0 11 mins 3 años

Francisco Rodríguez

Con bombo y platillo, en el furor del peñanietismo se
anunció el nombramiento del zar antisecuestros, el campechano, Renato Sales,
formado por Samuel del Villar en los sótanos de la Procuraduría de la capital
nacional. Osorio Chong, su jefe, lo presumió como la cereza del pastel. La
famosa Comisión Nacional Antisecuestros llegaba a marcar la línea.
La ubicación de la oficina de marras, en la esquina de Félix
Cuevas y Patricio Sanz, presentaba una cara al público que prometía eficiencia
y honradez.‎ Los abogados litigantes de casos sonados de secuestro, al menos en
la capital, empezaron a querer canalizar sus demandas y exigencias al nuevo zar
peninsular.
Entre ellos, un grupo de habitantes de la colonia Narvarte que
contrató los servicios del ameritado penalista Alberto Woolrich, pues estaban
cansados de exigir justicia para un gran número de secuestros y levantamientos
de vecinos y familiares que habían sido victimados en las inmediaciones de la
estación del Metro Benito Juárez.
Woolrich solicitó una audiencia con el nuevo zar, lograda
después de afanosos trabajos de cabildeo e intermediación con reputados
miembros del foro jurídico. La cita se pactó y los vecinos acudieron al
encuentro con el renombrado fruncionario, acompañados por su abogado de
confianza. Empezaban con el pie derecho.
Segundo de a bordo, cerebro de todos los secuestros
‎Y como suceden estas cosas, cuando la secretaria informó a
Sales que estaban en su antesala los agraviados, los monitores de las cámaras
internas de la oficina reflejaron rostros y nombres de los quejosos. Como por
arte de magia, Sales inventó un acuerdo importantísimo con Osorio Chong, se
excusó de atenderlos y comisionó al segundo de a bordo para el efecto.
Los quejosos pasaron con el abogado Woolrich a la sala de
juntas de la pomposa Comisión Nacional Antisecuestros, tomaron asiento
esperando al gerifalte que iba a escuchar sus quejas, y cuando lo vieron
aparecer, le suplicaron al defensor retirarse de inmediato de esa reunión.
Woolrich accedió, y en la calle les preguntó por qué habían decidido no seguir
con sus trámites.
Por más respuesta, los agraviados, que vivían a escasas
cuadras de la Comisión Nacional Antisecuestros, le contestaron que la persona
que iba a atenderlos por órdenes de Sales había sido el primer comandante de la
judicial del DF durante el período en el que éste fungió como Subprocurador y
era el cerebro de todos los secuestros en la Ciudad de México.
Lo habían identificado en el acto las mismas víctimas del
primer comandante de la Comisión. Y en efecto, concluyeron, Sales se había
excusado de atenderlos por la misma razón. Los dos jerarcas estaban inodados en
los ilícitos. Formaban parte de la misma copa. Eran gusanos de la misma
guayaba.
Tras varios años, vecinos siguen ser atendidos
Parientes, esposas, maridos, hijos y familiares de la
comunidad de la colonia Narvarte, colindante con el domicilio de la nueva
Comisión Nacional Antisecuestros, habían sido las víctimas y eran objeto de los
chantajes de Sales y del primer comandante que ahora era el subcoordinador de
la Comisión de marras.
Hasta la fecha, los vecinos de la colonia Narvarte,
afectados en primera persona por los más altos comisionados de la seguridad
pública y ahora nacional, no han sido atendidos en una sola de sus demandas, ya
que la sucesora del campechano, después de que éste fuera ascendido a titular
de la Comisión Nacional de Seguridad, fue Patricia Bugarin, una recomendada y
cómplice del infame campechano. Rateros de siete suelas.
Ascensos a base del reparto de moches del soborno, del
chantaje
El primer comandante de la judicial del entonces DF, quien
era el segundo de a bordo de Sales, hoy es un prócer de la seguridad nacional
que no se deja ver ni en el organigrama. Son demasiado importantes. Lograron
sus ascensos a base del reparto de moches del soborno, del efecto demoníaco del
chantaje.
Mucho ha sufrido la sociedad mexicana en materia de
procuración e impartición de justicia, en todos los niveles y en todos los
sexenios pripanistas. Y mucho más, después de ese engendro del sistema penal
acusatorio que promovió el hombrecito campechano como panacea de todos los
problemas.
Problemas agudos de corrupción institucional, endémica y
sistémica en todos los aparatos, oficinas, comisiones, juzgados, ministerios,
magistraturas y procuradurías de justicia han dado al traste con la confianza
ciudadana.‎ No hay en quien confiar, porque la justicia en México se ofrece al
mejor postor.
