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Gabriel Ríos

Aunque no hayamos estudiado
Física, la intuición nos dice que empujar algo pesado cuesta trabajo, o que si
le echamos pleito a alguien, es posible que nos responda de igual modo. Esa es
la tercera Ley de Newton: a toda acción corresponde una reacción de igual
magnitud y sentido contrario (“lo que resiste apoya” dijo Don Jesús Reyes
Heroles, padre de la actual democracia electoral).
En todas las campañas, ya sea en
eventos públicos o en debates televisivos, [email protected] [email protected] [email protected] saben, pero no confiesan,
que el querer arreglar todo lo que está chueco va a encontrar la resistencia de
toda persona que actualmente se beneficia de esa “chuecura”. El narco, el
burócrata que pide moches, el politicastro que quiere seguir viviendo del
erario, los contratistas avorazados y todos aquellos que medran con el caos
actual, toda esa caterva ya tiene pensado qué hacer para no perder sus
privilegios y para no quedar detrás de las rejas al quedarse sin “padrinos” y
sin hueso.
Ese es el tema que deberíamos
escuchar de parte de [email protected] [email protected] y no el periqueo volátil de “vamos a acabar
con la corrupción”. Hasta acá escucho las carcajadas de los picapleitos
(abogados), que se llevan pingües honorarios al cohechar testigos, ministerios
públicos y jueces para ganar pleitos legales: simplemente van a seguir
aprovechando la ambición humana. También alcanzo a escuchar a algunos
empresarios, quienes entre trago y trago de bebidas caras y mordisco y mordisco
de cortes americanos en restaurantes “pomadosos”, recuerdan la frase achacada
al Gral. Alvaro Obregón de que “no hay general que aguante un cañonazo de 50
mil pesos” (quizá unos 50 millones de pesos de hoy en día y a la mejor me quedo
corto).
La corrupción y la impunidad,
personificadas en quien sea, se están defendiendo, desde ya, con todo lo
necesario, y Newton le puso nombre a ese juego desde hace 400 años. Si de
verdad alguien quiere remediar esto, aunque sea parcialmente, tiene que
negociar con el enemigo, pero dándole beneficios compensatorios sobre lo que
debe ceder. El más cercano a este enfoque es AMLO, aunque no queda claro si ya
tiene preparados el “remedio y el trapito” para la negociación, porque la misma
se debe hacer a la vista de todos los mexicanos y no en lo “obscurito”
Para muestra dos botones. 1º. El
régimen comunista de China abrió las puertas al que se suponía era su peor
enemigo: el capitalismo. Si bien su vertiginoso y sostenido éxito ha traído
algunos saldos negativos, todo indica que es campeón no solamente del
crecimiento socioeconómico, sino además del desarrollo sustentable a nivel
global. 2º. Hitler y el nazismo no murieron en la 2ª. Guerra mundial sino que
negociaron con judíos y norteamericanos; lo otro es argumento de películas.
De hecho, la corrupción y la
impunidad son, en esencia, negociaciones perversas. ¿O no, Sir Newton?

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