Lun. Sep 21st, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Sabiduría grupal

3 minutos de lectura
Por.- Enrique
R. Soriano Valencia
Hace
algunos años escuché una frase que decía: «Nadie sabe, como todos juntos». La
frase tenía como propósito conjuntar el talento de un equipo de trabajo que se
encontraba disperso por todo el país. Por una parte, debía dar sentido de unidad
y al mismo tiempo saber que la aportación de cada uno era fundamental para
todos. La distancia, para aquel equipo, no era un factor determinante.
El
pasado lunes tuve el gusto de participar como ponente en las Segundas Jornadas
de Comunicación de la Universidad Continente Americano. Y este grato encuentro
con los estudiantes y maestros me remitió a esa experiencia. Por una parte, el
talento de los estudiantes de Comunicación (afanados en
hacer lucir el programa por ellos diseñado), su capacidad de convocatoria
(fueron ellos y no la Universidad los que me invitaron) y el apoyo de sus
diferentes profesores para hacer de su Jornada un éxito. Nuevamente, talentos reunidos
con un propósito.
Pero no
solo el mismo desenvolvimiento de la jornada me llevó a esa conclusión. Al
término de mi exposición abrí un espacio para preguntas. Solo hubo una. Se
trató de la forma de escribir de la palabra ‘bato’. Es ese vocablo muy usado en
el norte de nuestro país como muletilla para referirse a otra persona:
«Qui’hubo, bato» (¿Qué tal o qué hubo?, bato). El Diccionario de la lengua española, DLE, indica de este vocablo: «Hombre tonto, o rústico y de pocos alcances».
De inmediato un profesor se aprestó a
intervenir. Dijo que se usó antiguamente en las pastorelas para referirse a
cualquier personaje rural caracterizado por su candidez, falto de malicia.
El
diccionario oficial registra que el origen es incierto, por lo que la
aportación del profesor tiene mucho sentido.
Es
común en el habla popular recurrir a muletillas que tiene una forma pesada de
tratarse entre personas que se estiman. En el centro del país la muletilla es
‘güey’. El mismo DLE recoge el vocablo y le da la acepción de ‘tonto’. Incluso
ejemplifica con la exclamación característica cuando alguien se tropieza:
«¡Álzalas, güey!».
Pero a
diferencia de la palabra ‘bato’, el caso de ‘güey’ sí sabemos que se trata de
la modificación de la palabra ‘buey’. Este es el nombre que se le da al toro
castrado. Todo ganadero sabe que un toro, particularmente los de lidia, son de
temperamento fuerte, agresivo si están aislados (su comportamiento en manada es
diferente). Pero, en cuanto son castrados, se vuelve animales altamente dóciles
a grado tal que son cuidados la mayoría de los ocasiones por menores de edad:
no ofrecen riesgo alguno.
Desconozco
el origen de la palabra ‘boxito’, que es la muletilla en el sureste del país
para el tratamiento familiar. Tanto el Diccionario
de americanismos
de las Academias, como el de Mexicanismos de la Academia mexicana de la Lengua, lo incluyen. Pero
ambas fuentes indican como desconocido su origen.

Quizá
nuestros amigos del sureste tengan una idea más precisa de su origen. Su
aportación servirá para enriquecer este espacio. Así, entonces, se cumplirá la
premisa con la que inicié esta colaboración: Nadie sabe, como todos juntos. 

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