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G. Saúl García Cornejo.

La ruta política marcada en campaña por el Presidente de la República, en el anunciado combate frontal a la corrupción y al neoliberalismo de los regímenes inmediatos, salió de nuevo en sus discursos del 1 de diciembre, en la toma de posesión constitucional y en la máxima palestra nacional, el zócalo de la ciudad de México. Lugares emblemáticos, el primero, formal, protocolario –en donde hemos visto llorar a un presidente- y el segundo, lugar de reunión cívica, de diatriba y protesta, políticas –sin olvidar al hoy titular del Ejecutivo Federal, que años ha, también hizo reclamos políticos-

El tono fue similar en ambos momentos. EPN batido y abatido ante un Congreso General un tanto indiferente con éste último. En la gran plaza capitalina, el Pueblo y López Obrador, como pez en el agua, desbordados.

Un anuncio esperado: ¡Justicia resarcitoria!  Será al nuevo estilo, bajo “consulta” al Pueblo. Esperamos que mejore el método, de por sí, perfectible como es lo distinto y novedoso. Para saber lo sabido: Qué los expresidentes sean indagados y enjuiciados. Con una premisa urgente que no se dijo, aunque puede ser implícita, debe ser explícita: Que reparen el daño a la Nación.

No es difícil entender para los mexicanos, lo que ha sido determinado por el lenguaje legislativo a modo, difuso: “enriquecimiento inexplicable”. La escalada de algunos expresidentes, al mundo de los más ricos, todo el Pueblo lo sabe. La sustracción soterrada o descarada de los dineros públicos, los negocios bajo tráfico de influencias, de la corrupción política, de los “moches”, del nepotismo; son hechos públicos y notorios. Que por ello, en derecho, no necesitan demostrarse, aunque los presuntos tienen la oportunidad de acreditar el origen lícito, si lo hay.

¿La “casa blanca”, los “depas” en Miami; el “ranchito” –antes en quiebra- en San Cristóbal, Gto., o el “Centro de Convenciones” en el mismo rumbo y del mismo dueño, cómo se explican?

Ah, y los “mueblecitos o las pinturitas” que estaban en Los Pinos, ahora en casas o ranchos particulares… Bueno, nos falta imaginación para describir bienes, joyas y hasta manteles, eso pasa porque la mayoría somos bien nacidos, no truculentos.

Claro, podrán decir, como el Apóstol Tomás: “Ver, para creer” o algo así. Al Pueblo le pueden “ocultar” evidencias, pero no lo harán tonto. Menos cuando la vanidad y la desfachatez, les gana a los “políticos” implicados, o sus consortes.

Es momento de que los mexicanos seamos resarcidos. No es “venganza”, simple y llanamente, es que llegue la Justicia. Y se les otorgue el mismo trato como a cualquier delincuente, igual, por supuesto, con derecho a ser oídos, a defenderse. Porque sí no hay ejemplos o ejemplaridad, los latrocinios seguirán.

Es imperativo que el Presidente de la República, mande una iniciativa al Congreso, sobre un particular punto: En México, en ninguna ley penal, la corrupción está tipificada como tal y lo he dicho con insistencia, aún antes de la campaña López-Obradorista. Sin perjuicio de que algunos delitos patrimoniales, tengan entre sus elementos típicos conductas equiparadas a la corrupción. Y además, también hay que revisar y cambiar otra situación que viene favoreciendo la impunidad: La prescripción. Es muy laxa en asuntos de los delitos cometidos por algunos miembros de la clase política, amén de la penalidad, que como nos ofrece don Andrés Manuel, debe aumentarse y sin derecho la caución, evitando sustracción a la justicia y bemoles con pedimentos de extradición.

Parece hoy, un artículo duro. No lo es mis estimados lectores. Si hubiéramos estado en el zócalo de la capital, el 1 de diciembre, al sentir todo el ambiente, la “vibra” como luego se dice, se definiría así, como los que sí estuvieron presentes: “No vayas a fallar” pidieron al Presidente, en un grito tan monumental, como lleno de esperanza y de obligatoriedad política y jurídica. Y él, respondió: ¡No me dejen solo! Como una premisa de la democracia participativa.

Creo, que en este arranque de lo que quiere ser un nuevo régimen, distinto al menos en el ejercicio, no importa el “color político”; debe erigirse el objetivo común: El bienestar tan urgente para los mexicanos. Dejemos un tanto la contradicción per se y aunque sea en la oposición, proponer, participar, colaborar.

¿No lo creen así, estimados lectores?

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