22 octubre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

TRAPITOS… al Sol

6 minutos de lectura
                                                          
 “Rojitas”
                                                    
(“perete” y las lecturas de niños)                                            

Celso Rico Rivera

Antes que nada, Aurelio Agustín Rojas Robledo
nació en la ciudad de México un 9 de Agosto de 1946 y vive en esta ciudad de
Celaya desde sus infantiles años. Inició estudios de Dibujo y Pintura, en forma
académica, en lo que era entonces Centro Cultural “Francisco Eduardo
Tresguerras “, a inicios de los años setentas, para posteriormente ingresar a
la escuela de Bellas Artes de la Universidad de Querétaro.
Fue durante esa misma década en la que se
conjuntó el grupo “Hierba Verde”, éste participó de manera activa dentro del
grupo y como maestro fundador en la rama de artes plásticas de la Casa de la
Cultura, que ya reunía a los artistas figurativos y expresionistas dentro de la
plástica.
Ingresó así mismo al Círculo Literario
“Alfonso Sierra Madrigal” en 1966 y cobró desde entonces afición por la poesía.
Sus propuestas en esta rama de la literatura han sido dados a conocer en
diferentes publicaciones y foros colectivos: radio, revista, recitales y
periódicos. Fue integrante también del grupo “Letras Vivas” de Celaya. Agustín
Rojas Robledo (Rojitas) cuenta con un gran número de adeptos en Celaya, así
como en otras importantes ciudades de la región, donde es un personaje
admirado, respetado y muy querido.
En fechas recientes, se llevó a cabo la
inauguración de la exposición “Dibujo y Pintura” en la sala Hermenegildo Bustos
de la Casa del Diezmo. En esta muestra se encuentran obras de hace por lo menos
40 o 50 años a la fecha. Rojas Robledo, un artista práctico que ha vivido toda
su vida en una experimentación constante, ha hecho obras importantes y
trascendentes aportaciones a Celaya, durante esta búsqueda. Realizó en 1985 el
diseño del mural “El Hombre Mitificado” en el Instituto Tecnológico de Celaya, e
instalado ahí mismo el mural en musaico de su pintura “Quetzalcóatl”. Es
excelente en el manejo de la fotografía y el paisaje urbano citadino del Celaya
antiguo.
En la fotografía “Rojitas” se guía por el
instinto, ve a la gente y la describe para si en minutos para su obra, pero ve
con aquellos ojos del espíritu. Lo sigo algunas veces por las calles de Celaya,
unos pasos atrás, y de vez en vez me llama para señalarme alguna gratitud de la
vida… inmediatamente veo a través de sus ojos cómo, en algún momento, todo
aquello queda ya preparado en la memoria para pasar a la tela.
Una de las cuestiones más interesantes a mi
parecer, es cómo se gesta en un individuo esa habilidad, esa mantra, esa
telaraña sentimental que lo lleva a la pintura, a la poesía. Cómo se conduce el
estar existencial a través de la mano del ojo, del genio. Por qué no puede
hacer otra cosa de si más que llegar a su casa, encerrarse en un cuarto y
producir formas o conceptos.
El pintor no camina para liberarse, no puede
ir a ningún lado, va trabajando aquí y allá, con lo que le rodea, toma un poco
de si con la certidumbre de que regresará nuevamente al rito, al claustro. Más
ese encierro es precisamente lo que lo libera, cada fondo, cada rostro es
precisamente olvidarse del proceso, para estar en el proceso mismo de la
pulsión. No se realiza en ninguna obra, tal cosa no existe, simplemente vive el
color y la forma como extensión espiritual que piensa lo conduce al descanso,
cuando pinta el conflicto de vivir se reduce a la posibilidad del espacio de la
tela, el espacio conocido por cincuenta años o más en donde se deposita toda
aquella carga congénita e inmediata. ¿Para qué pintar? Es la misma pregunta que
¿Para qué vivir?.
“Rojitas” desayuna o come con sus amigos y su
charla anecdótica la comparte, pero especialmente va contándose a sí mismo todas
las vicisitudes que ha pasado. Se entretiene a si mismo de todo lo que ha
pasado. Es un sueño para el maestro “Rojitas” hacer una obra para educar al
pueblo, por eso en cada una de sus obras siempre ha buscado hacerlo. Sin duda,
el mundo de Aurelio Agustín Rojas Robledo quedó resumido con enorme vitalidad
en esas esenciales  muestras de sus obras
plásticas y dibujos en retrospectiva. Muestras que se revitalizaron y
revivieron en la memoria de la gente y del mismo “Rojitas”, celebrando una vez
más el tesoro de su saber… de su haber sabido ser artista entregado, fervoroso
y un hombre sabio, lúcido y combativo… al Sol
TRAPITOS… al Sol

