30 octubre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Trapitos…..al sol

5 minutos de lectura
(?) II  
 
 Celso Rico Rivera

(de coladeras
abiertas, baches y zanjas, amablemente solicitan a don Ram
ón sea
responsable)
Cuando
el hombre sale,
sale
de su familia,
temprano,
persiguiendo
amasando
en la lucha el pan primero;
limpiando
el alimento,
todo
el lazo de sangre primitiva
que le
ha legado el abuelo.
Y a su
regreso
se
traga la noticia
del
asalto a su casa
que le
han secuestrado
que le
han matado la luna del armario
y
entonces se detiene y piensa.
Comprende
que un pañuelo
es lo
mas rid
ículo para los sufrimientos.
Que
hay que afilar el hierro
Y
aprender a meterlo…
Olvidarse
del gobierno
Que
nada le ha resuelto.
Se
acabaron los domingos,
han
subido de precio las sonrisas.
Quiere
otra cosa el ojo
no
nada m
ás mirar.
Hoy es
mejor el ojo de un arma,
una
pistola;
se
acabaron los ojos para el Internet
los
necesita más la puntería.
Duele,
es que duele el dolor
saber
que entre sus d
ías
hay
horarios de llanto,
que
entre sus pantalones
suda
el sudor de su paso
oculto
porque mata al mostrarlo;
sudor
de luchar tanto
entre
la ropa sucia,
llorada
de mirar a la sangre
atada
al coraz
ón que late y que trabaja
para
la ropa limpia de otra casa.
Ya no
hay carne en el cuerpo
ya no
hay sueño en los sueños.
El
hombre sale, sale de su familia
temprano
con un
blanco moño al pecho adherido.
Y se
ha puesto a caminar
por el
asfalto
de
ninguna manera en silencio.
Decir orondo y festivo que ésta “no es una ciudad
violenta”.
¿A qué tipo de conducta humana, a qué matiz de la
transgresión –que eso es en el fondo la violencia-, se puede uno referir cuando
habla de que hoy no hubo ninguna persona asesinada.
Quizá para todos sea un alivio, excepto para los
familiares de esos dos, ninguno de los cuales resulta por lo visto, amigo o
pariente de quienes elaboran esa forma tecnificada del engaño que se llama
estadística.
Desde hace tiempo, en especial cuando se juzga el
desempeño de una autoridad por sus resultados, ésta trata por todos los medios
de la propaganda, que no de la información, de persuadir a los ciudadanos del
notorio y enorme avance de sus desempeños, no porque éstos sean garantía del orden
social que los ciudadanos requieren, sino debido a la insufrible congoja de
perder la aceptación y con ella la cercanía a la mina de oro que es El Poder.
La ciudad se asombra con un doble “atentado” u
homicidio en plena luz del día, matan a tiros a “una mujer policía”. El
gobierno contesta diciendo que no se trata de un problema de la ciudad, “sino
de un caso muy personal por lo demás”, que la ciudad vive en plena
tranquilidad.
A partir de eso las páginas de los diarios se
llenan de rojo profundo y uno se pregunta si la población, de cualquier tamaño,
en la que los grupos delincuenciales –el organizado y del narcotráfico arreglan
sus cobranzas a tiros y se llevan por delante a ciudadanos inocentes, es el
paradigma de la no violencia.
Tan es ésta una ciudad violenta, extremadamente
violenta, que hay páginas en la guía telefónica, de empresas que ofrecen
servicios de seguridad a quien quiera hacerse de un blindaje para automóvil,
una alarma y algunos otros usos de la tecnología.
Eso no se ofrecería si no hubiera una clientela que
lo demanda y lo sostiene.
Y algo más llama a preocupación: creer que el
homicidio es la única expresión de la violencia.
Habrá que ver en ese mismo y blanco día del que se
nos habla “no pasa nada” con emocionado tono un señor Gobernador, cuántas
mujeres fueron violentadas, cuántos niños golpeados, cuántos autos se robaron,
y cuántas casas habitación también; cuanta mercancía llegó al mercado o a los
tianguis de lo hurtado al tren.
Habría que saber si los vendedores ambulantes y del
transporte público son “propietarios de las vialidades”. Cuantas invasiones a
los predios.
Y así, en el negro catálogo de la conducta humana
el homicidio no es el único delito, y toda transgresión es en sí misma un hecho
violento, porque irrumpe en el orden natural de las cosas. El mal siempre lo
es.
Nadie podrá decir que un día sin que se haya sabido
de un asesinato en esta ciudad, es un dato sin importancia; la tiene, y mucha.
El error fue extender de este dato a todo un conjunto de cuestiones,
generalizar de la parte al todo no siempre es sensato, y más en asuntos de
tanta susceptibilidad social.
La estadística
se usa en esta ocasión más que para agradarse que para demostrar hechos
sociales.
Son también
estos errores causados por la incontinencia verbal: quien habla mucho, se
equivoca mucho, así sea para decir ocurrencias chistosas. Eso mismo nos podría
llevar a una absurda reducción: el día que se cometen tres homicidios o dos o
cuatro, entonces ya seremos de nuevo una ciudad violenta…. al sol
TRAPITOS…..al sol
Es evidente que
en nuestra ciudad no ha sido aceptado el principio de la responsabilidad del
municipio bajo diversos argumentos que no tienen ninguna lógica y que pueden
resumirse en que el gobierno no tiene partida presupuestal correspondiente para
pagar los daños y perjuicios, lo cual se traduce en que los funcionarios y
empleados puedan actuar con total impunidad sin importarles las consecuencias
de sus hechos u omisiones.
Es por ello que
consideramos necesario que el gobierno de la ciudad “amable” establezca , en
forma clara, su obligación de pagar a los ciudadanos  los daños y perjuicios que les ocasionan, las
acciones u omisiones de sus empleados y funcionarios estableciendo un
procedimiento sencillo mediante el cual el ciudadano demuestra ante la
Contraloría del municipio de Celaya, en forma ágil y sin formalismos, la
conducta o falta que le causó un perjuicio material, así como la cuantificación
económica  previéndose esto en el
Presupuesto de Egresos del ejercicio correspondiente.
    Quienes habitamos en la Celayamable,
observamos la infinidad de obras públicas que se realizaron y realiza en
diversas calles sin existir los señalamientos adecuados, exponiendo
constantemente a la ciudadanía a graves accidentes, por lo que de establecerse
dicha obligación este panorama cambiaria inmediatamente dejando de existir
coladeras abiertas, baches, zanjas u otros obstáculos que diariamente tenemos
que sortear.
     Si la ciudad es amable debemos de exigir
“amablemente” al ingeniero Ramón Lemus Muñoz Ledo que aprenda a
responsabilizarse de sus acciones y las de sus funcionarios para que demuestres
que están para servir y actuar en favor de los habitantes de la ciudad de
celayamable. Con pena –me dice un lector- tenemos que señalar que en la
administración de don Ramón, tiene la misma mentalidad de sus antecesores al no
querer responsabilizarse de nada….al sol.

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