Normalmente, al peor de los postores y se confía a lo
peorcito de nosotros mismos. Se ha convertido en la fotografía de la
descomposición estructural del sistema, o si se quiere, en el espejo negro de
Tezcatlipoca. Así de nocivo, así de dañino, así de decadente y podrido hasta la
médula. Los juzgadores, comisionados, procuradores y ministros de la ley son
una sucia bacinica inmunda y corruptora.
INEGI: 7 de cada 10 ciudadanos, víctimas de la violencia
De que debe haber excepciones, o en este caso prietitos en
el arroz de la corrupción, los hay. México es semillero de grandes, honestos y
prestigiados juristas. Pero son desafortunadamente contados con los dedos de
una mano, y son realmente disfuncionales para el sistema actual de cosas en ese
aparato depredador y vergonzoso.
Así lo demuestran las estadísticas del crimen, del secuestro
y de los variados ilícitos que se cometen, perpetrados por las mismas
autoridades en las calles de la capital nacional y en todos los rumbos del
país, en todas las poblaciones y rancherías. El objetivo central de los
mandarines de la ley es sólo enriquecerse, y mientras más pronto, mejor.
No es casual sino causal el hecho de que 7 de cada 10
ciudadanos mexicanos hayan sido violentados, ultrajados, vejados, masacrados y
borrados del mapa, según las estadísticas oficiales del mismo INEGI, que se ha
visto obligado a reconocer que efectivamente somos el país más violento de la
Tierra, en medio de una guerra civil no declarada, inmediatamente después de la
atribulada Siria.
Coincidentemente, es la misma cantidad de mexicanos, el 70%
de la población que el primero de julio votó por desterrar del país el método
pripanista de solucionar las controversias en el seno de una sociedad agobiada
por el crimen, el secuestro y la complicidad del aparato gubernamental con la
delincuencia organizada.
El pueblo decidió el 1 de julio: Urge una limpia total
Y como el que pone, quita, ya ahora no tienen la menor
justificación para seguir medrando a costillas de la población. México ha
decidido en contra de la violencia institucional y de la justicia a modo. Es
hora de que se vayan a la… china Hilaria estos impostores y delincuentes que
han hecho fortunas a base del descaro, el cinismo y la gesticulación hipócrita
dizque en favor del imperio de la ley.
Urge una limpia total. Así lo decidió el pueblo de México.
Aunque crean los favoritos de la tolucopachucracia que le nueva opción es
irrealizable, por algún lado hay que empezar. Está en juego no sólo el futuro,
sino la dignidad ciudadana y la identidad nacional.
¡Fuera máscaras!
¿No cree usted?
Índice Flamígero: “Se deben ir todos”, dice enfático un ex
director de la desaparecida Policía Judicial. Señala que quienes hasta ahora se
han encargado de la dizque seguridad pública desconocen el oficio policiaco
–militares y marinos incluidos–, y “para poder sacar su chamba” se han aliado
con los malandrines a cambio de migajas económicas. Y, lo peor, que por esas
cantidades mínimas se ponen al servicio de los delincuentes, quienes los tratan
como empleados. Si el próximo gobierno quiere de verdad hacer las cosas bien,
me subraya, no debe quedar ni uno solo. Nadie que haya “trabajado” en las áreas
de seguridad pública en los sexenios de Fox, Calderón y Peña. ¡Nadie! + + + En
la exposición de motivos de la iniciativa con proyecto de decreto por el que se
reforman diversos artículos de La Ley Orgánica de la Administración Pública
Federal, presentada ayer por el coordinador de la mayoría morenista en la Cámara
de Diputados, se lee por qué puede señalarse sin rubor que el fallidos régimen
pripanista de los últimos tres sexenios abrió la puerta al cambio: “De acuerdo
con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social
(Coneval), en el país durante 2016 existían 53.4 millones de mexicanos en
condiciones de pobreza; 21.3 millones con rezago educativo; 19.1 millones que
no contaban con acceso a servicios de salud; 68.4 millones que no recibieron
servicios de seguridad social; 14.8 millones que habitaban en casas con
espacios reducidos y construidas con materiales no adecuados de construcción;
23.7 millones de personas que no contaban con servicios básicos de vivienda y
24.6 millones que no contaban con acceso a una alimentación adecuada en términos
de nutrientes mínimos para la salud”.
http://www.indicepolitico.com/ [email protected]/
@IndicePolitico / @pacorodriguez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *