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El Pacto  
                            
 (el medio ambiente y 50% a Partidos, PRI) 

Celso Rico Rivera


En el vendaval noticioso de los últimos
días destaca por su perfil negativo
lo referente a que los empresarios representantes legítimos de capitalismo
mexicano han definido su posición personal en contra del Acuerdo para el
Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar «los
empresarios tienen el compromiso de evitar la especulación y el encarecimiento
injustificado… la negación de Coparmex a firmar el pacto, resulta aceptable
ya que se dió a la tarea de hacer interesantes propuestas de mitigación
respecto al tema».
Nunca, en los últimos 50 años, por lo menos,
los mexicanos hemos pensado con tanta animosidad ni con tantos temores un año
que empieza como lo estamos haciendo al comienzo de este 2017. Y se comprende,
todo lo sabemos, no se anuncia en ningún sentido como un año bueno, sino, por
lo que vivimos en otros, como en el 94, como un año que tendrá que ser malo y
peor.
No es inevitable, pero todos los datos de la
realidad nos lo anuncian. No líbranos bien el año que terminó. No parece que a
nadie le haya ido bien, y al país evidentemente, tampoco. En los dos rubros que
más no interesan, el económico y el político; las cosas se presentan de verdad
decepcionantes; en todo caso, muy inciertas. Nadie sabe lo que va a pasar con Acuerdos y demás rollos mediáticos.
Flameados de «gasolinazos», no
hay diagnósticos confiables, estamos andando a ciegas y todos sabemos que
nuestros problemas se agravan día con día porque sabemos cómo los vamos a
resolver y, a veces ni siquiera cuales serán o cuándo se presentan. La solución
que se dió al gasolinazo con el
pacto y un “ejercicio austero y cuidadoso del gasto», para empezar, nos
ponen ante la certeza de que nuestros niveles de vida se van a deteriorar sin
remedio y que los problemas de atraso y   de rezagos van a empeorar.
En cuanto a la forma en que aplicarán el
recorte de 10 por ciento en la partida de sueldos y salarios a funcionarios de
alto rango, eso no estuvo muy claro jamás. Lo único claro es que el gobierno
nos va a meter la mano en los bolsillos y se va a hacer de recursos de que
requiere para capear el temporal.
La economía va a caminar sobre terrenos
accidentados y llenos de trampas mortíferas. El dinero y el crédito van a
escanear y serán tan caros como jamás fueron antes. Las tasas de interés van a
seguir por las nubes. No habrá posibilidades de invertir y, en consecuencia, la
economía se estancará aún más; las exportaciones seguirán avanzando a base de
reducir el consumo interno…
Las importaciones, sobre todo de bienes de
capital que no sabemos producir, seguirán aumentando y, por lo tanto, el déficit
en la balanza de pagos se hará más grande. 
Las inversiones de capital productivo provenientes del extranjero se achicarán,
con lo que la producción se verá todavía más afectada. Ni siquiera es seguro
que los capitales de cartera (especulativos) vengan, aunque sea por cortos
plazos.
Si la economía no
crece, no habrá nuevos empleos y, en consecuencia, habrá menos consume y un
Nuevo estancamiento. Si bien se ha hecho notar, a nuestros gobernantes no les
interesa; nos están salvando de la crisis desde hace veinticinco años y cada
vez estamos peor.
Lo que nos dicen es siempre lo mismo: si nos
hubiéramos aplicado esas medidas de emergencia la situación habría sido mucho
más desastrosa de lo que hoy es. No sólo se trata de un círculo vicioso. Es el
cuento de nunca acabar. Cada vez aparece más claro que el gobierno Peña-Nieto
carece por completo de una verdadera estrategia económica, de acuerdo con la
cual pudiéramos saber hacia dónde vamos y, por lo menos, tuviéramos claridad
