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Aumenta la Tensión…  
                                                                                                           
(la
cortina de nopal…)
Celso Rico Rivera
Dio inicio ya la
primera etapa de las campañas políticas (dirá el lector: Mira que nueva, ¿no?).
Pues sí, con los pueblos sucede algo parecido, cuando se acaba la costumbre de
los gritos y sobrepasos, se vienen abajo las campañas de proselitismo político
y se vuelve de una peligrosidad extrema. Llega un momento en que surge del
pueblo un rumor sordo y comienzan a suceder cosas que causan horror.
Solo los más
perspicaces perciben esos síntomas y, por lo que se está viendo, se diría que
este Guanajuato nuestro no hay nadie entre quienes nos gobiernan con
sensibilidad para captar la gravedad del caso, de lo que se incuba en las
ciudades y pueblos, pero con inmediato peligro en estos últimos. Cuando llegue
lo “grueso” de las campañas.
Como parte de esa
incubación han acaecido en los años recientes, digamos doce años, por lo menos,
de los hechos horribles que se suceden y que en todo caso, si de cuando en
cuando hubo alguno, nunca ocurrieron con la frecuencia de los últimos tiempos.
Hablamos de horripilantes asesinatos, ejecuciones colectivos, de crímenes
cometidos por multitudes.
Los asesinatos y
ejecuciones en varios pueblos son el caso a que la sociedad de guanajuatenses
en la justicia, ya no cree el gobierno, ya no crees en los partidos políticos,
ya no cree en los candidatos a los diferentes cargos populares. La gente piensa
eso y no sin fundamento, que en este estado, municipio, cuidad o pueblo, dice
que los delincuentes nunca van a estar en la cárcel.
 Y creyendo eso los campesinos obran
salvajemente, como victimar que son de una sociedad que siempre los ha
mantenido al margen de la alta civilización. No es nuevo que los grupos
delictivos eludan la justicia, pero es muy deprimente que cuando, mal que bien,
la ciudad y sus habitantes van cambiando, como en la ley electoral y la
libertad de expresión, por ejemplo, la administración de la justicia se
mantenga como en sus peores momentos. Van a la cárcel los que por ser pobres,
cometen pequeños delitos. Porque los miserables no pueden obtener amparos ni
para fianzas.
Lo preocupante es que
en la actualidad el problema es mucho más grave que nunca antes porque la
televisión y los celulares de alta tecnología llevan la información de tales
oprobios hasta las más remotas rancherías y los que viven en la pobreza o en la
miseria se llenan de justa ira y de comprensible indignación ante la injusticia
imperante. Por esa razón, esa indignación los vuelve proclives al asesinato
contra supuestos delincuentes, creyendo hacer justicia.
La ciudad entera está
viendo como los jueces otorgan amparos, amparos que no están al alcance del
pobre diablo que robo algo para comer, pero si al de grupo conocido de la
delincuencia organizada, Amparos que fueron prohibidos por el entonces
presidente de la república: Gustavo Díaz Ordaz cuando se trataba de perseguidos
políticos, orden que acataron todos los jueces y magistrados de entonces, pero
que ahora se prodigan para salvar de la cárcel a delincuentes comunes. Ese es
el grave problema: el de los jueces con sus decisiones, hacen pensar que algo
podrido hay en el Poder Judicial.
Otro grave problema
principal, ¡Que lastima! Lo constituye esa epidemia de defensa a los derechos
humanos que se extendió que se extendió tan rápidamente por el país y que, por
más que lo nieguen, no  parece proteger
los derechos de las victimas si no, en general los de los involucrados en
graves delitos.
Esta absurda
incongruencia tiene su origen en el hecho de que la defensa de los derechos
humanos se entiende solamente protegiendo a 
las personas contra actos de las autoridades. Únicamente es perseguida y
sancionada la violación, real o supuesta, de los derechos humanos cometida por
autoridades, mientras que los más frecuentes y más sangrientos atentados contra
esos derechos que se cometen cada día y cada hora los asesinos, asaltantes,
traficantes y otros delincuentes, quedan a merced del destino, destino que está
en manos de jueces como los que conceden amparos a los delincuentes.
Resultado de la
epidemia derecho-humanista fue llegar al ridículo de que bastarse la denuncia
pública de crimen y canalladas como las de conocidos secuestradores, para que
algunos enfermos de “los derechos humanos” (o capitalizadores de lo que
producen) saliesen en defensa de tales o cuales delincuentes aun antes de que
los capturen las policías con que “pobremente” contamos.
Valdría la pena saber
cómo habrían reaccionado esos imbéciles si su hijo hubiera sido el “violado”.
Un antiquísimo cuento árabe explica que un camello puede resistir hasta un
límite preciso de peso y que al llegar a ese límite bastara una sola paja más
para quebrar el espinazo del animal.
¿Qué será el
equivalente de la paja que quiebre definitivamente la paciencia de los ciudadanos…
al Sol
Trapitos… al sol
Dado en avance de la
política y de los políticos en el país, ha llegado el momento de comentar temas
que antes no podían ser tocados dentro de la “cortina” de nopal por su
proclividad al “denanismo” y al pensamiento parroquial. Así que aprovechando la
porosidad de una sociedad más abierta y despatarrada que propone ofertas
clientelares al electorado cretinizado por la usura que debe ampliar la visión
de la política a las corrientes de pensamiento y grupos que han fluido más en
forma directa e indirecta, en la generación de una escuela de pensamiento.

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