Redacción de leyes

General

Por.- Enrique R. Soriano Valencia
 

Toda persona en sociedad debe seguir
normas para mantener una convivencia armónica. Esas normas pueden estar escritas
(las jurídicas) o no (las morales y de trato). La complejidad de las relaciones
sociales ha obligado a la propia sociedad a tener un grupo de personas que
enuncien estas reglas de convivencia. De esta forma, la propia sociedad, acorde
con sus expectativas y tradición, establece los marcos en que debe darse el
encuentro entre individuos. Con ello, se busca justicia y equilibrio en la
relación entre ciudadanos y su entorno social. Por ello todo –o casi todo– se encuentra normado formalmente. Y
como las relaciones y encuentros entre personas pueden tener infinidad de
alternativas, el cuerpo normativo es muy extenso. Prácticamente cualquier
acción o actividad que tenga relación con otra persona o grupo, ha requerido de
condiciones de vinculación.
El problema es qué tan claras y
comprensibles para el propio individuo han sido enunciadas esas normas. ¿Fueron
redactadas para que facilitar el acceso de los involucrados en los supuestos
que contemplan?, ¿o sólo hubo la preocupación por cubrir la falta normativa y
hacerla coincidente con el resto de ordenamientos? Los legisladores –además de claridad y precisión para evitar malas
interpretaciones– ¿han cuidado que sean asimilables? Tengo
la impresión que no se toma en cuenta mucho al destinatario.
Originalmente, las leyes eran
expuestas para que todos tuvieran conocimientos de cómo debían comportarse. La
reglamentación era dictada para que la propia población las conociera.
Evidentemente, si es confusa o el tipo de vocablos son muy complicados, el
ciudadano no las entenderá. Su cumplimiento, por tanto, podía ser nulo.
El Código Hammurabi es
quizá la norma más antigua conservada (Mesopotamia, 1760 años antes de Cristo).
La forma de enunciar cada una de sus 282 leyes es directa, específica, concreta
y breve. Aunque dirigida básicamente a quienes debían impartir justicia, a la
población no quedaba lugar a duda a lo que se enfrentaría si no actuaba acorde
con lo establecido.
En la antigua Roma, incluso, las
normas eran anunciadas en voz alta fuera del Senado, para que todos los
ciudadanos pudieran conocer sus obligaciones y derechos. Es decir, la redacción
respondía a que el ciudadano común la entendiera. Los jueces y abogados debían
trabajar con base en documentos para todo público, nada extraños al habla.
Las leyes no deben ser sólo
comprendidas por los especialistas. Su redacción y su estilo deben
caracterizarse por su sencillez y precisión. Así se propiciará que la sociedad
acate lo que entiende y no se desenvuelva temerosa de un ambiente
incomprensible. Aspiración superior es desear que la norma sea entendida por
todos para actuar y desenvolverse como es debido.

Los partidos políticos
deberían formar o capacitar a sus cuadros destinados a regidurías y
diputaciones.  Si las leyes se
enunciaran con la debida precisión habría menos gastos en pleitos
interpretativos.

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