Dom. Sep 20th, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Salvo Su Mejor Opinión

3 minutos de lectura
Desgaste
Por.- Héctor Gómez De La Cortina Guerrero
El próximo mes de diciembre se van a
cumplir 10 años de que el entonces presidente Felipe Calderón le declarara la
guerra al narcotráfico y ordenara al Ejército intervenir de manera directa y
decidida en varias ciudades de distintos estados de la república en donde las
organizaciones criminales habían tomado el control absoluto del territorio. Más
allá de las razones que orillaron a Calderón a tomar dicha determinación (hay
quienes hablan de que buscaba legitimarse ante el dudoso resultado de las
elecciones del 2006, otros dicen que en efecto la situación era insostenible o
quizá el resultado de una combinación de ambos supuestos), a 10 años de haber
comenzado con dicha ofensiva, los niveles de violencia que padece México son
escalofriantes y sólo en periodos muy acotados de tiempo se ha logrado
disminuir las ejecuciones, tendencia que hoy desafortunadamente otra vez se
encuentra a la alza.
Resultaría frívolo criticar la
participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad tomando en cuenta
el grado de corrupción que sufren infinidad de policías municipales a lo largo
y ancho de nuestro país. Los casos eran abundantes en los municipios de La
Comarca Lagunera, Ciudad Juárez; Monterrey; Apatzingán; Reynosa; Acapulco;
Culiacán. Hubiera sido irresponsable por parte del gobierno federal, dejar a la
ciudadanía en manos de las policías de ciertas ciudades controladas por el
narco, ya sea por intimidación o por corrupción. Se debía entonces buscar una
solución por lo menos temporal y entonces las Fuerzas Armadas debieron entrar
al quite. Pero justo en ese momento, cuando el problema nos estalló en la cara,
cuando vimos con horror masacres indecibles, es cuando todos y cada uno de los
gobernadores debieron comenzar a reconstruir a las policías para que las labores
del Ejército fueron temporales y no definitivas como lo parece hasta ahora.
Salvador Cienfuegos, titular de la SEDENA
reconoce que hay un evidente desgaste, que muchas veces los militares se
sienten incomprendidos por la ciudadanía, por los propios organismos de
derechos humanos que los critican con vehemencia pero que cuando la milicia es
agredida, misteriosamente guardan silencio. Hace falta un marco normativo que
regule la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad, eso es
cierto, pero no bastará, porque los militares no están entrenados para prevenir
el delito, no están entrenados para andar capturando ladronzuelos o para
patrullar las calles de una ciudad agredida por el crimen. Los militares están
entrenados para la guerra, utilizan el leguaje de la guerra y mientras sigan en
las calles, las supuestas violaciones a los derechos humanos seguirán en
aumento y la institución se seguirá desgastando poco a poco, no puede ser de
otra forma.
Existe además otro problema. México es un
país enorme, no contamos con un Ejército lo suficientemente grande como para
cubrir todas las necesidades en materia de seguridad. Si surge un problema en
Guerrero, envían a 3 mil militares que descobijan Tamaulipas; si surge una
situación en Michoacán, le envían 5 mil militares que dejan desamparado a
Chihuahua. Si a lo anterior le agregamos que también se les requiere cuando hay
un desastre natural, es imposible que puedan cubrir todo.
Se necesita pues mayor inversión en
seguridad pública, que a los cuerpos policiacos se les mejore su sueldo, se les
profesionalice, que los gobernadores asuman su responsabilidad y entreguen
cuentas periódicas de su avance o sean castigados con mecanismos por
determinar. Mientras no suceda lo anterior, mientras los gobernadores sigan
dormidos en sus laureles y sigan llamando a la federación en busca de ayuda, el
Ejército va a tener que continuar en las calles.
Twitter: @gomez_cortina

Mas reportajes

5 minutos de lectura
1 minuto de lectura
3 minutos de lectura

Deja un comentario

También te puede interesar

3 minutos de lectura
4 minutos de lectura
6 minutos de lectura