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Gabriel Ríos
Ocho de cada diez [email protected] se
truenan los dedos ante la mala situación socioeconómica de nuestro país. Cada
pobre [email protected] podría exigir 52 mil pesos anuales, cada persona pobre a secas
podría exigir 34 mil pesos anuales y cada persona en vulnerabilidad social podría
exigir 17,400 pesos anuales al gobierno, para empezar a cerrar la brecha de
desigualdad de ingresos y poder de compra y todos podrían exigir educación de
calidad (interpretando estadísticas sociales, demográficas y económicas
publicadas por INEGI 2016).
Lo anterior le costaría anualmente
al gobierno de México 2.7 billones de pesos, para repartir a 93 millones de
[email protected] en desventaja; se darían directamente en efectivo 2.074 billones de
pesos, e indirectamente 0.436 billones de pesos para educación. Los restantes
2.5 billones de pesos del presupuesto se destinarían a gasto e inversión,
incluyendo el pago de deuda pública, relativamente fácil de renegociar a partir
de nuestras reservas monetarias y calificación crediticia.
El dinero entregado a los
desprotegidos, se convertiría de inmediato en ventas potenciales ADICIONALES
para los negocios privados (y más empleos directos e indirectos). Pregunten a
los industriales y comerciantes si no les agradaría recibir ese dinero en forma
de ventas y pregunten al gobierno si no querría recibir, en forma de impuestos ADICIONALES
de esas ventas, un 3% al ingreso  y un 8%
de IVA (llevando a $ 2.726 billones el total para gasto e inversión). Además,
los salarios de los nuevos empleos también generarían ingresos fiscales a
estimar. Los rateros, por su parte, se tendrían que poner a trabajar y los
rentistas bajarían sus ingresos porque la población podría aspirar a tener
vivienda propia.
Si el pueblo de México exige lo
que le corresponde y se lo dan, no tendrán los rateros modo alguno de robar. Si
no se lo dan, entonces quedarán en evidencia los rateros y sus cómplices. Así
que hay que empezar por informar estas cifras a las personas necesitadas e
invitarlas a que las exijan y no se conformen con las migajas que los políticos
de las espeluznantes coaliciones les dan u ofrecen para comprar sus votos.
Con el voto, mientras más
participación popular haya, más difícil será meter boletas falsas (que ya se
están fabricando). En términos de ingreso, mientras más dinero reciba
directamente el pueblo, menos habrá disponible para robar. Desde 1946 con
Miguel Alemán, hasta 2018 con Peña Nieto, han transcurrido 72 años de aprovecharse
de la ignorancia y miseria del pueblo. No se necesita ser socialista sino saber
cómo está la jugada y reclamar lo que nos corresponde.
¡Las cifras de dinero por
persona incluyen desde los recién nacidos hasta los ancianos moribundos!
Dad al pueblo lo que es
del pueblo y no os preocupéis por [email protected] que ya tienen de sobra para vivir a
sus anchas.

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