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Velia María Hontoria Álvarez

¿Te acuerdas cuando me mandaste por primera vez a la escuela? Me parece irreal que me subiste en un urbano, me diste la bendición, soltaste mi mano para sin más encargarme con el chofer. Pensé que lo había soñado, tanta ha sido la preocupación y ocupación casi obsesiva de la seguridad que tengo para cuidar de los míos que no quería creerte; más me lo repetiste tanto y con tanto orgullo, que terminé creyendo la historia esa.

-Señor la baja en la esquina, ella sabe a dónde llegar.

Tendría, ¿cuatro o cinco años? No lo sé, más sí sé que ya confiabas en mí, en tu amada Celaya en tu querido México. Me miraste un día al escribir usar la mano izquierda, con determinación dijiste: las niñas bonitas usan la otra. Con mucho interés y fuerza me quitaste “la mala maña” para después decirme: mira que chistoso, usas las dos para mover la masa ¿cómo le haces? Nunca pude responder esa incógnita que tanta gracia y asombro te causaba. Descubrí que esa treta de niña fea, me daba ciertas ventajas que con solo observar y dedicar podía ampliar, amé el error para de nuevo dejar de felicitar la gracia cuando dijiste: ¡ay¡ Cacho me acabo de enterar, mira que tonta lo tuyo es así y yo dándote guerra, pero ¡quedaste re bien!  Y así fue que esa voluntad obstinada por quererte agradar me llevo a superar obstáculos, supe que vivir escurriéndome en pisos enjabonados formaban parte de la treta para evitar la caída. Leer, investigar, curiosear, aprender, sacarles a todos los maestros el jugo hasta dejarlos secos fue lo que me hizo desear inscribirme un día a la licenciatura; sé que te causaba gracia y cierto enojo el que me alejara por unos años para seguir aprendiendo; más al final, siempre tu deseo de no tener burros con orejas, te convenció para soplarme con ganas y me dejaste ir.

¿Qué dirías ahora que más de nueve millones de chicos ansiosos, curiosos, incipientes sabios que no se inscribieron al ciclo escolar?  El número me asusta, pues son tantos que si multiplicamos sus vidas en un año tú y yo nos perderíamos en la neblina del olvido. ¿Qué harán todos esos chicos? ¿se quedarán quebrados? ¿Qué caminos decidirán? ¿volverán algún día a ansiar tener libros?  ¿serán azotadas sus espaldas por la severidad del sol, sus ojos terminarán cegados en las tundras oscuras de las naves y las minas? ¿serán delincuentes?  ¿soplarán como el burro  la flauta por casualidad? ¿se perderán en las calles de la miseria, de los vicios? ¿serán políticos y regidores, alcaldes o gobernadores? ¿presidentes o jefes de la mafia? No lo sé, la incógnita me duele y pega duro al corazón. Dime ¿cuán difícil hubiera sido poner puntos de control, higienizar escuelas, aulas, desplegar turnos, abrir catedra en jardines, dejar que la imaginación volará para continuar sembrando en esas mentes fértiles? Mmm sí ya sé, había que dejar de regalar despensas, desnutrir a los “sonsentidos” ninis , abandonar la estupidez de moliendas grasientas con un petróleo que quien sabe a quién le sirve, pues aquí, las motos y los coches jalan con gasolina que apenitas produce el país. Hacer eso, era apostar a la transformación que con la educación anhela, exige, vigila controla y eso a estos bastardos no les conviene, más te cuento, Blancalicia Martínez anda regalando libros, va a las comunidades y en las colonias organiza círculos de lectura enseña y aprende. No me preguntes cómo es, no la conozco, dicen que es de Jalisco, maestra, amiga de Tere, supe de ella en una página del face más -creo- ella es como tú, anda buscando decirles a los niños:  en una de esas, con la bendición de Dios y muchas lecturas salen bien.

¡Felices Pascuas!

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