de orquestación. 7.- Principio de renovación. 8.- Principio de la verosimilitud. 9.- Principio silenciario. 10.- Principio de la transfusión. 11.- Principio de la unanimidad. Sería larga la explicación de cada principio, sin embargo, algunos puntos merecen ampliar su intención: (3) La “transposición” consiste en achacar los propios errores, vicios o defectos, hacia el adversario (“si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que distraigan”); (4) “Exageración y desfiguración”, supone el manejo de cualquier situación –aun la anecdótica- en un asunto grave o peligroso;  (5) La “vulgarización”, es dirigir la propaganda a estratos de personas poco instruidas o menos inteligentes, quienes se supone no realizarán mayores esfuerzos intelectuales y creerán todo lo que se diga y sobre todo “olvidan” pronto;  (6) La “orquestación” –tal vez la más famosa fórmula- que consiste en repetir en forma ilimitada pequeñas ideas desde diferentes ángulos siempre con el mismo concepto: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”;  (10) La “transfusión”, que consiste en propagar, desde un concepto preexistente (Mitos, idiosincrasia, creencias populares, prejuicios, odios, miedos, etc.) ciertas posiciones sociales, políticas, religiosas, para que se queden arraigadas y, (11) La “unanimidad”, para hacer creer que “todos” pensamos o debemos concluir lo mismo. Alguna coincidencia con la guerra sucia electoral actual, es “casual”.

Para algunos, Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, perfeccionó técnicas de persuasión dirigidas a las masas humanas, ahora llamada “opinión pública”. Dirigidas pues, al “subconsciente colectivo”. También se le llamó  “padre de las relaciones públicas «, en sus momentos más álgidos asesoró a presidentes estadounidenses, como Coolidge, Eisenhower, Hoover y Wilson, al inventor Thomas Alva Edison, o, al polémico industrial Henry Ford, igual a la primera dama Eleanor Roosevelt.

Trabajó también en áreas comerciales como la CBS, Procter and Gamble, la American Tobacco Company, y la United Fruit Company, que con la CIA dio el golpe de estado en 1954 al presidente de Guatemala.

Sus métodos fueron influenciados por el psicólogo francés Gustave Le Bon, cuyas investigaciones se dirigieron a las emociones subconscientes del público, en franca oposición al debate racional o intelectual. (Fuente: josefacchin.com y conjugandoadjetivos.com)

Los ataques orquestados contra de algunos políticos, en particular en contra de AMLO, son un verdadero “terrorismo político”. ¿Cuántas cosas de las que se dicen en contra de algún político, son bajo el sistema de los propagandistas mencionados? Todas, en mayor o menor grado. Por ese sólo hecho tendencioso, se deben tener como no confiables y ser desechadas.

Basta con ser un poco observadores de los movimientos o estrategias de López Obrador, vemos que está concertando, creando o consolidando acuerdos con aquéllas “fuerzas” que la propaganda se viene encargando de poner como antagónicas. Es decir, que AMLO sabe que no podría gobernar si quisiera ir “solo” y que sin perjuicio político, tampoco es un fanático de la izquierda. Eso está probado desde su tiempo de gobernar en el D.F., hoy ciudad de México, en que supo concertar con empresarios de alto calado y salir bien librado contra los “pronósticos propagandísticos” dados.

¿No lo creen así, estimados lectores?

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