sobre los enormes peligros que nos acechan, ya no digamos de la seguridad.
No hay ni lo uno ni lo otro. Tal parece que al
gobierno peñista sólo le interesa su “estabilidad monetaria” y, más que nada,
un control de una inflación espuria
que no se sabe de qué pudiera servir cuando la economía vive permanentemente
estancada. Se ha dicho en todos los tonos: no podemos avanzar si no
consolidamos un proyecto de desarrollo económico que se valga de sí mismo, no
podremos resolver ningún problema si no es atendiendo, en primer lugar, a la
producción.
No podemos ahorrar porque siempre estamos endrogados y
crecientemente condenados a pagar ya no nuestras deudas, sino los intereses que
generan. Eso sí es un círculo vicioso puro y simple y no tiene ninguna
solución. Si no podemos ahorrar no podemos invertir la economía no podrá
crecer. Tan sencillo como eso. El gobierno sólo tiene planes de contingencia
cómo hacer frente a compromisos indeclinables. Cómo pagarle al vecino o no
pagarle el muro.
La dependencia fiscal del petróleo, afortunadamente y
por lo que puede verse, está en las ultimas. Fue una verdadera estupidez hacer
dependen el gasto público de la renta fija de los hidrocarburos. Si al menos
los recursos petroleros se hubieran invertido en verdaderos proyectos
productivos, tal vez ahora estaríamos cantando otra canción. Fue una locura y
una estupidez iniciada por López Portillo. Pero, por lo que hoy podemos ver el
petróleo no nos sirve para nada. Se nos esfumó y no nos dejó nada en absoluto.
La corrupción se lo tragó. Hubiéramos podido hacer lo
que hace Noruega con su petróleo del mar del Norte: no gastar sus ingresos,
sino acumularlos en un fondo de contingencias que da seguridad a la economía.
Muertos de hambre como estamos siempre, eso sencillamente no lo podíamos hacer
nosotros. No me cabe la menor duda que el PEÑA Nieto que hemos visto hasta
ahora, será el mismo que veremos hasta el fin del sexenio. No tendría que ser
de otra manera, pero muchos esperaban muchos más de él… al Sol.
Trapitos… Al Sol.
El destino de la humanidad depende de nosotros, los
consumidores. Podemos definir una nueva racionalidad económica y discernir
sobre el uso de todos los productos nocivos para el medio ambiente si hacemos
una REVISIÓN de nuestras necesidades reales, no imaginarias ni inducidas por la
publicidad. Podemos cultivar aquellos valores no materiales que enriquecen la
vida psicológica y espiritual del hombre. O, por el contrario, podemos
olvidarnos de estas formas alternativas de vida y dejar que nuestros hábitos de
consumo destruyan el planeta. A todas luces, es lo que está sucediendo.
Pues sucede que la fracción del PRI en el Congreso del
Estado de Guanajuato propuso disminuir el 50 por ciento al financiamiento
ordinario de los partidos políticos. Desde que el Partido Revolucionario
Institucional (PRI) empezó a perder el monopolio del poder han sido frecuentes
las opiniones y propuestas desde el Congreso. Algunos miembros de este partido
se han sumado a la propuesta. Este fenómeno no tiene nada de extraordinario ni
es en sí mismo reprochable. Cuando las diferencias políticas e ideológicas
entre partido no son mortales (como sucede regularmente con la democracia, es
comprensible que los miembros de una organización puedan hallar el subibaja que
los “eleve” y lleguen los objetivos y las oportunidades que antes los alentaban.

De lo que se habla muy poco es de las transferencias
de militantes desde la oposición hacia el partido azul o el aparato de
gobierno. Es cierto que hoy no son frecuentes dado que el PRI va cuesta abajo,
y casi nadie le gusta estar con los perdedores. Pero de todos modos por el bien
de México: ¡QUE SE BAJEN LOS FINANCIAMIENTOS A PARTIDOS! Yo no me chupo el
dedo…. Al Sol.

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