Triunfo de Trump, producto del hartazgo ciudadano

General
Pir.- Miguel Alonso Raya
El triunfo del candidato republicano Donald Trump, es
producto del hartazgo ciudadano contra una clase política tradicional que se ha
reflejado en otros resultados recientes como la decisión de los ingleses de
abandonar la Unión Europea (Brexit), la oposición al acuerdo de paz en
Colombia, y el voto que castigó a gobiernos corruptos e ineficientes en las
elecciones del 5 de junio en México.
Este es un fenómeno al que ni autoridades ni partidos le
están poniendo atención y que las propias casas encuestadoras no lograron
percibir porque fueron incapaces de medir el impacto del voto oculto que le dio
el triunfo a Trump. Todavía el lunes, las mediciones colocaban a Hillary
Clinton con 4 puntos de ventaja.
Los grandes medios de comunicación norteamericanos también
erraron en sus pronósticos. El equívoco fue de tal dimensión que todavía en las
primeras horas del día de las elecciones, otorgaban un 80 por ciento de
posibilidades a Hillary de obtener el triunfo.
Lo que sucedió en Estados Unidos tiene que ver con la
insatisfacción de los votantes que buscan romper inercias. Si bien los
resultados expresan una sociedad muy dividida, lo cierto es que al final de
cuentas terminó ganando quien menos se esperaba.
La gente votó por un cambio encarnado en un personaje no
vinculado a los grupos que han gobernado durante décadas Estados Unidos. Aunque
Trump fue candidato del Partido Republicano, su actividad había sido más
empresarial y su participación partidista no había sido relevante. Tan es así
que, cuando el ahora presidente electo anunció su aspiración a la presidencia,
sus detractores de dentro y fuera no le dieron importancia y a la luz de los
resultados, esto fue un error grave.
Primero, nadie creía que podría tener posibilidades de ganar
las elecciones internas, y lo hizo; después, superó la crisis provocada por sus
dichos racistas y sexistas, durante la cual varios integrantes destacados de su
partido le retiraron su apoyo; luego, nadie apostaba a que pudiera ganar el 8
de noviembre y la realidad es que triunfó holgadamente.
En este contexto, es importante resaltar que grandes
segmentos de la población estadounidense se encuentran en una situación económica
crítica, el impacto de la crisis financiera de 2008 fue desgarradora para
muchos.
Estados Unidos ha perdido hegemonía en el ámbito mundial
frente a otras naciones, si bien creció la economía no se generaron el
suficiente número de empleos. La mayor carga fiscal la llevan los ciudadanos,
en tanto que a las grandes empresas, a pesar de sus enormes ganancias, se les
condonan impuestos. A esto hay que sumar la inconformidad por la concentración
de la riqueza y el aumento de la desigualdad.
Esta situación generó una gran molestia contra la clase
política tradicional y ello fue bien interpretada por Trump, quien como parte
central de su campaña acusó a Hillary de ser parte del statu quo, y acertó.
La realidad es que será el próximo presidente de Estados
Unidos y el gobierno de nuestro país tiene que empezar a tomar en serio las
consecuencias que podrían traer, en caso de ponerlas en práctica, las acciones
que prometió en su campaña.
De hecho, algunas de ellas ya tienen consecuencias.
La xenofobia, el racismo, los insultos contra los mexicanos
que Trump enarboló ya se están materializando, como las agresiones verbales en
las escuelas contra niños descendientes de hispanos y el desfile que llevará a
cabo el violento grupo racista Ku Klux Klan para celebrar el triunfo del
republicano.
La relación bilateral también resultaría afectada si cumple
sus amagos como ampliar el muro fronterizo, revisar el Tratado de Libre
Comercio (TLC), deportar masivamente a indocumentados mexicanos, que se
calculan en 11 millones; y frenar las remesas a México, en caso de que éste se
niegue a pagar el muro, que en este momento suman 27,000 millones de dólares.
El problema es que nuestro país no está preparado para este
escenario porque no se ha fortalecido la economía interna y nunca se atendieron
los efectos nocivos del TLC.
Pese a que algunas empresas nacionales resultaron
beneficiadas con el libre comercio, particularmente las exportadoras; muchas
otras, pequeñas y medianas, fueron perjudicadas y varios sectores productivos
están en crisis porque no reciben el apoyo oficial necesario para enfrentar la
dura, y en algunos casos desleal, competencia que implicó el acuerdo comercial.
Respecto a Guanajuato, el gobierno tiene que poner
particular atención a todo esto, entre otras razones porque es una de las
cuatro entidades con el mayor número de migrantes en Estados Unidos y es el
segundo destino nacional de remesas. En 2015 las familias guanajuatenses
recibieron un total de 2 mil 262.2 millones de dólares por este concepto.
De hecho, el estado ocupa el tercer lugar nacional por la
cantidad de deportados que ya recibe de Estados Unidos, lo que se podría
agravar.
Por otra parte, la economía local se verá impactada por la
inestabilidad del dólar, en virtud de que la mayoría de las empresas que han
llegado, armadoras y refaccionarias, entre otras, importan su materia prima.
Es necesario tomar con seriedad las consecuencias de una
política como la que plantea Trump, lo que implica que las autoridades
guanajuatenses deben salir de la situación de confort en que se encuentran y
reconocer con mayor claridad a lo que nos estamos enfrentando.
Se requiere tomar medidas urgentes para reducir los índices
de pobreza en la entidad, crear empleos de calidad, con salarios dignos y más
prestaciones, dejar de proteger a los patrones y sindicatos blancos que
perjudican a los trabajadores. Combatir con eficacia la inseguridad, violencia
y asesinatos, entre otras.
La situación que viven los guanajuatenses es mucho más
delicada de lo que el gobierno local quiere aceptar, lo que se podría complicar
con lo que acaba de suceder en Estados Unidos y por las consecuencias que
acarrearía para todo el país, especialmente para los estados expulsores de
migrantes.

Si el grupo gobernante a nivel nacional y de Guanajuato
siguen siendo insensibles frente a los graves problemas, los ciudadanos les
pueden cobrar factura, y muy caro, en las próximas contiendas electorales. Los
partidos deben hacer una revisión autocrítica de su actuación y compromiso real
con la sociedad o la terca realidad puede imponerse y provocar severos reveses.

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