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Insensatez

Héctor
Gómez De La Cortina Guerrero
Me sigue pareciendo
inverosímil que aún no haya iniciado formalmente su sexenio y López Obrador ya
esté generando desconfianza y desazón con decisiones erráticas, carentes del
más mínimo sentido común. Las consecuencias en el corto plazo por la
cancelación del NAIM fueron evidentes. El peso se depreció y las calificadoras
castigaron a nuestro país; el sector empresarial condenó la determinación y se
dijeron engañados. El torbellino y los dimes y diretes podrán pasar, pero las
consecuencias futuras son tremendamente negativas.
He leído a algunos
analistas que comentan que cancelar la obra del nuevo aeropuerto es una
decisión meramente política que les manda un duro mensaje a los empresarios.
López Obrador estaría entonces pintando su raya y advirtiendo que las cosas han
cambiado. Ese sería su estilo personal de gobernar, tal y como lo escribió hace
varias décadas, Daniel Cossío Villegas. Sin embargo, ¿no podría haber mandado
ese mismo mensaje continuando con la obra pero revisándola con lupa? ¿No
hubiera sido mucho mejor para su imagen, no solo nacional sino también en el
exterior, que hubiera perseguido la corrupción que dice haber encontrado en los
contratos? ¿Por qué si dijo que la obra estaba salpicada por la corrupción,
ofrece contratos a los mismos hombres de negocios pero ahora en Santa Lucía? No
puedo comprender tanta sin razón en alguien que quiere refundar al país
distinguiéndose por su austeridad pero cuyas determinaciones pueden resultar
mucho más costosas que la corrupción que dice combatir.
El rostro de Alfonso Romo
durante la conferencia de prensa que ofreció AMLO lo decía todo. Se le notaba
incómodo, incluso molesto. Había trascendido que Romo aseguró a los empresarios
la continuación del NAIM, ¿cómo podrán confiar en él ahora? ¿Dónde demonios
está Carlos Urzúa, el próximo secretario de Hacienda? ¿Qué pensará Marcelo
Ebrard u Olga Sánchez Cordero? Los moderados en el equipo de AMLO no pueden
avalar semejante ocurrencia. MITRE publicó hace unos días que los estudios para
la viabilidad de Santa Lucía tardarían alrededor de diez años. No se sabe
siquiera el impacto ambiental de la obra en ese lugar. Para como van las cosas,
lo de Santa Lucía será solo una mala broma, una ocurrencia.
Y por favor, cómo puede
ser posible que alguien en su sano juicio defienda la dichosa consulta popular.
Dicen los despistados que hubo fallas, que hubo desorganización, pero que es
encomiable que se nos haya tomado en cuenta. Aducen con orgullo que nunca nos
preguntaron sobre el dinero del FOBAPROA o el de la llamada Estafa Maestra y
que ahora, casi casi debemos agradecer al gran líder su disposición para
escuchar a la ciudadanía, ¡por favor!, no olvidemos que solo se trató de un
circo para legitimar una decisión ya tomada y que la consulta es un insulto a
la inteligencia de los mexicanos.
Hasta ahora ha privado la
insensatez y lo que nos espera.
Twitter: @gomez_cortina

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