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Trinchera Ciudadana
Héctor
Gómez De La Cortina Guerrero
Se ha cumplido apenas un
mes desde que Andrés Manuel López Obrador rindió protesta como presidente de la
República. Desde su triunfo en julio pasado, poco a poco fue acaparando la
atención mediática y el presidente Peña Nieto parecía haber renunciado a las
apariciones públicas, consciente del descontento generalizado con su
administración y de que el poder se le estaba yendo de las manos.
López Obrador inició,
incluso antes de asumir formalmente su cargo, a tambor batiente. Conocíamos antes
de su victoria a quienes ocuparían las principales secretarias en su gobierno.
A su movimiento se le sumaron izquierdistas, derechistas, priistas, panistas,
evangelistas, salinistas, zedillistas, perredistas y todo lo que sirviera para
llevarlo al triunfo. Poco le importaron las críticas por el oscuro pasado de
ciertos individuos o por su repentina conversión. Los sumó a todos.
AMLO ya gobierna y lo
hace, como lo mencionó hace poco José Antonio Crespo, con el simbolismo. Al
presidente le importa poco que tal o cual acción sea costosa o inútil con tal
de que impere el simbolismo. Costará más caro cancelar el aeropuerto que
continuar con su construcción pero manda el mensaje de que no se puede tener un
aeropuerto de primer mundo en un país con tantos pobres; renuncia al avión
presidencial aunque nuestro país continuará pagando su arrendamiento, pero
envía el mensaje de que él es un ciudadano más, dispuesto a llevar su maleta y
hacer fila, como todos, antes de ingresar a un vuelo; renuncia a vivir en Los
Pinos y lo abre al público como “museo”; la medida es de poca utilidad pero lo
acerca con la gente que veía imposible ingresar algún día a la residencia
oficial.
Obrador prometió una y
otra vez que regresaría al Ejército a los cuarteles “porque había sido
utilizado para reprimir al pueblo”. Criticó ferozmente la Ley de Seguridad
Interior y acusó al gobierno de su antecesor de querer militarizar el país. Sin
embargo, como presidente creará una Guardia Nacional compuesta por policías y
militares que estará bajo el mando del secretario de la Defensa, o sea,
militarizará el país pero le pondrá otro nombre y su alianza de partidos
modificará la constitución para darle legitimidad a su propuesta.
Obrador ordena el cierre
de los ductos de PEMEX para combatir el Huachicol, propósito loable, pero lo
hace sin un análisis previo y sin un estudio que hubiera reducido el impacto
por el desabasto que hoy padecen varias entidades federativas.
Ha decidido la
construcción de un tren maya que supuestamente detonará el turismo en el
sureste, pero no hay estudio de impacto ambiental ni de viabilidad financiera.
AMLO sólo le pidió permiso a la madre tierra y esta última le dijo que sí.
AMLO es irascible,
intolerante con la crítica. No hay periodista que lo confronte o lo rebate que
no reciba su descalificación: fifí, conservador, fascista, canalla. El señor
quiere el aplauso fácil y permanente.
Cobardemente rechaza el
acuerdo de Lima y respalda el régimen asesino de Maduro.
Y lo que nos falta….
Twitter: @gomez_cortina

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