Vie. Sep 25th, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Trapitos… al Sol.

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 ¿Quien Reza en el Pri?
                               
 (cosas que le causan escozor a
Dr. Benjamín Castillo Placencia)          
Celso Rico Rivera
La salvaje intromisión de las “redes
sociales” en la vida de los habitantes de ciudades como ésta, ha dado como
resultado que los que hacemos un esfuerzo por alentar la lectura, nos ocupemos
de lo que ocurre en nuestra citadina para que los lectores nos hagan caso; por
eso estás leyendo esto.
Un colaborador de esta sección de Opinión,
Licenciado y amigo Saúl García Cornejo tituló su SINE QUA NON: “Este es el
juego de Juan Pirulero, que cada quien atienda su juego”, así dice el añejo
canto infantil que hace algunas décadas cantábamos (sin saber lo que decíamos)
los urbanos niños de la ciudad.
Me vino a la memoria este par de lúdicos
versos, en cuanto me enteré que vino a Guanajuato (concretamente a la ciudad de
León), el presidente de Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario
Institucional (PRI), Enrique Ochoa Reza, designado hace corto tiempo como su
dirigente. Su juego se traerá en la cúpula de la administración pública
federal.
A mi, sin que me traiga juego alguno, más
que el de hurgar en los aconteceres públicos, para de ahí emerger modestas
opiniones que puedan contribuir a la necesariamente heterogénea (pero benéfica
para el pueblo) opinión pública; a mí, -decía- el tránsito del líder nacional
del priismo Enrique Ochoa Reza, “no me late”.
Fue claramente esperable, aunque no por
ello desconcertable, el contenido del mensaje que envió en el encuentro masivo
con la militancia priista de Guanajuato, ante 
“una ausencia clara de UNIDAD política al interior del partido” los
expriistas, ahora militantes de otros partidos, quieran acabar con el partido
que les dio de comer por muchos años.
Esa es la condición humana. Hace muchos
años se pensaba que la reforma política, es decir, la democratización del
sistema político, no podría lograrse en tanto no se democratizara el PRI. Esto
es, se partía de la idea según la cual la transformación sustantiva del
Revolucionario Institucional era condición de la del sistema en su conjunto.
A pesar que la añeja transformación del
Revolucionario Institucional sigue siendo un conjunto de buenas intenciones, la
evolución política reciente no desmiente esa hipótesis. Gracias a la ruta
trazada a través de las reformas electorales, se han inducido cambios notables
entre el PRI y la burocracia gobernante así como entre ese partido y los
recursos públicos.
De modo indirecto, además, y quizá con
mayores errores que aciertos, se ha visto forzado a buscar soluciones internas
a través de las cuales se le ha pretendido situar en posición de combate frente
a sus aguerridos adversarios, pero sin haber obtenido, ni por asomo, los
resultados esperados.
Lo grave estriba en que, en este largo
periodo de cambios políticos, el PRI se ha vuelto un partido ingobernable. Las
inmanejables pugnas internas han conducido a la sustitución anual,
prácticamente, de sus dirigentes estatales. En los últimos tiempos, se ha dicho
fuerte y quedito, que no ha habido presidente del Comité Ejecutivo Estatal que pueda
hacerse reconocer por el colectivo ni imponer su autoridad.
En este orden de cosas, los cambios que
podría haber en sus dirigencias y diversos niveles, consideramos que tienen que
emprenderse acciones de fondo que aseguren mejores resultados en las próximas
elecciones. El Partido Revolucionario Institucional tiene la obligación de
cambiar sus estrategias electorales.
En este momento, como están las tensiones y
los conflictos del priismo hoy, se puede apostar a que, si el presidente Peña
Nieto quisiera reclamar el privilegio presidencial de imponer al PRI un
candidato de su preferencia personal, y el PRI lo aceptara, ese “candidato
sería derrotado”. Pienso que esa interpretación es hija de la depresión priista
posterior a las elecciones. El presidente aún necesita de la fracción del PRI
en la Cámara de Diputados para negociar o maniobrar, en la medida de lo
posible, con las oposiciones. Siete décadas de hegemonía priista duelen a muchos…
al Sol.
TRAPITOS… al Sol.
Cosas urbanas que al señor Obispo de la
Diócesis de Celaya, don Benjamín Castillo Placencia le causan escozor
suficiente como para protestar –creemos-, en el nombre de la grey a su cargo
encomendada en esta ciudad: la inseguridad, la asociación pobreza –comercio
ambulante y la iniciativa promovida por el Presidente de la Republica Enrique
Peña Nieto encaminada a la inclusión y reconocimiento a las uniones de parejas
del mismo sexo.
Si la lengua es punto de partida de la entidad,
la religión es el valor que trasciende en todas las actividades de
organización, esto es, entre la comunidad y la religión existe un estado de
comunión permanente, ninguna comunidad puede desprenderse de la columna
religiosa que el atraviesa. Este cosmos espiritual no tiene concentración
social si no es mediante esa fórmula comunitaria.
Dos comunidades vecinas pueden tener la
misma creencia religiosa, lo que les da especialidad es la forma de concebir y
practicar el credo, sus pequeñas diferencias que contrastan con las formas de
comunidades.
Partiendo de este breve análisis de la
unidad y diversidad ideológica a partir de la religión y el trascendente juego
de la Iglesia Católica en nuestra realidad actual, se puede advertir que la
Iglesia Católica ha coexistido e incluso compartiendo el poder con los más
diversos sistemas políticos desde la Roma Imperial hasta la Cuba Marxista de
finales del siglo XX, y en cada uno de estos estadios, metamorfoseándose de
acuerdo a las necesidades del Cesar, al Estado y a la filosofía en curso.
En este proceso de articulación funcional
del catolicismo al estado histórico, a partir de la conocida como “guerra fría”
de los años 40tas. La iglesia advirtió un crecimiento acelerado de un nuevo
sistema político que presagiaba, sino una condición unipolar de hegemonía
ideológica dominante a corto plazo, si una alternativa en su influencia
mundial, esta nueva corriente era el marxismo, sin embargo, esta corriente
ideológica negaba a la religión misma desde su conceptualización.
El problema para la Iglesia era severo, por
vez primera en la historia, la Iglesia Católica como ideología y como
institución era cuestionada en su raíz. El materialismo histórico derrumbaba
viejas murallas ideológicas y por otro lado el crecimiento de sectas
protestantes con todo el apoyo económico de Estados Unidos, penetraban
fuertemente en un proceso de aculturación religiosa emprendida en México desde
los tiempos del Presidente Lázaro Cárdenas, por las facilidades dadas al
Instituto Lingüístico de Verano (secta protestante) para la operación
principalmente de las zonas indígenas de Chiapas y en otras latitudes del
continente de manera menos disfrazada, con lo que se presagiaba el fin del
monopolio religioso católico a partir del rio Bravo hacia abajo del continente.
Una audaz solución ecléctica fue encontrada
finalmente por la institución religiosa, encontrando ésta en la Teología de la
Liberación fundamentada en la lectura “dialéctica del Evangelio”. El resultado
fue hibrido resultante de la fusión del “Nuevo Testamento” con materialismo
histórico, que sentó la base ideológica de la “Iglesia de los Pobres”… al Sol.

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