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G. Saúl García Cornejo.

La economía nacional, ciertamente y a la vista, está en crisis. Y la afirmación amloísta, que en forma reciente nos dijo: “Recibo (recibiré) un País en bancarrota” puede resultar redundante a la realidad que todos vivimos –menos los privilegiados como Slim y similares- pero, no simplista en el fondo. Es un tema que preocupa y debe ocupar la búsqueda de soluciones equitativas y por qué no, proporcionales.

La llamada justicia distributiva, es sólo un enunciado que no se concreta en el mundo real. Y ahora con la espada flamígera de la “austeridad republicana” que parece no tener ningún filo, tal vez por ser de fuego, no resuelve el fondo del problema de la economía, que si no está en total “crac”, si presenta un déficit peligroso.

El resultado que está por verse, de la aplicación de los recortes presupuestales, hasta ahora sólo del Poder Legislativo Federal, es un “mejoral” para lo que ya parece un aneurisma social: La precariedad media o extrema de millones de compatriotas.

¿Cuál sería una medida de verdad caustica en contra de la pobreza?

Si la pobreza es extrema -sin perjuicio de que no sea para todos- merece fórmulas extremas. Y el ejemplo es recurrente: El “gasolinazo”. El propio AMLO dijo que los precios de los combustibles irían a la baja. Ahora el tapete es otro: No se podrá a corto plazo, sus voceros nos dicen que al menos el precio se mantendrá otros cuatro años. Lo que abona sin duda, a la mantención de la crisis, aunque se estanque el precio, el efecto es devastador para la economía familiar –y claro, aunque no tengan automóvil quienes sufren la pobreza extrema, si tienen por fuerza y a su alcance limitado, que usar algún tipo de transporte, de comprar bastimentos, etc., en una palabra, también están inmersos y al fondo del mar de la economía nacional y el barco llamado “Nación” aunque “haga agua”, se mueve con cualquiera hidrocarburo. Es decir, “todo se mueve con combustible”

Sin ser perito en economía o en la producción y venta de hidrocarburos, ya he analizado con números reales el asunto del precio de la gasolina, como ustedes han leído en esta columna semanal, estimados lectores; el precio real de la gasolina, oscila entre los 6 y 7 pesos mexicanos, lo demás es pues, “añadidura” que se encamina al “alivio financiero” gubernamental y alimenta  los tiburones que se comen a puños los ingresos de Pemex.

Y decir: La gasolina no puede bajar su precio, porque no puede bajar. Es una afirmación de Perogrullo. Y los mexicanos no estamos para vaciladas como ésa, sino para soluciones diáfanas: Sí se puede bajar el precio de la gasolina y así, mejorar el panorama de nuestra economía, aunque el gobierno, por el contrario verá mermada una de sus fuentes principales, pero el bien mayor somos los mexicanos, no el gobierno.

¿Quién se lo dirá al presidente electo? Viene este lunes a León, en su “gira de agradecimiento”, que por cierto, sí estamos en crisis, resulta un gasto innecesario y más, en el bastión azul. Por lo pronto, abrigo la esperanza de que lea “Voces Laja Bajío”, como buen y esperanzado mexicano.

¿Qué opinan, estimados lectores?

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