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Con una incidencia de 50 asesinatos por cada 100 mil habitantes, el estado superó por mucho en los primeros meses de 2018, la media nacional la cual se ha elevado a 25 delitos de este tipo por mismo número de habitantes. Un máximo histórico.

 ZonaFranca

Londres, Inlgaterra (SinEmbargo). Para la revista inglesa The Economist, Guanajuato es el ejemplo del fracaso de las políticas de seguridad en México. Lo es, según documentó en un artículo que circula desde ayer jueves, pues la explosión de los índices de asesinatos se incrementaron meteóricamente a partir del 2011, el penúltimo año de gobierno del expresidente Felipe Calderón Hinojosa.

Desde el cambio de gobierno en 2012, a la entrada del priista Enrique Peña Nieto en la presidencia y del panista Miguel Márquez Márquez en la gubernatura, este meteórico incremento de la violencia se ha multiplicado como nunca antes y es en este 2018, donde los números en municipios como Apaseo el Grande superan a ciudades complejas y de mayor población como Londres.

Se trata de un artículo que retoma a la organización internacional Open Society, la cual revisó la eficiencia de las políticas de seguridad en el país, para luego aquilatar la propuesta de la amnistía que ha planteado el candidato a la presidencia por la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador.

Con una incidencia de 50 asesinatos por cada 100 mil habitantes, Guanajuato superó por mucho en los primeros meses de 2018, la media nacional la cual se ha elevado a 25 delitos de este tipo por mismo número de habitantes. Un máximo histórico.

La violencia en el estado se ha recrudecido no sólo en número, también las formas de enfrentar a las corporaciones policiacas que desde finales de 2017, pretendió reforzarse con la entrada de la Policía Militar para realizar operativos conjuntos con las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado, así como con las Policías Municipales en la ciudades más pobladas del corredor industrial: León, Irapuato y Celaya, además de Salamanca donde desde el mes de octubre opera bajo el esquema de Mando Único.

Tan sólo entre 2017 y 2018 han sido asesinados 43 agentes del orden; 32 fueron elementos de policía municipal, ocho elementos de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) y dos agentes estatales. Además han desaparecido seis policías, incluido uno federal y cuatro ataques armados a instalaciones policiales.

En cifras generales del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en Guanajuato los homicidios dolosos crecieron en un 14 por ciento en un año, al registrarse 1 mil 96 homicidios dolosos, mientras en el 2016 hubo 961.

Tan solo en octubre del año anterior fueron 119 asesinatos, el segundo mes más violento desde 1997. El primero lo ocupa agosto 2012.

El número de homicidios ha ido en incremento, dejando muy lejos las cifras reportadas en 1998 eran 230, pero fue a partir del 2009 cuando el aumento comenzó a ser significativo llegando a los 414 y en el 2011 de 604.

The Economist, Guanajuato y la Amnistía

El texto de la revista inglesa inicia narrando la situación que se vive en Guanajuato. “En Apaseo el Grande”, cuenta, “los cuerpos se están acumulando. En febrero, mafiosos mataron a un político local. Los restos de otra víctima fueron encontrados en cuatro bolsas repartidas por la ciudad. La policía hizo un descubrimiento similar en abril.

La publicación destaca que en los primeros tres meses de este año, este municipio con 85 mil personas tuvo 43 asesinatos, que distan de los 20 que se registraron en el 2016. “Eso es casi lo mismo que Londres, una ciudad 100 veces más grande y actualmente en pánico por su alta tasa de homicidios”.

Un visitante, narra, puede no notar nada raro.

“Coches brillantes hechos en fábricas cercanas cruzan las calles y los niños juegan en la plaza principal. Pero los residentes están asustados. Haciendo rebotar a un niño sobre su rodilla en su sala de estar, Efraín Rico Rubio, un ex concejal de la ciudad, ahora un trabajador administrativo en una universidad, describe la violencia. ‘Tres cuadras más abajo mataron a alguien’, dice, ‘y tres bloques en la otra dirección’. Ve pocas perspectivas de mejora. Los estudiantes ‘quieren ser El Chapo’”.

The Economist habla sobre la ola criminal nacional, durante la cual la tasa de homicidios rompió su récord anterior de 2011.

“Ese pico llegó después de que el entonces Presidente, Felipe Calderón, desplegó el ejército para luchar contra las bandas de narcotraficantes. Su táctica de capturar o matar a los reyes hizo que las pandillas se dividieran en facciones en guerra y que entraran en nuevas líneas de negocios. El actual Presidente, Enrique Peña Nieto, quien asumió el cargo en 2012, prometió reducir a la mitad el índice de homicidios. En cambio, después de una disminución inicial, aumentó bruscamente. Para marzo de este año, el número de asesinatos durante la presidencia de Peña había excedido el número de muertos bajo Calderón. La tasa de homicidios hasta ahora en 2018 es alrededor de un 25 por ciento más alta que en 2011”.

La revista dice que el segundo problema de Guanajuato, además del fenómeno nacional, es que es nuevo para tal violencia y, por lo tanto, estaba menos preparado. En 2011, su tasa de homicidios fue la mitad del promedio nacional. Ahora se ha disparado para duplicar la tasa nacional.

