Sáb. Sep 26th, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Trapitos…al Sol

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Altar
Dedicado Al “Churro” Vélez

(negligencia
en instituciones de salud)  
             
       
Por.-
Celso Rico Rivera
En recuerdo de un hombre que vivió en las
letras del periodismo crítico. José C. Vélez Villa andará haciendo de las suyas
en el más allá, enamorando ángeles y metiéndoles carrilla a los demonios políticos; al fin y al cabo tuvo buen
entrenamiento en el mundo de la carne, donde se dijo marginal, pero no dejaba
de reírse de todo… hasta de sí mismo.
¡Ah qué Churro tan vacilador! Con sus ojos saltones rojizos, ofreciendo
siempre un chascarrillo en su churrograma,
de negrísimo sentido del humor y su ejemplo de dignidad. De seguro que ya
andará de cantina en cantina buscando personajes en las veredas de ese otro
mundo a donde pasan las esencias, espíritus, almas o como sea que les diga a
eso que se es y no desaparece nunca.
Andará de “gorra” en “gorra” (como él le
llamaba a los eventos políticos y reuniones sociales), acompañado de los amigos
que acostumbraba visitar, Casimiro, Leonel, Carlitos o con Chucho Zárate o se
asomará a la tierra, para reírse de los seres humanos que se ponen de pie unos
a otros en los vericuetos de la burocracia y el poder. O acaso será un
espectador afable de las creaciones nobles de los hombres y mujeres que dedican
su tiempo en mostrar mundos de oprimidos.
¿Será también un hombre marginal como lo
fue en la tierra, en el más allá? ¿Se habrá convertido en ángel de la guarda de
los bebedores empedernidos que no
pelan las instituciones? ¿Habrá embrujos para que todo les salga bien? Andará
hoy su alma liberada por las redacciones de periódicos, visitando amigos, Paco
Jaramillo “Baloncito”, a don Jesús “Chucho” Márquez en el Informador; a don
Enrique Jiménez, Cronista de Celaya; a don Manuel Amate Mares, “El Gol Azul”,
deportivo o en La Fraternal con José Murias y Víctor Moreno…
¿Disfrutando las viandas que en su honor se
hayan puesto? ¿Se irá a poner una guarapeta? ¿Se llenará de pan, de dulce de
calabaza, de olor a incienso? ¿Se divertirá haciéndole travesuras a doña
Abigaíl y otras damas, a los que hoy lo recuerdan? ¿Visitará a sus compadres?
¿Se construirá una corona con flores de cempasúchil? O con las otras “coronas”
nos dirá por ello:
“Ya me llegó la tristeza,
me pegó la nostalgia
por aquella “Tierra Mía”
volcán de amor y grandeza.
Y pa’ callar un suspiro
o por la pena que llegue:
Ahora que, ¿me pegó un tiro?
No… mejor me tiro un pegue…”

El churro Vélez sabía de su muerte y la
aceptaba con dignidad y regocijo. Acudió a un homenaje que se le hizo en vida,
en Casa de la Cultura de Celaya, gracias al empeño de sus amigos y compañeros
periodistas. Se despidió de este mundo, del periodismo. Seguro que ya estará
acompañando a los que como él hicieron del quehacer periodístico su pasión: con
don Chucho Márquez. Y Carlitos Ascencio. Y andará de juerga con Bernardo
Moncada, Leonel Arroyo y Juvenal Solís.
Para José C. Vélez Villa hoy una ofrenda
del periodismo crítico, con olor a cempasúchil, a Pan de Muerto, a Mole, a
Tequila, a Tamales, a Incienso. ¡Bienvenidos a la Fiesta! …al Sol.
TRAPITOS…al Sol

Quiero hacer referencia a la absoluta
negligencia médica hospitalaria y antisocial que padecen una infinidad de
derechohabientes del ISSSTE. A parecer tiene relación con el comportamiento
femenino quizás, no que le permite escuchar más tiempo al paciente, explicar
con mayor calma algunas indicaciones y, hasta cierta amabilidad que, a estas
alturas ya viene a ser una conducta exótica, entre galenos y galenas.
El caso es que merece la atención
investigar qué ocurre en las instituciones de salud pública, sobre todo ahora
que una mayor parte de los estudiantes de la carrera de medicina lo conforman
las mujeres. Pero también porque el notable deterioro en la calidad de la
atención tiene tantos aspectos a ser investigados que valdría la pena ahondar
en cuentas de ellos se sospechen.
Es un hecho que la calidad de la atención
médica tiene íntima relación con la calidad de vida de los ciudadanos, por lo
mismo, hay que transformar esa práctica nefasta que tanto deterioro ha causado.
Sorprende, asimismo la escasa cultura general, si no es que nula, que tiene la
mayoría de los integrantes de las nuevas generaciones (los de antaño no “cantan
mal las rancheras”) y así es imposible integrar el conocimiento de anatomía,
fisiología y todas las materias propias de la carrera de medicina, si no existe
una vasta información de todo lo que acontece al ser humano: sus inquietudes políticas
y sociales, su economía y, desde luego, todo lo concerniente a la creatividad.
La cultura de los estudiantes de medicina
es tan raquítica, que seguramente esa diferenciación por género y mejor
atención a los pacientes, muy probablemente no será significativa en nuestra
ciudad. Impresiona la escases cultural dentro de las instituciones, peor aún en
facultades íntimamente ligadas con la salud: odontología, química, medicina,
psicología, pero inclusive para el personal 
administrativo quienes sufren,
además, de otros males, de extrañas sensaciones, tales como el sentimiento de
“exquisitez” por el simple hecho de ser integrantes de ese Instituto de
Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), como si
esa pertenencia otorgara una especial calidad como seres humanos.
La práctica cotidiana ha demostrado fe
pacientemente que no es así, inclusive que el género femenino establece
relaciones de competitividad y quienes detengan puestos de mayor poder (por
pequeño que éste sea) derrochan prepotencia y despotismo, el característico de
toda organización autoritaria tan semejante al poder político que se ha vivido
hace ya varias décadas.
Urge un cambio de actitud de esa extraña
mezcla del personal en donde se confunden viejos izquierdistas (a veces más o
igual de temibles que los de la nefasta derecha) con aquellos que padecen de
obnubilación, y si bien poseen vasta información y sólidos conocimientos,
distan mucho de la exquisitez, del trato cortés y educado o del respeto a la
diversidad del ser humano. Así pues, para incidir positivamente en la calidad
de la práctica medida, hay que ahondar entre las actitudes de los que ejercen
su profesión directamente con los pacientes, con los formadores de nuevas
generaciones (directa o indirectamente).
La tarea no se antoja sencilla, el cambio
de actitudes es uno de los fenómenos más complicados (dicen y yo lo creo) en el
ejercicio de la vida y mientras predomine el hostigamiento entre ellos mismos y
el despotismo como una común relación de trabajo con los pacientes, poco podrá
modificarse. La mayoría de las instituciones de salud son una clara muestra de
lo que digo… al Sol.

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