TRAPITOS… al Sol.

General
Lo que aquí cuento no es cuento
 (la corrupción
y el PRI)
                                   
Por. Celso Rico Rivera
Hace unos días –me dicen- un periódico de la localidad
publicó un artículo o nota informativa, que yo no leí, sobre la inseguridad en
los taxis de la ciudad de Celaya, y hace unos días unos amigos se encargaron de
comentármelo muy impresionados…
Ellos han visitado varias veces nuestra Muy Noble y
Leal ciudad de Celaya y, por supuesto, han subido a nuestros taxis, pero hasta
ahora siempre han llegado a sus destinos “casi” sin novedad. Y si digo casi es
porque ya están resignados a que les cobren el doble o triple de pasaje por
dejada.
Como sé que tienen una suerte increíble para librarse
de los asaltos, luego de haber escuchado su descripción de lo que leyeron en el
aludido periódico local, decidí calmar sus temores de volver a Celaya el
próximo verano explicándoles: “yo, que no tengo una suerte tan buena como la de
ustedes, de tres primeros intentos de asalto hasta ahora sólo una vez han
logrado salirse con la suya, y aun así no me golpearon ni me acuchillaron ni me
balearon, nomás me quitaron todo el dinero y me bajaron del coche en una
madrugada sano y salvo. ¿No es increíble?
Y para infundirles aún más confianza les recomendé:
nunca lleven mucho dinero, sólo el necesario para gastar o para que, si la
suerte los abandona, su asaltante encuentre aunque sea algo, porque si no todo
puede terminar muy mal.
Pero estos comentarios, que entre nosotros son
prácticos consejos de seguridad pública, en oídos de primer mundo suenan a
skech de los Adams o a amenaza siniestra.
Mis amigos creyeron al principio que era chiste, pero
luego tomaron en serio mis palabras, y en vez de sentirse listos para venir
nuevamente a nuestro territorio Otomí, esa misma noche decidieron que el
próximo verano mejor visitarán a una tía diabética que vive en Estados Unidos.
Los remordimientos por haber promovido nuestra ciudad
tan desastrosamente me duraron poco. Se esfumaron cuando compré un periódico en
la Central de Autobuses y me enteré de dos ejecuciones, una Doble Ejecución,
entre otros delitos de asaltos…
No es la primera vez que alguien es asesinado, ni es
la primera vez que algunos hayan sido asaltados; ni será la primera vez que los
hampones salgan libres por la incompetencia de los agentes del Ministerio
Público, y no es la primera vez que un juez da una resolución rapidísima a
favor de alguien del que si bien no se ha comprobado formalmente su
culpabilidad, es muy probable que la tenga.
Evidentemente la increíble estupidez que ha emergido
como consecuencia de los recién ejecutados no es una excepción, es más bien la
regla natural. Lo malo en estos casos, es que no todos tengamos una tía
diabética en los Estados Unidos que nos permita huir de nuestros activísimos
delincuentes y de nuestros infames operativos de Seguridad Pública. Al mal
tiempo, buena cara, dice el refrán. Y si esto no es posible, por lo menos hay
que intentarlo.
Por muchas razones los celayenses tenemos la piel muy
sensible en los días que corren. Y si algo faltara, la corrupción en
dependencias del gobierno, que de acuerdo a una encuesta aumentó en el pasado
sexenio y se mantiene vigente.
La corrupción, este flagelo que llegó con los
españoles, y que se quedó para siempre entre nosotros, básicamente entre los
políticos, ha llegado a tal grado, que si no se asume una actitud combativa en
aquellos que la cometen, la sociedad civil encontrará –ya lo está haciendo- los
instrumentos adecuados para hacerlo y rebasar a todos los políticos y sus
partidos y a las propias autoridades, que han demostrado su ineficiencia para
enfrentar esta realidad incontrovertible.
Indigna observar tanta corrupción en algunos
funcionarios públicos y políticos que no tienen una ética política, que
aprovechando el puesto en la administración hacen negocios sucios en contra del
ciudadano que lo puso en el cargo y que se dice representar. Pero eso no es
todo, sino que en un viaje que realizó a México se gastó tres millones de
pesos, dinero que no es de él, sino del pueblo.
Por eso indigna más, que los celayenses, sobre todo
los que pagamos impuestos, estemos 
manteniendo a tantos corruptos que con el
pretexto de tener un buen padrino, se les entreguen millones y millones de
pesos para que realicen sus actividades propias a sus encargos públicos.
Pero por los visto, muchos funcionarios utilizan esos
recursos para comprar residencias y ranchos, comer en los mejores restaurantes
y darse vida de reyes. La ética del comportamiento político califica o adjetiva
los actos humanos y, en especial, la justificación moral de la conducta de un
funcionario. Ideales y valores se conjugan para producir la conducta errónea,
pues frente a esta apotegma, surgen los intereses materiales que llevan a los
hombres públicos a cometer, no sólo actos de corrupción, sino a veces hasta la
muerte…
Cada día que se acerca más para que el partido Acción
Nacional escoja al hombre que lo abandere en busca de la presidencia de la
República el nombre que mucho se menciona, es conocido por la mayoría de los guanajuatenses:
se llama Miguel Márquez Márquez, de quien se asegura que ya “anda en
campaña”…al Sol.
TRAPITOS… al Sol.
Los tiempos cambian. Ya no es novedad que quien ayer
rompió lanzas a favor de fulano o zutano, hoy se lance a la yugular. Son
tiempos electorales, amable lector, en los que la efervescencia política crece,
se enrarece el ambiente y todo se vuelve un escenario de confrontaciones, pues
dicen los enterados que es muy triste y desilusionante, ver que entre los
propios correligionarios de un partido llamado PRI, se llamen mentirosos,
fraudulentos, traidores y se den hasta con la cubeta. Eso nos habla de que no
existen convicciones o valores, sólo conveniencia personal y amistad (amigos)
circunstanciales.
Lo grave estriba en que, en este periodo de cambios
políticos, el PRI se ha vuelto un partido en destierro. Las inmanejables pugnas
internas han conducido a la sustitución anual, prácticamente, de su dirigente
estatal. En los últimos tiempos, no ha habido dirigente de Comité Estatal que
pueda hacerse reconocer por el colectivo ni imponer su autoridad. La capacidad
de mantener la cohesión y coherencia se ha ido agotando y la conflictividad
interna se agudiza entre más se acercan los tiempos de elección.
La crisis del régimen Peña Nieto es más aguda y
dolorosa de lo que los más acérrimos del sistema del otrora partido único hayan
podido prever o imaginar. Al acoso que viene de todas partes, la administración
del presidente EPN tiene que sumársele la desaparición del tricolor. Como en un
guión melodramático, en el que todas las adversidades llegan juntas, el
gobierno priista padece los embates de todo tipo. Décadas de autoritarismo e
impunidad acostumbraron a la élite gobernante a proceder sin guardar las
formas, con cinismo y a puertas abiertas Hoy el capital político del gobierno
de Enrique Peña Nieto se va mermando cotidianamente. Es triste reconocerlo: lo
sigue el PRI… al Sol.

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