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Gabriel Ríos
Un maestro, chilango de origen y
catedrático de la U. A. de Querétaro, da cuenta de varios asuntos importantes
sobre la verdad de Anaya y Meade, en el primer caso con el petróleo y las
gasolinas como eje de análisis y en el segundo como el trabajo homosexual para
ganar posiciones políticas.
¿De qué sirve poner datos duros
sobre la mesa, si una buena parte de la población de millones de jóvenes
mexicanos en edad de votar y decidir no se enteran de ellos? Normalmente, este
tipo de informaciones son para universitarios y estudiantes de posgrado, pero
el resto de los jóvenes prefieren sumergirse en sus teléfonos celulares
inteligentes (Smart phones) y escuchar el canto de las sirenas (Idiotic ears).
Alguna persona me comenta que lo
que puede hacer triunfar a AMLO es el hartazgo ciudadano. Yo pregunto:
¿Cuántos mexicanos adultos
sufrieron los embates de Tlaltelolco 1968, IPN 1971, devaluación de López
Torpillo 1982, caída mortal de la bolsa de valores de En la Madrid 1987,
chapuza electoral de Salinas de Gortari 1988, FOBAPROA de Zedillo 1995,
mentiras del analfabestia Fox 2000, guerra narcótica del cascarrabias “doble-A”
Calderón 2006 y delfinato inepto y desastroso de Peña Nieto 2012, como para
sentir hartazgo?
Si no has pasado por una o más de
estas amargas idioteces, es probable que seas un chavo a quien lavarle el
cerebro con una “sonrisa juvenil” sea lo más fácil del mundo.
Lo siento por ti, porque no tienes una
familia que te oriente y te haga notar que estás vendiendo tu futuro a precio
de estiércol. Espérate unos cinco años y lo comprobarás, sobre todo si no te
quieres tomar la molestia de asumir tus responsabilidades, la primera de ellas
estudiar con ahínco. De las demás responsabilidades ya ni hablar. “leider”,
“dommage”, “pity”, “lástima”.

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