22 octubre, 2020

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TRAPITOS… al Sol

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BUSCANDO EN LA BASURA EL “IMPULSO SOCIAL”
                                                           
( Los maestros y los policías)                                   

Por.- Celso Rico Rivera                        

Iniciar una colaboración con malas noticias no es lo
ideal para este escribano, pero el panorama social, económico es difícil en
esta gran ciudad, donde el programa IMPULSO
SOCIAL GUANAJUATO
no llega “a quien más lo necesita”
.
De ahí que, buscar la fuente de alimentos y de
ingresos económicos entre la basura, es para muchas personas sin recursos el
único medio accesible que les ofrece ésta Celayamable, que como guerreros no se
rinden.
Sin ningún tipo de preparación que les ofrezca un
mejor nivel de vida, cientos de personas, hombres, mujeres y niños han
encontrado en los desperdicios que son desechados diariamente en los botes de
basura del Centro Histórico y en los basureros de los mercados públicos, su
principal alimento de vida.
Como casi todos lo sabemos, a partir de los datos que
señalan una desocupación de miles de desempleados que fueron “retirados” de sus
empresas, tienen serias dificultades para la sobrevivencia.
Asi sucedió con Herlinda, quien desde hace ocho años
fue despedida de la fábrica donde laboraba. Su madre enfermó y sus tres hijos
requerían alimento, ropa y educación; gracias a que conocía a un chofer de
camión recolector de basura, supo que en el Mercado de Abastos podía recolectar
los desperdicios que tiran los locatarios de ese mercado en el basurero, “y en
muy buen estado.”…
Ahora cada cuatro o cinco días viene desde su retirada colonia a recolectar fruta,
verdura y hasta ropa –según cuenta-. Aunque, “lo que recojo en las tolvas –el
contenedor de basura-, lo utilizo únicamente para darles de comer a mis hijos y
a mi madre enferma, la ropa la vendo en los tianguis y con eso puedo brindar a
mis pequeños la oportunidad de que asistan a la escuela”.
Mientras Herlinda relata sus experiencias en los
basureros, llena la cubeta con papas, calabazas, jitomates, brócoli,
zanahorias, jícamas, cilantro, espinacas, limones y de esos días que la suerte
le sonríe, hasta paquetes de salchichas y barras de jamón.
Herli, como le dicen los trabajadores del lugar,
comentó que en el tiempo que tiene de mantenerse s de desperdicios, sus niños no
se han enfermado. “Diosito es muy grande, y a mí no me da pena buscar y comer
desperdicios, porque con eso subsisto y alimento a mi familia”.
Casos como el de Herlinda en esta ciudad hay miles.
Hace algunos años el gobierno anunció que el Mercado de Abastos saldría de la
ciudad. “No sabemos cuánto tiempo más tendremos nuestro basurero, pero mientras
tanto debemos trabajar duro”. La mayoría de las personas que se encuentran en
el Mercado de Abastos, tienen entre sesenta y setenta años de edad, y por eso
nadie les da trabajo”.
A su vez, en el Mercado de Abastos, familias completas
van a las tolvas a buscar que comer. Desde muy temprano (cinco de la mañana) y
hasta muy tarde, la güerita López trabaja juntando los envases de plástico para
venderlos por kilo en los acopios recolectores de plásticos. Cuando tienen
hambre sólo se acercan a los botes de basura a buscar algo para comer.
Ella, al igual que muchas mujeres y hombres que van a
los basureros tienen mucha familia, algunas madres solteras que en el  lugar donde viven son casuchas de láminas de
cartóny espacios muy reducidos. “Apenas si cabemos mis hijos y yo, no tenemos
muebles, dormimos en el suelo y cuando llueve le ponemos la tablita o la
piedrita a las láminas para no mojarnos”.
Me queda claro que la desigualdad social sigue siendo
uno de los mayores desafíos. En la cacareada lucha contra la pobreza no se
notan los avances de que se habla en el programa llamado IMPULSO SOCIAL
GUANAJUATO, “a quien más lo necesita”.
Del mismo tenor anda (es un decir) Desarrollo Social
en este municipio, donde su dirigente Antonio Rodríguez Alvarado anda (este no
es un decir) en campaña política para el dos mil dieciocho, todos lo saben y lo
que dicen: quiere ser sucesor de Ramos Lemus Muñoz Ledo en la alcaldía
celayense.
Lo anterior obstaculiza el sano desenvolvimiento
social; que impide que no pocos ciudadanos tengan acceso a los niveles mínimos
de bienestar, pues carecen de uno o varios servicios de agua potable, vivienda
digna, educación, alimentación adecuada, atención médica y empleo… al Sol
Y a otra cosa en:
TRAPITOS… al Sol

Con idéntica extracción social, los maestros de la
educación básica y los policías de uniforme, son los trabajadores al servicio
del Estado peor pagados. Nuestra gendarmería es la de hasta mero abajo en
calidad de vida laboral. Y aún más, la gendarmería la más olvidada, porque es
un trabajador –junto con los bomberos- que en cada misión laboral arriesga la
vida.
¿Cuál es la simbiosis entre el magisterio y la policía
uniformada? Una sola: a ellos confiamos lo mejor de la vida. A los maestros les
entregamos corazón y cerebro de las nuevas generaciones. Cada uno de nosotros
llevamos en lo más enternecido del espíritu, los pedacitos de recuerdos más
emotivos e inolvidables de nuestros maestros. Y uno o una principal. Cuya
ejemplaridad y ternura nos guía toda la vida.
Ese maestro comprobó lo que nuestros padres nos
repetían, y, cuya explicación pedagógica elevó la calidad moral de las
enseñanzas de nuestros hogares.
En la cuestión de la policía de uniforme, lo esencial
es la capacitación a fondo. Primero la técnica y de autodefensa personal.
Nuestros policías no saben defenderse hasta agobiar el delincuente, solamente
empleando sus manos y cuerpo. Un verdadero policía uniformado debe estar
preparado para anular a cualquier presunto delincuente. Sin embargo existe
desidia e impunidad, porque nuestros policías saben que no vale la pena
arriesgar su vida en cada operativo, sabiendo que atrás de ellos no hay
respaldo real por invalidez u orfandad de su familia.
Los agobios de temor que a últimas fechas hemos
padecido de cómo asesina a un policía. En este sentido el estado está perdiendo
batallas de educación y seguridad. Por qué a los policías de todas clases, el
estado (que es el pueblo) confía la seguridad interior. Los hemos olvidado y
descuidado. Para los policías no hay incentivos ni de escalafón certeza
inclusive en el empleo.
Es idéntico lo que sucede al interior de estos dos
gremios de servidores públicos. Los sueldos policiacos no solamente debieran ir
acordes con su valentía personal al aprehender a un mayor número de presuntos
delincuentes reales –no como hoy hacen- muchachitos primo delincuentes para
abultar estadísticas de antipoliciacos jefecillos corruptos sino en que estén
saneados al interior de las corporaciones, porque cada policía cuida su trabajo
con esmero, ética, profesionalismo y orgullo de serlo.

En general tanto maestros como policías no pueden
andar mejor vestidos porque el sueldo no alcanzar para más. Porque los equipos
para cuidar vidas y patrimonios de los ciudadanos son obsoletos –igual adentro
de las escuelas sin equipamiento-, los delincuentes están mejor armados con
armas “mata policías”, y, cuentan con el factor sorpresa, códigos de las mafias
e infiltración corporativa. El policía ha perdido el espíritu de cuerpo. El
maestro ha perdido la garantía íntima del reconocimiento de las comunidades
escolares… al Sol.

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