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Arturo Miranda Montero

El sistema de ciudades de Guanajuato no tiene igual en México. Desde su origen colonial hasta acá, la interconexión es su característica. Podemos ir de una ciudad a otra en relativamente poco tiempo y por vías conocidas.

El problema ahora es que la sobre urbanización descontrolada nos está acercando hasta casi pegarnos unos con otros espacios urbanos: la megalópolis nos acecha.

Salta a la vista el desmadre en que sobrevivimos. Ya ninguna de nuestras ciudades es la apacible ensoñación antañosa.

Y como hemos crecido a lo pendejo, hacemos de nuestro territorio un amontonamiento estresante. El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) estudia cómo “el desastre tiene como causa principal la pérdida de control sobre el territorio, la incapacidad para gestionar el espacio urbano, las dificultades para conciliar el interés público con la ganancia privada: en mayor o menor medida, todas las ciudades mexicanas enfrentan problemas para administrar el territorio”.

Contundente, “IMCO ha argumentado que el municipio es una institución diseñada para el fracaso: en la administración territorial, como en pocos temas, son radicalmente notorias esas deficiencias”.

Por eso, cuando los ayuntamientos solo se mueven entre aprobar o no incrementos a las tarifas del pasaje exigido por los concesionarios del transporte público, evidencian esa incapacidad de administrar el territorio urbano. ¿Cómo se mueve todo en la ciudad? Pues al aventón y a expensas de viejísimos modelos de negocios patrimoniales de los dueños de chatarras móviles que, una y otra vez, someten a los inútiles ayuntamientos.

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