“El aumento de la violencia es uno de los principales problemas en las elecciones generales programadas para el 1 de julio. Casi la mitad de los mexicanos dicen que el crimen es el principal problema en su área. La desaparición de tres estudiantes de cine en Guadalajara en marzo, y el descubrimiento de que sus cuerpos se habían disuelto en ácido, desató grandes protestas el mes pasado. El primero de tres debates entre cinco candidatos presidenciales, celebrados el 22 de abril, comenzó sobre el tema de la seguridad. Sus propuestas no fueron alentadoras. Andrés Manuel López Obrador, el favorito de izquierda, diagnosticó mal el problema. Sus soluciones propuestas son radicales pero, en el mejor de los casos, parte de la respuesta. Sus dos principales rivales fueron vagos”, dice The Economist.

Foto: Especial
Narra cómo la prosperidad de Guanajuato, una vez pensada para disuadir el crimen, “ahora parece estar atrayéndola. El sur del estado es parte de un corredor industrial que se extiende desde Aguascalientes hasta Querétaro. Las fábricas en la región producen automóviles y otros bienes para la exportación libre de aranceles a los Estados Unidos y Canadá en virtud del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Una cuarta parte de la fuerza de trabajo de Guanajuato se emplea en la fabricación”.

Los grupos criminales de Jalisco y Michoacán se trasladaron al estado a partir de 2015, agrega. “El mayor generador de dinero es el robo de combustible. Casi una quinta parte de los casos registrados ocurren en Guanajuato”.

Detalla el problema de los huachicoleros que pelean entre sí por el botín.

“Otro problema es la coordinación. México tiene fuerzas de policías municipales, estatales y federales, además del ejército, que los presidentes Calderón y Peña presionaron para que actuaran contra los criminales. En muchos estados, la policía municipal y estatal no usa las mismas frecuencias de radio y, por lo tanto, no puede comunicarse. Al Ejército le molesta que le pidan que persiga a delincuentes, un trabajo que cree que la policía debería hacer. La policía municipal, acostumbrada a emitir multas de tránsito y perseguir ladrones, se encuentran investigando el robo de combustible, que es un delito federal”, detalla la publicación inglesa.

Según The Economist, los candidatos presidenciales han presentado planes que son viejos, vagos o inadecuados. Los dos principales candidatos moderados, Ricardo Anaya, del conservador Partido Acción Nacional y José Antonio Meade, el candidato del Partido Revolucionario Institucional de Peña, ven la necesidad de mejorar la aplicación de la ley, pero dicen poco sobre la forma en que lo harían. En el debate el Anaya criticó la prioridad que Peña y Calderón dieron a la captura de capos. Prometió ‘desmantelar y no solo decapitar’ a las organizaciones criminales. El señor Meade dijo que ‘cuadruplicaría la capacidad de investigación del Estado’”.

“López Obrador, fuertemente favorito, considera la justicia penal como una rama de la justicia económica. La causa de la violencia, argumenta, es la falta de oportunidades. Pero eso no explica su ascenso a nivel nacional ni su surgimiento en la próspera Guanajuato”, agrega.

Foto: Especial
Luego, la revista revisa el tema de la amnistía: “La nueva idea del candidato para reducir el crimen, además de luchar contra la pobreza, es ofrecer una amnistía a los narcotraficantes de bajo nivel. En el debate, habló de invitar al Papa Francisco a mediar entre las pandillas y el estado. ‘No podemos apagar un incendio con fuego’, dijo López Obrador. Sus rivales lo acusaron de bendecir la impunidad que afecta a la justicia penal. ‘Quiere perdonar lo imperdonable’, dijo el señor Meade.

La influyente publicación inglesa dice que “la conciliación de algún tipo podría ayudar como parte de una estrategia de aplicación de la ley bien diseñada”.

Y cita: “Benjamin Lessing, un científico político de la Universidad de Chicago, argumenta que los grupos criminales no tienen ningún incentivo para comportarse mejor si el Estado las somete a una ‘presión total e incondicional’. El Estado debe tomar medidas severas cuando los grupos criminales sobrepasan los límites definidos, dice. Usar datos para enfocar la vigilancia en las áreas más violentas, como lo ha hecho Colombia, también ayudaría. Pero tales tácticas requieren sofisticación y dureza. No está claro que López Obrador tenga calidad”.

Agrega: “En Guanajuato, todavía sorprendido por el reciente aumento en los asesinatos, sus ideas de guantes de terciopelo [de AMLO] se encontraron con escepticismo. ‘No podemos resolver esto de una manera agradable’, dijo el Alcalde de Irapuato.

“Tres cuartas partes de los votantes se oponen a la idea de la amnistía. Pero en áreas con historias más sangrientas pueden ser más receptivas. ‘Es muy diferente si vives en Tamaulipas, Guerrero, Michoacán o en algún estado muy afectado por el narcotráfico’, dijo Francisco Abundis, encuestador”.

El último párrafo del largo texto de The Economist dice, textual:

“López Obrador cree que puede convencer a los mafiosos para que depongan las armas y que los votantes los perdonen. Después de las campañas fallidas [contra los criminales] de los gobiernos anteriores, los mexicanos pueden darle una oportunidad”.

Para ver el artículo original de The Economist dar clic AQUÍ

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