POCOS muy pocos saben que Ricardo Perete
nació en Celaya, Gto., egresado de la UNAM, en la Escuela Nacional de Ciencias
Políticas y Sociales; que ingresó al diario Excélsior en Octubre de 1965 y
durante 44 años consecutivos hasta Octubre del 2000 trabajó como reportero,
columnista y que fue directivo y miembro de los Consejos de la Cooperativa;
autor de la columna ¡Corte!, desde 1965.
Ha logrado dos premios nacionales de
periodismo por reportaje y Articulo de Fondo, entregados por el entonces
presidente de la República, Miguel de la Madrid, Presidente de la Asociación
Mexicana de Periodistas de Radio y Televisión (AMPRYT) y fundador del Premio
“CALENDARIO AZTECA DE ORO”; Jefe de Prensa de la Reseña Mundial de la Prensa
Filmada en México y la República Dominicana.
Presidente de la Asociación de Editores de
Periódicos, Diarios y Revistas de la República Mexicana (AEDIRMEX), de 1989 al
2001 (trece años); Vicepresidente ExOficio del Consejo Nacional de la
Publicidad (CNP); miembro fundador de la Academia Mexicana de la Comunicación;
comentarista de Radio y Televisión; conductor de un programa de Entrevistas y
Noticias, de Radio noticias 14.40 del Grupo siete, en su larga carrera
periodística ha entrevistado a Juan XXlll, Charles Chaplin, Elizabeth Taylor,
Marilyn Monroe, María Félix, al poeta Alfonso Reyes, al cineasta Luis Buñuel,
al pintor Salvador Dalí, al muralista guanajuatense Diego Rivera, al
expresidente de México Vicente Fox, Verónica Castro, Salma Hayek, Henry
Kissnger, a la Premio Novel Rigoberta Menchú, entre otros…
Ricardo Pérez (Perete), un celayense olvidado
que esta columna pone en manos del Cronista de 
Celaya… al Sol.
Los libros de la niñez no pasan nunca, no
envejecen, no mueren. En sus líneas, que no en balde parecen surcos, los poetas
arrojaron la simiente de las palabras que después han florecido en el hombre.
El niño no se detuvo a ver si las palabras eran bellas, si los pensamientos
excelsos, si la emoción legítima. Se conformó con recibirlas, arrobarse con su
música, darles sentido cuando no alcanzó el suyo verdadero.
Y hasta en esto el texto no quedó perdido.
Porque nada de lo que llega al niño se pierde: con lo que hoy no entendió se
ayudará para entender mañana. Así como nada de lo que entra al corazón del
hombre desaparece por completo, y es siempre con restos de viejas emociones con
lo que vamos viviendo.
Por eso es tan útil que los padres y los
maestros, y el Estado, cuiden de la formación de la niñez, así en el campo de
su información como en el de su forja espiritual, que monta tanto, si no es que
más. Una mala lectura, unos versos canallas, se quedan en nosotros, igual que
se queda una afrenta. ¿Quién ha olvidado las lecciones contenidas en los libros
de lecturas infantiles? Allí aprendimos a amar a la patria, a llorar en las
tumbas de los héroes, a respetar la ley, a vibrar al paso de la bandera.  Ni por pasión de partido se atrevería un
hombre formado por las lecturas a volverse contra la patria, porque como decía
Benito Juárez, contra la patria nunca tendremos razón. Ni contra la bandera, ni
contra el Himno Nacional, ni contra la ley, pudiera agregarse.

Esto nos enseñaron las lecturas literarias de
Torres Quintero, de Nervo, De Andres Oscoy. ¿Por qué se abandonó, en cierto
modo, es verdad, aquella preocupación por enseñar a los niños de la escuela de
primeras letras estas nociones indispensables para su vida futura? El buen
ciudadano, con ellas comienza a formarse, lo mismo que el poeta, el pintor, el
artista… al Sol

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