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 ¡LA
PRIMAVERA! OTRA VEZ
(La
eterna piedra: “la cultura”)
(Rechaza
el consumo de droga)

Por. Celso Rico Rivera
Una crónica que escribí
hace mucho tiempo acerca de la primavera, vuelve hoy a este espacio, corregida
y aumentada. Imaginemos por un momento, un curso diferente de la historia reciente
de nuestra ciudad, con la atención puesta de manera especial en nuestras
mujeres de Celaya, que también tuvieron su celebración en este marzo por
fenecer.
Rosas sobre el
asfalto, macetones cuyas plantas reverdecen sin ningún motivo, jardineras
guiadas por el cemento, arboles aferrados a sus raíces indias, camellones en
donde no cabe una flor entre la basura, y sin embargo… ¿Cómo es posible que en
una ciudad como a nuestra persista la primavera, como la sangre dura de los
santos que milagrosamente se cuaja al influjo de los tiempos o los deseos?…
Colegiala que
vas de paso con tu libro bajo el brazo… ahí
van las colegialas con sus uniformes impecables, riendo a carcajadas entre un
corrillo de hermosas despreocupadas y felices.
Muchas de ellas han sido
asaltadas al salir de la escuela, otras han sido vejadas, víctimas de abusos,
todas ignoran lo que les espera en unos cuantos años, pero eso no importa; hoy
están aquí vivas, esperanzadas, son las eternas colegialas de la ciudad de
Celaya, que iluminan cuando pisan y aroman por donde pasan.
Allá van ahora
las jóvenes trabajadoras, apuradas, caminando a prisa, angustiadas porque no
las venza el reloj checador de la oficina, de la tienda departamental; véanlas
hermoseando el paisaje gris, con sus ropas ligeras y su pelo revuelto por el
aire chaparrastroso que enrojece sus
pupilas, taconeando sobre las banquetas en un chacualeo divino.
Todo gobierno
citadino debería remozar las aceras nomas para que pasen por ellas las jóvenes obreras,
las secretarias ejecutivas, las auxiliares contables, las manejadoras, las
computadoras, las capturistas de datos, las gentiles recepcionistas, las
telefonistas, las profesoras, las empleadas bancarias, las que andan en busca
de un trabajo en la ciudad que es una ruina del deseo, una ciudad que les niega
la posibilidad de vivir una vida digna, por la falta de empleo.
Pero pasan y
pasan por las calles de Celaya las bellas damas que van al mandado, con sus
faldas cortas, (de regreso a esta moda) y sus zapatillas transparentes porque
¡aquí está la primavera! van presurosas rumbo al mercado, a un súper apretando
el paso y en una mano su monedero, midiendo sus pasitos al son de una rola. Gracias a ellas la ciudad existe
y sustenta, y gracias a ellas lo que parece olvidado reverdece, aunque el dinero
no les alcance para nada.
Aunque tengan
que vivir mordiéndose las uñas preocupadas por la renta, por la terrible
inseguridad, por la escuela de sus hijos, por el trabajo de sus esposos, por el
transporte, por el latoso porvenir, aunque el gobierno actual no parece caminar
como debe, aunque el agua sea cara y escasa, aunque el calor abrume, así van
las señoras de mi ciudad, limpias y orgullosas como si no pasara nada de lo que
pasa.
El frio invierno
con el ventarrón de los últimos días
termino dejándonos pachiches y
arañados. Han sido de pesadumbre y de impotencia, y ahora comienza otra
temporada: la de la floración y tal vez la de la sequía, la época del año en que más se dan los delitos cometidos
por la delincuencia, los abusos sexuales, las enfermedades gastrointestinales, particularmente
en esta ciudad con mucho alimento chatarra.
Una vez
transcurridos los primeros seis meses de gobierno de Don Ramón Lemus Muñoz
Ledo, sea usted amable con él, pues se supone que durante la primavera ya se habrán
echado a andar los programas prometidos de más de doscientas obras y algo
empezara a funcionar. El agua que es un producto preciosos no debe
desperdiciarse tampoco debe convertirse en bandera de partidos políticos; no se
vale, debemos estar preparados en caso de escasez para buscar soluciones y no
después, echarnos la bolita unos con otros.
Algo que haría bien
el gobierno de la ciudad amable (ya
que al parecer en el slogan de su administración) es hacer que verdaderamente
los habitantes de la ciudad de Celaya se sientan las estrellas, que son importantes, que la ciudad le pertenece,
hacerlos celebrar los días dando oportunidad de que disfruten de lo poco que
queda de Celaya o de lo mucho que nos ofrece.
Rescatemos
nuestros parques, nuestros jardines, nuestros paseos, no digo nuestras
tradiciones porque éstas ya son nostalgias y las nostalgias ¡ay! Son pendejas;
pero si podemos rescatar las historias y lugares, su gente y sus entornos.
Claro que eso nos traerá tiempo funestos, pero si una enseñanza tiene esta
ciudad para el mundo es precisamente, saberse alzar luego de sus días nefastos.
Aquí no hay quien se raje porque
pierde y el que pierde después chifló a
su máuser.
Como dijo don chucho Arrellano en su popular corrido Primero Guanajuato: y Sóstenes Rocha pa’
pronto mejor…
al sol.

Trapitos… al sol
Bien por la
iglesia a rechazar el consumo de drogas. Pero hace falta ir más allá del
rechazo Monseñor Don Benjamín: meter
en cintura quienes la venden o propiciar el consumo. Y están en todos los
niveles, no creo que no lo sepa su parroquia.
Para terminar, la piedra eterna: la cultura entendida
como un asunto sectorial. Pareciera que hay gente relacionada con la cultura, y
gente que no. Esto tiene lógica solo si entiende la cultura como un oficio y no
como lo que es: forma de ser de un pueblo y sus individuos. La cultura así, se
queda relegada a un segundo término en el escalafón pragmático de nuestros
gobernantes. La cultura debe ser de
todos,
por ahí lo oí.
En el
renacimiento, por decir una época, el crecimiento cultural dependió
directamente del dinero que los nobles les dedicaban. Pero en el renacimiento
había fiebre del saber ambición de cultura, pasión creativa, etcétera. Hoy en
dia es muy diferente: se requiere dinero para la cultura y nos felicitamos de
que el estado se preocupe, (que no el municipio). Por este aspecto
cuantitativo. ¿Y el cualitativo? ; quisiéramos conocer un programa que hiciera
a un lado las cifras y exaltar a los conceptos y objetivos que han de hacer de
la cultura una forma de vida municipal… al sol.

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